La Santa Sábana de Turín
1. Comentario general:
Aunque sea brevemente, como complemento a la contemplación de la vida de Cristo, conviene un comentario a la Sábana Santa de Turín. Recomendaremos, no obstante, para quien tenga interés en profundizar, algún libro especializado como los publicados por el jesuita Jorge Loring. Nosotros añadiremos también el de J. M. Igártua: "El Enigma de la Sábana Santa" editado por "Mensajero". Este autor, prestigioso comentarista de las Sagradas Escrituras, también ha realizado magistralmente un estudio de la Pasión de Cristo a la vista de las huellas de la Sábana Santa.
Conviene saber ante todo, que aunque la Sábana Santa se ha venerado como la mortaja de Jesús desde la época de los Cruzados y se pierde en el tiempo su origen anterior, la verdadera certificación de autenticidad data prácticamente de principios del siglo XX, cuando el fotógrafo Secondo Pia realizó una placa del lienzo. Se observó al examinar el negativo, que la figura que se adivinaba en la sábana aparecía con una claridad desconocida hasta entonces. A partir de este momento se inicia un estudio sistemático, que ha ido aportando cada vez más evidencias de lo que se conocía simplemente por tradición. Después de estas primeras pruebas, las fotografías se han multiplicado, hasta que con las primeras técnicas digitales (fueron realizadas por un equipo de la NASA, utilizando medios que entonces no eran de uso común), se observó que la imagen era a su vez tridimensional.
2. La Pasión de Cristo Según la Sábana Santa
Es el análisis de las huellas de la Pasión, lo que más nos ilustra de esta sagrada reliquia, y lo que más se compadece con nuestra actitud contemplativa. Por este motivo, insistiremos poco en los estudios científicos destinados a la autentificación del lienzo, como el estudio del polen hallado, el tipo de tejido, etc. y sí, en cambio, tomaremos muy en consideración el estudio fotográfico. Veamos en primer lugar el conocido texto de san Juan sobre la Resurrección de Jesús.
"... Salieron Pedro, y aquel otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero aquel otro discípulo corrió más que Pedro y llegó antes al sepulcro, y al inclinarse, vio puestos los lienzos, pero no entró. Llegó después Simón Pedro que le seguía, entró en el sepulcro y vio los lienzos puestos, y el sudario que habían colocado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los demás lienzos, sino separado y envuelto en otro lugar. Entonces entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: y vio y creyó ..." (Jn 20, 3-8).
Este texto del evangelio de san Juan, es utilizado habitualmente por los estudiosos de la Sábana Santa para explicar de qué manera, el cuerpo de Jesús, al resucitar, desapareció sin deshacer los lienzos ¿Por que Juan vio y creyó?; ¿qué es lo que vio, que no le hizo pensar que habían robado el cuerpo de Jesús, sino que había resucitado?: Juan vio y creyó, al ver la mortaja “desinflada” sobre el sepulcro.
El estudio de la Sábana Santa ha permitido comprender muy bien esta escena. La imagen de la mortaja de Jesús es probablemente de origen radiactivo. Es decir, si el resultado es fotográfico se debe a que es consecuencia de una muy fuerte radiación luminosa o térmica (o ambas cosas) pero de duración infinitesimal. Tal debió ser el efecto de la resurrección de nuestro Señor. Por esto el cuerpo debió desaparecer del interior de la sábana, doblada y envolviendo, sin deshacerla. Debió ser algo así como un fogonazo.
3. Descripción de las huellas:
En un artículo de la revista Cristiandad de Enero de 2006, tuvimos ocasión de contemplar el rostro de Jesús, a la luz de la Sábana Sábana Santa, comparándola además con una imagen muy conocida, extractada del cuadro "Jesús Maestro" de Hoffmann. En este artículo, aunque sea brevemente, vamos a buscar las huellas de la Pasión, en la Sábana Santa de Turín. Algunos la han llegado a considerar como "el quinto evangelio", aunque nosotros evitaremos esta denominación, porque puede inducir a equívoco; pero sí procuraremos analizar lo que sabemos de la Pasión, por los evangelios, a la luz de las huellas que en la Sábana pueden verse.
En la Sábana Santa existen dos clases de manchas o rastros. En primer lugar hay manchas de sangre. Estas son muy visibles, son de un negro intenso, y además traspasan la tela y se ven, aunque en menor grado, por debajo. El otro rastro no son propiamente manchas, se trata de una sombra muy tenue que es visible sólo por la superficie que estuvo en contacto con el Cuerpo de nuestro Señor. Este rastro no traspasa la tela en ningún punto.
