INDICE POR CAPITULOS
1.- Nacimiento e infancia de Jesús
2.- Del Bautismo de Jesús al Sermón de la Montaña
3.- Hasta la 1ª Multiplicación de los panes
4.- De la 1ª Multiplicación a la Fiesta de los Tabernáculos
5.- De la Fiesta de los Tabernáculos a la resurrección de Lázaro
6.- De la resurrección de Lázaro a la Ultima Cena
7.- De la Ultima Cena al Sacrificio de la Cruz
8.- De la lanzada y descendimiento de la Cruz, a la Ascensión
1.- Nacimiento e infancia de Jesús
1 Inicio de San Juan: Jn 1, 1-18
2 Juan Bautista: Lc 1, 5-25
3 Gabriel anuncia: Lc 1, 26-38
4 Visita a Isabel: Lc 1, 39-45
5 José, Esposo de María: Mt 1, 18-24
6 Nacimiento de Jesús: Lc 2, 1-7 (Mt 1, 25)
7 Genealogía de Jesús: (Mt 1, 1 - 17; Lc 3, 23 - 37)
8 Angeles y pastores: Lc 2, 8-14
9 Presentación: Lc 2, 22-23
10 Adoración de los Magos: Mt 2, 1-12
11 Huida a Egipto: Mt 2, 13-15
12 Inocentes: Mt 2, 16-18
13 Regreso a Nazaret: Mt 2, 19-23
14 Vida oculta: Lc 2, 51-52
2.- Del Bautismo de Jesús al Sermón de la Montaña
15 Misión de Juan: Lc 3, 1-6
16 Caridad y justicia: Lc 3, 10-14
17 Ayuno y tentaciones: Mt 4, 1-11 (Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13)
18 Declaraciones de Juan Bautista: Jn 1, 19-28
19 Juan, Andrés y Pedro: Jn 1, 35-42
20 Felipe y Natanael: Jn 1, 43-51
21 Bodas de Caná: Jn 2, 1-11
22 Cafarnaum: Jn 2, 12
23 Expulsión de vendedores: Jn 2, 13-25
24 Jesús vuelve a Galilea: Jn 4, 1-4
25 La Samaritana: Jn 4, 5-26
26 El hijo del oficial: Jn 4, 46-54
27 Predicación fallida: Lc 4, 16-30
28 Reside en Cafarnaum: Mt 4, 13-17
29 Pesca milagrosa: Lc 5, 1-11 (Mt 4, 18-22; Mc 1, 16-22)
30 Suegra de Pedro: Lc. 4, 38-41 (Mt 8, 14-17; Mc 1, 29-34)
31 Extiende la predicación: Lc 4, 42-44 (Mt 4, 23-25; Mc 1, 35-39)
32 El paralítico de Cafarnaum: Mt 9, 1-18 (Mc 2, 1-12; Lc 5, 17-26)
33 Vocación de S.Mateo: Mt 9, 9-13 (Mc 2, 13-17; Lc 5, 27-32)
34 El paralítico de la piscina probática: Jn 5, 1-13
35 Curaciones: Mt 12, 15-21 (Mc 3, 7-12)
36 Vocación de los Apóstoles: Lc 6, 12-19 (Mt 10, 1-4; Mc 3, 13-19)
37 Bienaventuranzas: Mt 5, 1-12 (Lc 6, 20-26)
3.- Hasta la 1ª Multiplicación de los panes
38 El centurión: Mt 8, 5-13 (Lc 7, 1-10)
39 Viuda de Naín: Lc 7, 11-17
40 Pecadora: Lc 7, 36-50
41 Santas mujeres: Lc 8, 1-3; Mc 3, 20-21
42 Poseso: Lc 11, 14-26 (Mt 12, 22-27; Mc 3, 22-30)
43 Parientes de Jesús: Mt 12, 46-50 (Mc 3, 31-35; Lc 8, 19-21)
44 Sentencias: Lc 8, 16-18 (Mc 4, 21-25)
45 Tempestad: Mt8, 23-27 (Mc 4, 35-40; Lc 8, 22-25)
46 Endemoniados: Mc 5, 1-20 (Mt 8, 29-34; Lc 8, 26-39)
47 Nazaretanos: Mc 6, 1-6 (Mt 13, 53-58)
48 Martirio de Juan: Mc 6, 17-29 (Mt 14, 3-12)
49 1ª Multiplicación de los panes: Jn 6, 2-15 (Mt 14, 13-23; Mc 6, 30-46 )
4.- De la 1ª Multiplicación a la Fiesta de los Tabernáculos
50 Sobre las aguas: Mc 6, 45-52 (Mt 14, 24-34; Jn 6, 16-21)
51 Comisteis pan: Jn 6, 22-26
52 Cananea: Mt 15, 21-28 (Mc 7, 24-30)
53 Sordomudo: Mc 7, 31-37
54 2a. Multiplicación de los panes: Mc 8, 1-10 (Mt 15, 32-38; Lc 9, 10-17)
55 Señal del cielo: Mt 15, 39; 16, 1-4 (Mc 8, 10-13)
56 Fariseos: Mt 16, 5-12 (Mc 8, 14-21)
57 Confesión de Pedro: Mt 16, 13-20 (Mc 8, 27-30; Lc 9, 18-21)
58 Abnegación: Mc 8, 34-39 (Mt 16, 24-28; Lc 9, 23-27)
59 Transfiguración: Mt 17, 1-9 (Lc 9, 28-36; Mc 9, 1-10)
60 2ª Prediccion de la Pasión: Mt 17, 22-23 (Mc 9, 29-31; Lc 9, 44-45)
61 Tributo del Templo: Mt 17, 24-27
62 Poder: Mt 18, 18
63 Serás perdonado: Mt 18, 23-27
64 Fiesta de los Tabernáculos: Jn 7, 2-10
65 Samaritanos: Lc 9, 51-56
66 Condiciones para seguir a Jesús: Lc 9, 57-62 (Mt 8, 19-22)
67 Gran mandamiento: Lc 10, 23-28 (Mt 19, 1-2)
68 El buen Samaritano: Lc 10, 29-37
69 Betania: Lc 10, 38-42
70 En la Fiesta de los Tabernáculos: Jn 7, 11-18
5.- De la Fiesta de los Tabernáculos a la resurrección de Lázaro
71 Mujer adúltera: Jn 8, 1-11
72 El ciego de nacimiento: Jn 9, 1-23
73 Cuando oréis: Lc 11, 1-4
74 Cuestiones capciosas: Lc 11, 45-53
75 Providencia Divina: Lc 12, 22-34
76 Higuera estéril: Lc 13, 1-9
77 Escogidos: Lc 13, 22-30
78 Jerusalén, Jerusalén: Lc 13, 31-35
79 Os lo he dicho: Jn 10, 22-30
80 Ultimos puestos: Lc 14, 7-11
81 El hijo pródigo: Lc 15, 11-33
82 Epulón y Lázaro: Lc 16, 19-31
83 Lázaro enfermo: Jn 11, 1-16
6.- De la resurrección de Lázaro a la Ultima Cena
84 Resurrección de Lázaro: Jn 11, 38-44
85 Decretan la muerte de Jesús: Jn 11, 45-57
86 Matrimonio y virginidad: Mt 19, 2-12 (Mc 10, 1-12)
87 Zaqueo: Lc 19, 1-10
88 Negociantes: Lc 19, 11-28
89 Cura dos ciegos: Mt 20, 29-34
90 En Betania: Jn 12, 1-11 (Mt 26, 6-13; Mc 14, 3-11)
91 Entra en Jerusalén (Domingo de Ramos): Mt 21, 1-9 (Mc 11, 1-10; Lc 19, 29-38; Jn 12, 12-16)
92 El Señor lloró: Lc 19, 41-44
93 Vendedores del Templo: Lc 19, 45-47 (Mc 11, 15-19)
94 Al César lo del César: Mt 22, 15-22 (Mc 12, 13-17; Lc 20, 20-26)
95 Casuística de saduceos: Mt 22, 23-33 (Mc 12, 18-17; Lc 20, 27-40)
96 Fin del magisterio: Jn 12, 20-36
97 Fin de los tiempos: Mt 24, 1-14 (Mc 13, 1-3; Lc 21, 5-19)
98 Las diez vírgenes: Mt 25, 1-13
98 bis Juicio: Mt 25, 31-46
99 Preparación de la Cena: Lc 22, 7-13 (Mt 26, 17-19; Mc 14, 12-16)
7.- De la Ultima Cena al Sacrificio de la Cruz
100 Comienza la Cena Pascual: LC 22, 14-18 (Mt 26, 20; Mc 14 17; Jn 13, 1)
101 Anuncia la traición: Mt 26, 21-25 (Mc 14-18-21: Lc 22, 21-23)
102 Institución de la Eucaristía: Mt 26, 26-28 (Mc 14, 22-25; Lc 22, 19-20)
103 Lavatorio de los pies: Jn 13, 2-19
104 De nuevo predice la traición, y Judas se va: Jn 13, 21-30
105 Primeras protestas de fidelidad de Pedro: Jn 13, 36-38
106 La paz os doy; salen del Cenáculo: Jn 14, 27-31 (Mt 26, 30-35; Mc 14, 30)
107 Soy la vid: Jn 15, 1-10
108 Oración en el Huerto: Mt 26, 37-40 (Mc 14, 33-41; Lc 22, 40-46)
109 Prendimiento: Lc 22, 47-53 (Mt 26, 47-56; Mc 14, 42-52; Jn 18, 3-12)
110 Ante el Sumo Sacerdote: Mc 14, 53-65 (Mt 26, 57-68; Lc 22, 54; Jn 18, 13-24)
111 Jesús es conducido a Pilato: Mt 27, 1-2 (Mc 15, 1; Lc 22, 66-69)
112 Desesperación de Judas: Mt 27, 3-10
113 Jesús ante Pilato: Mt 27, 11-14 (Mc 15, 2-5; Lc 23, 1-7; Jn 18, 28-38)
114 Jesús ante Herodes: Lc 23, 8-16
115 Es pospuesto a Barrabás: Mt 27, 15-23 (Mc 15, 6-14; Lc 23, 17-19; Jn 18, 39-40)
116 Pilato se lava las manos y azota a Jesús: Mt 27, 24-30 (Mc 15, 15-19; Lc 23, 20-25; Jn 19, 1-3)
117 Ecce Homo!: Jn 19, 4-16
118 Camino del Calvario: Mt 27, 31-33 (Mc 15, 20-22; Lc 23, 26-32; Jn 19, 17)
119 Crucifixión: Mt 27, 34-43 (Mc 15, 23-32; Lc 23, 32-38; Jn 19, 18-24)
120 Los dos ladrones: Mt 27, 44 (Lc 23, 39-43)
121 He ahí a tu Madre: Jn 19, 25-27
122 Tinieblas, "Heli, Heli..." y "Tengo sed": Mt 27, 45-49 (Mc 15, 33-36; Lc 23, 44; Jn 19, 28-29)
123 Jesún muere en la Cruz: Jn 19, 30 (Mt 27, 50-56; Mc 15, 37-41; Lc 23, 45-49)
8.- De la Lanzada y descendimiento de la Cruz, a la Ascensión
124 La lanzada: Jn 19, 31-37