En efecto, las manchas o sombras, que en realidad son muy débiles, constituyen en sí mismas un negativo, que pasa a ser positivo al realizar el negativo fotográfico; pero además, la intensidad de la imagen es inversamente proporcional a la distancia entre el lienzo y el Cuerpo, y esto ha permitido descubrir detalles que hasta hace relativamente poco no podían ni tan sólo ser intuidos. Las imágenes tridimensionales que se obtienen con la digitalización, permiten deducir que el rastro sombreado es producto de una radiación. Esta radiación, como hemos dicho, es atribuida por los especialistas, a la Resurrección de nuestro Señor.
Se puede decir que la Sábana Santa constituye una prueba de credibilidad, que la Providencia ha reservado para nuestro tiempo. Para tener una perspectiva adecuada de ello véanse las imágenes siguientes:
Hacer "clic" para maximizar
La primera es una aproximación al aspecto natural de la sábana: La imagen del rostro es escasamente visible, y claro está, en negativo. Son visibles las manchas de sangre, pero la cara queda muy difuminada. Es lo que han podido conocer los que la han venerado hasta el siglo XX.
La segunda imagen es el negativo fotográfico de la imagen, después de aumentar fuertemente el contraste, que se convierte en positiva: el rostro de Jesús aparece de forma tan impresionante, que todo comentario queda pobre. A esta imagen se le ha aplicado, también, la corrección dimensional que fue explicada en el num. 906 de CRISTIANDAD. Esta corrección, es la que permitió llegar a un impresionante "rostro vivo" de nuestro Señor. También se ha invertido en sentido horizontal (es simétrica, especular), a fin de que el rostro aparezca no como imagen sino como si fuera corpórea. Esto suele realizarse habitualmente con los negativos de la Sábana Santa, y se observa muy bien en la mancha de la frente en forma de 3.
La tercera es un inspirado ejercicio de dibujo, realizado sobre la imagen anterior. Sobre esta imagen de Jesús doliente, al que se observa la rotura de la nariz y la hinchazón del pómulo, se ha dibujado un rostro "vivo". Este rostro, aunque la mirada es naturalmente un añadido del artista, produce a quien la contempla, una sensación extraordinaria.
La cuarta imagen es la ya mencionada del pintor Hoffmann, utilizada a menudo representando al Sagrado Corazón. El parecido con la imagen anterior es muy notable.
Vamos a examinar ahora las imágenes del cuerpo de Cristo, para llegar a las señales de la Pasión que es posible encontrar. Para ello utilizaremos dos imágenes que conservamos en el original contrastado (es decir, sin pasar a negativo).
2. LAS HUELLAS DE LA PASION:
Para quien no lo sepa hay que hacer una advertencia sobre las manchas negras repetidas a trechos regulares y los triángulos blancos que las flanquean. Se trata de quemaduras producidas en un incendio en la Iglesia de la población alpina de Chambery, donde estuvo depositada la Sábana Santa hasta el año 1578. Los triángulos son remiendos añadidos después del incendio, por las religiosas que la custodiaban. Estas manchas dificultan, pero no impiden en absoluto el estudio de las huellas de la Pasión.
Para entender bien lo que sigue, es bueno observar ante todo una imagen fotográfica, sin el fuerte contraste que solemos utilizar para hacerla visible; es decir una imagen lo más parecida a la verdadera Sábana Santa. No es fácil obtener esta verdadera imagen real porque es muy difícil que una fotografía iguale la poca definición de la sábana original: Al revelar, siempre se "fuerza" el contraste. El laboratorio no corta el proceso hasta que la imagen es visible con la luz roja selectiva. Por esto el primer fotógrafo, Secondo Pia quedó tan estupefacto con la visión, el aumento del contraste se produjo por el efecto natural del revelado, y además el negativo le dio la apariencia que ya conocemos.
Por esto, para buscar una apariencia comparable, hemos tenido que tomar una imagen fotográfica y quitarle digitalmente contraste, hasta asimilarla a un faccsímil de la sábana realizado a mano, que hemos tenido ocasión de ver. El resultado es, aproximadamente, el que vemos en esta imagen:

(Imagen no maximizable)
En esta imagen es imposible saber la ubicación del clavo de la mano derecha (izquierda en el cuerpo de Cristo), visible por la mancha de sangre. En efecto, los dedos no son visibles sin el contraste, y lo que se ha creído durante siglos es que se trata de un puño cerrado, con la herida en el dorso de la mano. Así lo han descrito todos los comentaristas, incluidos los más recientes: Lagrange, Fillion o Giusseppe Ricciotti.