125 Jesús es sepultado: Jn 19, 41-42 (Mt 27, 60-66; Mc 15, 46-47; Lc 23, 53-56)
126 La Resurrección: Lc 24, 1-11 (Mt 28, 1-11 + 27, 52; Mc 16, 1-11; Jn 20, 1-2)
127 Pedro y Juan: Jn 20, 3-10 (Lc 24, 12)
128 María Magdalena: Jn 20, 11-18
129 Los discípulos de Emaús: Lc 24, 13-35 (Mc 16, 12-13)
130 Se aparece en el Cenáculo: Lc 24, 36-48 (Jn 20, 19-23)
131 Tomás no estaba: Jn 20, 24-29
132 Vuelven a Galilea y se les aparece: Mt 28, 16-20
133 Aparición en el lago de Galilea: Jn 21, 1-14
134 Vuelven a Jerusalén. Jesús se les aparece: Mc 16, 14-18 (Lc 24, 49)
135 La Ascensión: Lc 24, 50-53 (Mc 16, 19-20)
136 Epílogo: Jn 21, 24-25
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1 Al principio existía -ya- el Verbo, y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios.
2 El mismo estaba ya al principio con Dios.
3 Todas las cosas fueron hechas por El y nada de cuanto existe ha sido hecho sino por El.
4 En El estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
5 La luz resplandece entre las tinieblas, pero las tinieblas no la han recibido.
6 Hubo un hombre enviado por Dios, su nombre era Juan.
7 Este vino como testigo para declarar en favor de la luz, a fin de que por medio suyo todos creyesen.
8 No era él la luz, sino testigo para declarar en favor de la luz.
9 Era la luz verdadera que, llegando a este mundo, alumbra a todos los hombres.
10 Estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por El, pero el mundo no lo conoció.
11 Vino a su casa, pero los suyos no lo recibieron.
12 Sin embargo, a los que lo recibieron, a los que creen en El, les concedió la dignidad de hijos de Dios:
13 Los cuales traen origen, no de la sangre, ni del instinto carnal, ni de la voluntad libre del hombre, sino de Dios.
14 Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros y nosotros hemos admirado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de Gracia y de verdad.
15 Juan declara en su favor, y exclama: Este es aquel de quien dije: El que detrás de mí va a venir tiene preferencia sobre mí, porque existía antes que yo.
16 Porque de su plenitud recibimos todos, gracia tras gracia.
17 Porque si la Ley se dio mediante Moisés, la gracia y la verdad llegaron mediante Jesucristo.
18 Nadie vio jamás a Dios; el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre,
es quien lo ha revelado.
2 Prólogo: Lc 1, 1-4
1 Puesto que muchos se han afanado en la tarea de narrar la historia de los hechos acaecidos entre nosotros,
2 según nos lo han transmitido quienes desde un principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra;
3 he resuelto yo también, después de haber estudiado diligentemente desde sus orígenes todos los hechos, narrarlos por su orden, oh ilustre Teófilo!,
4 para que te des cuenta de la veracidad de las enseñanzas en que has sido instruido
5 En tiempo de Herodes, rey de Judea, hubo un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una mujer llamada Isabel, descendiente de Aarón.
6 Ambos eran justos a los ojos de Dios, observando irreprensiblemente todos los mandamientos y disposiciones del Señor.
7 Y no tenían hijos por ser Isabel estéril y ambos de edad avanzada.
8 Ejerciendo él su ministerio sacerdotal delante de Dios, según el turno a que pertenecía,
9 le tocó en suerte, conforme al ceremonial litúrgico, entrar en el santuario del Señor para ofrecer el incienso.
10 Y todo el pueblo aglomerado permanecía fuera, en oración, durante la oblación del incienso.
11 Y se le apareció un ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso.
12 Al verlo, Zacarías se turbó y el miedo se apoderó de él.
13 Mas el ángel le dijo: Serénate Zacarías, pues tu oración ha sido atendida; y tu mujer Isabel te dará un hijo, a quien pondrás el nombre de Juan;
14 y será tu gozo y tu alegría, y su nacimiento será motivo de regocijo para todos.
15 porque será grande a los ojos del Señor, y no beberá vino ni licor alguno, y estará lleno del Espíritu Santo, ya desde el seno de su madre,
16 y convertirá a muchos de los hijos de Israel al Señor, Dios de ellos;
17 y caminará delante de El revestido del espíritu y del poder de Elías, para establecer la concordia entre los padres y los hijos (Mal 4, 5-6) e infundir en los contumaces la cordura de los buenos, preparando así al Señor un pueblo debidamente dispuesto.
18 Dijo Zacarías al ángel: ¿Cómo podré cerciorarme de esto? Porque yo soy viejo y mi mujer de edad avanzada.
19 Le respondió el ángel: yo soy Gabriel, que estoy en la presencia de Dios y he sido enviado a hablarte y a darte esta grata noticia.
20 Pues bien, estarás en silencio y sin poder hablar hasta el día en que se cumplan estas cosas, por cuanto no has dado fe a mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo.
21 El pueblo estaba aguardando a Zacarías y se extrañaba de que se demorase tanto en el santuario.
22 Y cuando salió no podía hablarles, por lo que comprendieron que había tenido alguna visión en el santuario. Y él les hablaba por señas, pues se había quedado mudo.
23 Cuando acabó el tiempo que tenía de servicio, se marchó a su casa.
24 Días después concibió su mujer Isabel, y estuvo retirada durante cinco meses, y se decía a sí misma:
25 Así me ha favorecido el Señor al dignarse poner sus ojos en mí para quitar lo que era motivo de ignominia entre los hombres.
4 Gabriel anuncia: Lc 1, 26-38
26 Cuando ya Isabel estaba en el sexto mes, fué enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
27 a una Virgen desposada con un varón llamado José, de la casa de David, y el nombre de la Virgen era María.
28 Y entrando donde ella estaba, la saludó así: Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo.
29 Ella al oír estas palabras , se turbó y empezó a pensar qué significaba este saludo.
30 Le dijo el ángel: No temas María, pues has hallado gracia a los ojos de Dios.
31 Por eso concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús.
32 Este será grande y llamado hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David su padre,
33 y reinará sobre la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin.
34 Dijo María al ángel: ¿Cómo será esto, pues no conozco varón?
35 El ángel contestó: El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por esto el que nacerá de ti será santo e hijo de Dios.
36 Mira, ahí tienes a tu prima Isabel que en su vejez también ha concebido un hijo, y la que tenían por estéril está ya en el sexto mes,
37 porque para Dios no hay nada imposible.
38 Replicó María: He aquí la esclava del Señor, cúmplase según tu -palabra-. Y el ángel desapareció de su presencia.
5 Visita a Isabel: Lc 1, 39-45
39 Por aquellos días, María se puso en camino, dirigiéndose presurosa a la montaña, a una ciudad de Judá.
40 Y entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
41 Al oír Isabel el saludo de María, el niño dio saltos de gozo en su seno, y quedó Isabel llena del Espíritu Santo.
42 Y exclamó en alta voz: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
43 ¿Quién soy yo para que venga la madre de mi Señor a mi casa?
44 Porque, fíjate, al percibir tu saludo, el niño ha saltado de alegría en mi seno.
45 Dichosa la que creyó que se cumplirá cuanto se le ha anunciado de parte del Señor.
6 Magníficat: Lc 1, 46-55
46 Luego exclamó María: Mi alma glorifica al Señor,
47 y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador;
48 porque puso sus ojos en la humillación de su esclava. Pues bien: desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones;
49 porque ha hecho en mí maravillas el Todopoderoso, cuyo nombre es Santo;
50 Su misericordia se derrama de generación en generación sobre los que le temen.
51 Desplegó el poder de su brazo y dispersó a los que se engríen con los pensamientos de su corazón;
52 ha derrocado de su trono a los potentados y ensalzado a los humildes;
53 ha colmado de bienes a los indigentes y despedido a los ricos con las manos vacías.
54 Ha tomado bajo su amparo a Israel su siervo, conforme a los planes de su misericordia,
55 como lo había anunciado a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia por siempres jamás.
7 Nacimiento de Juan: Lc 1, 56-66
56 María permaneció con ella como unos tres meses y se volvió a su casa.
57 Le llegó a Isabel el tiempo de dar a luz, y dio a luz un hijo.
58 Oyendo sus vecinos y parientes que el Señor le había mostrado la grandeza de su misericordia, se congratulaban con ella.