(Maximizar para ver claramente)
Estas otras imágenes, obtenidas con un fuerte contraste, permiten observar con toda claridad la posición de la mano, que no está cerrada sino abierta, y que al ser visibles los dedos, se ubica el clavo perfectamente en la muñeca. Es decir, el contraste permite ver muchas de las huellas de la Pasión, que han tardado siglos en descubrirse.
Veamos ahora cómo se ven las señales de la Pasión, utilizando estas fotografías contrastadas y sin virar a negativo. En efecto, la imagen negativa permite “ver” mejor a Jesús, pero los detalles de su sufrimiento se estudian mejor en éstas.
Las principales huellas visibles de la pasión son las siguientes:
Nariz y pómulos: Tan sólo ésta se observa mejor en el negativo, se aprecia el “bastonazo” o bofetada de casa de Anás
Azotes : Solamente se libra el rostro. Hay que advertir, que las heridas de los azotes no tienen apenas mancha de sangre, por tanto, lo que vemos con el aumento de contraste es el profundo surco que ocasionaron. Por esta razón los surcos son menos definidos en la espalda, porque sin duda debió quedar completamente desollada. Las marcas más claras están en el pecho y las piernas, donde recibió menos azotes.
Marca clavo mano izquierda: Esta marca, como ya hemos explicado, constituye en sí misma una prueba de credibilidad. Los dedos no son visibles, sin el contraste fotográfico, pero sí el reguero de sangre.
Planta del pie derecho: Se observa una posición forzada, que permite adivinar que los pies fueron clavados por un solo clavo. La mancha de la planta del pie es de sangre y fue conocida desde toda la existencia de la Sábana. (Ver detalle)
Pies de Jesús
Herida de la lanza: Sorprende su ubicación en el costado derecho, pero analizando la herida se comprueba que esta lanza alcanzó el Corazón de Jesús en una trayectoria cruzada. Era un golpe habitual en los romanos, como ya se explicó en el nº 899 - 900 de CRISTIANDAD
Cabellera parcialmente recogida: Aunque no está directamente relacionada con la Pasión, en el número de CRISTIANDAD de noviembre de 2006 se hizo un pequeño comentario sobre este detalle.
Corona de espinas: En realidad una especie de casco espinoso. Hay muchas marcas de sangre, especialmente un reguero en la frente en forma de “3”, que ya hemos mencionado.
3. LA PRUEBA DEL CARBONO 14:
Hace algunos años (en 1988), al autorizar el cardenal Ballestrero, con permiso de la Santa Sede, la realización de unas pruebas de datación del lienzo, mediante el método del carbono 14, se produjo una contradicción con todo lo estudiado hasta el momento. El resultado databa dicho lienzo alrededor del Siglo XIII. Los medios de comunicación calificaron de "falsa" la Sábana Santa.
A este respecto hay que hacer la siguiente consideración: si la Sábana Santa fuera falsa como mortaja de Jesús, y datara del siglo XIII o XIV como se pudiera deducir de la prueba, estaríamos ante una imagen inequívocamente milagrosa, impresa en un lienzo muy antiguo, y que sólo ha sido posible verificar en el siglo XX, como ya se ha dicho. Esta imagen sólo puede corresponder al cuerpo de Jesús, porque los estigmas de la Pasión son absolutamente exclusivos, sobre todo la coronación de espinas; por tanto si la sábana no fuera auténtica, el hecho sería mucho más extraordinario, y se podría calificar perfectamente de milagro. Nosotros estaríamos perfectamente de acuerdo con una conclusión de este tipo, si se demostrara fidedignamente tal datación.
No obstante, la mayoría de los especialistas tienen serias dudas sobre la validez de estas pruebas, ante los avatares que ha sufrido la sábana (incendios, humo de cirios, etc.), y no falta quien duda a su vez de la buena fe de las manipulaciones de los análisis. Nosotros, sin entrar en discusiones de este tipo, sí queremos apuntar un hecho que podría explicar la alteración del carbono 14. Se trata de la radiación que causó la imagen, que cabe suponer se produjo al resucitar nuestro Señor. Es una radiación de origen y cualidades ciertamente desconocidos hasta hoy, aunque su rastro es evidente. Pues bien, las radiaciones electromagnéticas de onda muy corta, son capaces de alterar las fibras en el sentido de "rejuvenecer" la prueba del carbono 14. ¿Es este rejuvenecimiento, tal, que salte del siglo I al siglo XIII? Esto es imposible saberlo, pero son tantas las evidencias de que la imagen corresponde a la Pasión y muerte de nuestro Señor, que esta consideración llega a carecer de relevancia. Como hemos dicho, si algún día se llegase a demostrar que la tela no fuera la auténtica mortaja, la impresión de la imagen de Cristo sería un hecho inequívocamente sobrenatural.