59 Al octavo día vinieron a circuncidar al niño , y querían llamarle con el nombre de su padre, Zacarías.
60 Pero la madre tomó la palabra y dijo: No, se llamará Juan.
61 Replicáronle: Nadie hay en tu familia que lleve este nombre.
62 Preguntaron por señas a su padre cómo quería que se llamase;
63 y pidiendo una tablilla escribió: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron
64 Y al instante se abrió su boca, se soltó su lengua y comenzó a hablar bendiciendo a Dios.
65 Se apoderó el temor de todos los vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban estas cosas.
66 Cuantos las oían, deteniéndose a pensarlas, se preguntaban: ¿Qué vendrá a ser este niño? Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.
8 Cántico de Zacarías. "Benedictus": Lc 1, 67-80
67 Zacarías, su padre, se llenó del Espíritu Santo, y profetizó diciendo:
68 Bendito el Señor Dios de Israel , porque ha visitado y redimido a su pueblo
69 y suscitó en favor nuestro un poderoso Salvador en al casa de David, su siervo
70 según lo había prometido desde antiguo por boca de sus santos profetas:
71 salvándonos de nuestros enemigos y del poder de todos los que nos odian,
72 para hacer misericordia con nuestros padres, y acordarse de su alianza santa,
73 el juramento que juró a Abraham, nuestro padre, concedernos,
74 para que, sin temor, y libres del poder de los enemigos, le sirvamos
73 en santidad y justicia en su presencia, todos nuestros días.
76 Y tú niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues tú irás delante del Señor para preparar sus caminos,
77 para dar a conocer la salvación a su pueblo, con la remisión de sus pecados,
78 por las entrañas misericordiosas de nuestro Dios en las que nos visitará el sol que surge de lo alto,
79 para iluminar a los que están sentados en tinieblas y sombras de muerte, para enderezar nuestros pies por el camino de la paz.
80 Y el niño crecía y se fortalecía en espíritu, y moraba en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.
9 José, Esposo de María: Mt 1, 18-24
18 La concepción de Jesús tuvo lugar de esta manera: Estando desposada María, su madre, con José; y antes de que conviviesen, se halló haber concebido María por obra del Espíritu Santo.
19 José, su esposo, siendo justo, no quiso denunciarla y resolvió repudiarla en secreto.
20 Mientras reflexionaba sobre esto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir en casa a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo.
21 Dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados.
22 Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había anunciado por el profeta, que dice:
23 "He aquí que una virgen concebirá y parirá un hijo, y se le pondrá por nombre Emmanuel", que quiere decir "Dios con nosotros".
24 Al despertar de su sueño hizo como el ángel del Señor le había mandado, recibiendo en casa a su esposa.
10 Nacimiento de Jesús: Lc 2, 1-7 (Mt 1, 25)
1 En aquel tiempo salió un edicto de César Augusto mandando empadronar a todo el mundo.
2 Este empadronamiento primero, tuvo lugar siendo Cirino gobernador de Siria.
3 E iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad.
4 Subió también José desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, en Judea, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David,
5 para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.
6 Estando allí se cumplieron los días del parto,
[(MT 25) y sin que él antes la conociese dio a luz un Hijo y le puso por nombre Jesús,]
7 dio a luz a su Hijo primogénito, y le envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, pues no había para ellos lugar en la posada.
(Mt 1, 1-17)
1 Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.
2 Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos
3 Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zará. Farés engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram,
4 Aram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón,
5 Salmón engendró, de Rajab, a Booz, Booz engendró, de Rut a Yobed, Yobed engendró a Jesé, y Jesé engendró al rey David.
6 David engendró, de la que fué mujer de Urías, a Salomón,
7 Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abías, Abías engendró a Asaf,
8 Asaf engendró a Josafat. Josafat engendró a Joram. Joram engendró a Ozías.
9 Ozías engendró a Joatam. Joatam engendró a Acaz. Acaz engendró a Ezequías.
10 Ezequías engendró a Manasés. Manasés engendró a Amón. Amón engendró a Josías.
11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos en el tiempo del destierro a Babilonia.
12 Y después del destierro en Babilonia: Jeconías engendró a Salatiel. Salatiel engendró a Zorobabel.
13 Zoobabel engendró a Abiud. Abiud engendró a Eliacim. Eliacim engendró a Azor.
14 Azor engendró a Sadoc. Sadoc engendró a Aquim. Aquim engendró a Eliud.
15 Eliud engendró a Eleazar. Eleazar engendró a Matan. Matan engendró a Jacob.
16 Y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
17 Así son catorce todas las generaciones desde Abraham hasta David; y las de David hasta el destierro de Babilonia catorce generaciones; y también catorce las generaciones desde el destierro de Babilonia hasta Cristo.
(Lc 3, 23-37)
23 Tenía Jesús al comenzar, unos treinta años, que se suponía hijo de José, el cual fue hijo de Helí, que lo fue de Mathat.
24 Este fue hijo de Leví, que lo fue de Melchi, que lo fue de Janne, que lo fue de José.
25 Este fue hijo de Matatías, que lo fue de Amós, que lo fue de Nahum, que lo fue de Hesli, que lo fue de Nagge.
26 Este fue hijo de Mahat, que lo fue de Matatías, que lo fue de Semei, que lo fue de José , que lo fue de Judas.
27 Este fue hijo de Joanna, que lo fue de Resa, que lo fue de Zorobabel, que lo fue de Salatiel, que lo fue de Nerí.
28 Este fue hijo de Melchi, que lo fue de Addi, que lo fue de Cosan, que lo fue de Elmadan, que lo fue de Her.
29 Este fue hijo de Jesús, que lo fue de Eliezer, que lo fue de Jorim, que lo fue de Matat, que lo fue de Leví.
30 Este fue hijo de Simeon, que lo fue de Judas, que lo fue de José, que lo fue de Jonás, que lo fue de Eliaquim.
31 Este lo fue de Melea, que lo fue de Menna, que lo fue de Matata, que lo fue de Natan, que lo fue de David.
32 David fue hijo de Jessé, que lo fue de Obed, que lo fue de Booz, que lo fue de Salmon, que lo fue de Naason.
33 Este fue hijo de Aminadab, que lo fue de Aram, que lo fue de Esrom, que lo fue de Farés, que lo fue de Judas.
34 Este fue hijo de Jacob, que lo fue de Isaac, que lo fue de Abraham, que lo fue de Taré, que lo fue de Nacor.
35 Este fue hijo de Sarug, que lo fue de Ragau, que lo fue de Faleg, que lo fue de Heber, que lo fue de Salé.
36 Este fue hijo de Cainán, que lo fue de Arxafad, que lo fue de Sem, que lo fue de Noé, que lo fue de Lamec.
37 Este fue hijo de Mathusalé, que lo fue de Henoc, que lo fue de Jared, que lo fue de Malaleel, que lo fue de Cainan.
38 Este fue hijo de Henós, que lo fue de Set, que lo fue de Adam, que fue creado por Dios.
11 Angeles y pastores: Lc 2, 8-14
8 Había en la región unos pastores que pernoctaban al raso, y de noche se turnaban velando el rebaño.
9 Se les presentó un ángel del Señor, y les envolvió la luz de Dios y quedaron ellos sobrecogidos de gran temor.
10 Díjoles el ángel: No temáis, os traigo una buena nueva, una gran alegría para todo el pueblo:
11 os ha nacido, en la ciudad de David, un salvador que es el Mesías, el Señor.
12 Esto tendréis por señal: encontraréis al niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre
13 Al instante se unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo:
14 "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad"
12 Adoración de los pastores: Lc 2, 15-20
15 Así que los ángeles se fueron al cielo, se dijeron los pastores unos a otros: Vamos a Belén a ver esto que el Señor nos ha anunciado.
16 Fueron con presteza y encontraron a María, a José y al Niño acostado en un pesebre,
17 y viéndole, contaron lo que se les había dicho acerca del Niño.
18 Y cuantos los oían se maravillaban de lo que les decían los pastores.
19 María guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.
20 Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, según se les había anunciado -por el ángel-
13 Circuncisión del Niño: Lc 2, 21
21 Cuando se hubieron cumplido los ocho días para circuncidar al Niño, le pusieron el nombre de Jesús, impuesto por el ángel antes de ser concebido.
22 Y cuando se cumplieron los días de la Purificación conforme a la Ley de Moisés, le llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor,
23 según está escrito en la Ley del Señor que "todo varón primogénito sea consagrado al Señor" (Ex 13, 2), 24 y para ofrecer en sacrificio, según lo prescrito en la Ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones.
15 Profecía de Simeón: Lc 2, 25-35
25 Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba en él.
26 Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no moriría antes de ver el Ungido del Señor.
27 Movido del Espíritu, vino al templo, y al entrar los padres con el niño Jesús para cumplir lo que prescribe la Ley sobre El.
28 Simeón le tomó en sus brazos y bendiciendo a Dios, dijo:
29 Ahora Señor puedes dejar ir a tu siervo en paz, según tu palabra;
30 porque han visto mis ojos tu salud,
31 la que has preparado ante la faz de todos los pueblos;
32 luz para iluminar a las gentes y gloria de tu pueblo Israel.
33 Su padre y su madre estaban asombrados de la cosas que se decían de El.
34 Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: Este está puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel y para signo de contradicción;
35 y una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones.
16 Profecía de Ana: Lc 2, 36-38
36 Estaba también la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, muy avanzada en días, que había vivido con su marido siete años desde su virginidad
37 y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, sirviendo con ayunos y oraciones noche y día.
38 Como viniese en aquella misma hora, alabó también a Dios y hablaba de El a cuantos esperaban la redención de Jerusalén.
17 Adoración de los Magos: Mt 2, 1-12
1 Habiendo pues, nacido Jesús en Belén de Judá en los días del Rey Herodes, llegaron del oriente a Jerusalén unos Magos,
2 diciendo: ¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer? Porque hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarle.
3 Al oír esto, el rey Herodes se turbó y con él toda Jerusalén,
4 y reuniendo a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les preguntó dónde debía nacer el Cristo.
5 Ellos le contestaron: En Belén de Judá, pues así fue escrito por el profeta
6 "Y tú, Belén, en el país de Judá, de ningún modo eres la más pequeña entre las ciudades principales de Judá; pues de tí saldrá el príncipe que será el pastor de mi pueblo Israel" (Miq 5, 2)
7 Entonces Herodes, llamando en secreto a los Magos, se informó diligentemente de ellos acerca del tiempo de la aparición de la estrella
8 y, encaminándoles a Belén, les dijo: Id e informaos exactamente acerca de este niño, y, cuando le halléis, comunicádmelo, para que vaya también yo a adorarle.
9 Después de haber oído al rey, se fueron, y la estrella que habían visto en oriente les precedía, hasta que vino a pararse encima del lugar donde estaba el niño.
10 Al ver la estrella sintieron grandísimo gozo,
11 y entrando en la casa, vieron al Niño con María, su madre, y postrándose le adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron presentes de oro, incienso y mirra.
12 Advertidos en sueños de no volver a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
18 Huida a Egipto: Mt 2, 13-15
13 Después de su partida, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al Niño para matarlo.
14 Levantándose de noche, tomó al Niño y a su Madre y se retiró hacia Egipto,
15 permaneciendo allí hasta la muerte de Herodes, a fin de que se cumpliera lo que había pronunciado el Señor por su profeta, diciendo: "De Egipto llamé a mi hijo".
16 Entonces Herodes, viéndose burlado por los magos, se irritó sobremanera y mandó matar a todos los niños que había en Belén y sus alrededores, de dos años para abajo, según el tiempo que con diligencia se había informado de los magos.
17 Entonces se cumplió la palabra del profeta Jeremías que dice:
18 "Una voz se oye en Ramá, lamentación y gemido grande; es Raquel, que llora a sus hijos y no quiere ser consolada porque ya no existen" (Jr 31, 15)
20 Regreso a Nazaret: Mt 2, 19-23 (Lc 2, 39)
19 Muerto ya Herodes, el ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto
20 y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre y vete a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño.
21 Levantándose, tomó al niño y a la madre y partió hacia la tierra de Israel.
22 Mas habiendo oído que en Judea reinaba Arquelao en lugar de su padre Herodes, temió ir allá y, advertido en sueños se retiró a la región de Galilea,
23 yendo a habitar en una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliese lo dicho por los profetas: "Será Nazareno"
21 En el Templo: Lc 2, 40-50
40 El Niño crecía y se fortalecía lleno de sabiduría, y la Gracia de Dios estaba en El.
41 Sus padres iban cada año a Jerusalén en la fiesta de la Pascua.
42 Cuando era ya de doce años, al subir sus padres, a cumplir el rito festivo,
43 y volverse ellos, acabados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo advirtieran.
44 Pensando que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día. Buscáronle entre parientes y conocidos,
45 al no hallarle, se volvieron a Jerusalén en busca suya.
46 Al cabo de tres días le hallaron en el Templo, sentado en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles.
47 Cuantos le oían quedaban estupefactos de su inteligencia y de sus respuestas.
48 Cuando sus padres le vieron, quedaron sorprendidos, y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué has obrado así con nosotros? Mira que tu padre y yo, apenados, andábamos buscándote.
49 Y El les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabéis que es preciso que me ocupe en las cosas de mi Padre?
50 Ellos no entendieron lo que les decía.
51 Bajó con ellos, y vino a Nazaret, y les estaba sujeto, y su madre conservaba todo esto en su corazón.
52 Jesús crecía en sabiduría, edad y gracia ante Dios y ante los hombres.
1 En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea; Herodes, Tetrarca de Galilea, y Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias, tetrarca de Abilene,
2 bajo el pontificado de Anás y Caifás, fué dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto,
3 y vino por toda la región del Jordán predicando el bautismo de penitencia en remisión de los pecados,
4 según está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: "Voz que pregona en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.
5 Todo valle sea rellenado, y todo monte y collado allanado, y los caminos tortuosos rectificados, y lo escarpado sea nivelado.
6 Y toda carne verá la salvación de Dios (Is 40, 3-5)"
24 Predicación de penitencia: Mc 1, 5-6
5 Acudían a él de toda la región de Judea, todos los moradores de Jerusalén, y se hacían bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados.
6 Llevaba Juan un vestido de pelos de camello, y un cinturón de cuero ceñía sus lomos, y se alimentaba de langostas y miel silvestre.
25 Frutos de arrepentimiento: Lc 3, 7-9
7 Y decía a las muchedumbres que venían a hacerse bautizar por él: Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira que llega?
8 haced, pues, dignos frutos de penitencia y no andéis diciéndoos: Tenemos por padre a Abraham. Porque yo os digo que puede Dios hacer surgir de estas piedras hijos de Abraham.
9 Ya está el hacha puesta a la raíz del árbol; todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.
26 Caridad y justicia: Lc 3, 10-14
10 Las muchedumbres le preguntaban: pues ¿qué hemos de hacer?
11 El respondía: el que tiene dos túnicas, dé una al que no la tiene, y el que tiene alimentos haga lo mismo.
12 Vinieron también publicanos a bautizarse y le decían: Maestro, ¿qué hemos de hacer?
13 y les contestaba: no exigir nada fuera de lo que está tasado.
14 Le preguntaban también los soldados: ¿y nosotros qué hemos de hacer? Y les respondía: No hagáis extorsión a nadie ni denunciéis en falso y contentaos con vuestra paga.
27 Testimonio: Lc 3, 15-18 (Mt 3, 11-12; Mc 1, 7-8)
15 Hallándose el pueblo en ansiosa expectación y pensando todos entre sí de Juan si sería él el Mesías,
16 Juan respondió a todos diciendo: Yo os bautizo con agua, pero está llegando ya otro más poderoso que yo [(Mc 1) detrás de mi, al cual yo no soy digno de desatar, postrado,] la correa de sus sandalias; El os bautizará con el fuego del Espíritu Santo.
17 Tiene en su mano el bieldo para limpiar su era y reunir el trigo en su granero; mas la paja la quemará con fuego que no se apagará nunca.
18 Así, con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo su buena nueva.
28 Bautismo de Jesús: Mt 3, 14-17 (Mc 1, 9-11; Lc 3, 21-33)
[(Lc 3) Después que todo el pueblo se hubo bautizado (Mc 1) vino Jesús de Nazaret de Galilea y fué bautizado por Juan en el Jordán]
14 Juan intentaba disuadirlo diciendo: soy yo quien tiene necesidad de ser bautizado por tí y ¿vienes tú a mí?
15 Jesús le respondió: Déjame hacer ahora, porque conviene que cumplamos así toda justicia. Entonces Juan le dejó hacer.
16 Una vez bautizado Jesús salió del agua [(Lc 3) Estando en oración] Súbitamente los cielos se abrieron; y vió al Espíritu de Dios descender como una paloma y venir sobre El.
17 Y una voz, que venía del cielo, dijo: "Este es mi Hijo muy amado en quién me complazco" [(Lc 3) Tenía Jesús al comenzar, unos treinta años]
29 Ayuno y tentaciones: Mt 4, 1-11 (Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13)
1 Entonces, Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo [(Lc 4) viviendo con los animales salvajes]
2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, al fin tuvo hambre.
3 Se acercó a El el tentador
4 y le dijo: Si eres Hijo de Dios manda que estas piedras se conviertan en pan. El respondió: Está escrito "El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Deut 8, 3)
5 Entonces el diablo le llevó a la ciudad santa [(Lc 4) de Jerusalén], le colocó sobre el pináculo del templo
6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo; porque está escrito: "Dará órdenes a los ángeles acerca de ti y te cogerán en sus manos, para que tu pie no tropiece en piedra alguna" (Ps 90, 10-11)
7 Jesús le respondió: También está escrito: "No tentarás al Señor tu Dios" (Dt 6, 10)
8 De nuevo le llevó el diablo a un monte muy elevado, le hizo ver todos los reinos del mundo con su magnificencia,
9 y le dijo: Todas estas cosas te daré, si caes postrado para adorarme.
10 Entonces Jesús le contestó: Vete Satanás !; porque está escrito: "Adorarás al Señor, tu Dios, y solamente a El darás culto" (Dt 6, 13)
11 Entonces le dejó el Diablo [(Lc, 4) hasta otra ocasión] y se acercaron los ángeles para servirle.
30 Declaraciones de Juan Bautista: Jn 1, 19-28
19 Declaraciones de Juan, cuando los Judíos de Jerusalén le enviaron sacerdotes y levitas para interrogarle: Quién eres tú
20 Confesó llanamente la verdad y abiertamente declaró: No soy yo el Mesías
21 ¿Entonces, que? le preguntaron. ¿Eres Elías? Y respondió: No soy. ¿Eres el Profeta? Y contestó: No.
22 Pero le acosaban con insistencia: ¿Quién eres? para que demos respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo?
23 Respondió: Según dice el profeta Isaías (Is 40, 3),"yo soy la voz que pregona en el desierto: Trazad en línea recta el camino del Señor"
24 Los enviados eran fariseos,
25 y seguían su interrogatorio: ¿Por qué pues bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?
26 Juan les respondió: Yo bautizo con agua; entre vosotros está aquel a quien vosotros no conocéis,
27 el que ha de venir después de mí, al cual yo no soy digno de soltar la correa de su sandalia.
28 Esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan solía bautizar.
31 Cordero de Dios: Jn 1, 29-34
29 Al día siguiente vio a Jesús caminando hacia él, y exclamó: Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo.
30 Este es Aquel de quien yo dije: detrás de mi llega uno que ha sido puesto delante de mí, porque existía antes que yo.
31 Y yo no lo conocía; pero he venido a bautizar con agua para manifestarlo a Israel.
32 Juan hizo esta declaración: "He visto el Espíritu bajar del cielo, como una paloma, y posarse sobre El".
33 Yo no le conocía, pero quien me envió a bautizar con agua, me dijo: Aquel sobre quien vieres descender y permanecer el Espíritu, es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.
34 Yo lo he visto y declaro que es el Hijo de Dios.
32 Juan, Andrés y Pedro: Jn 1, 35-42
35 Al día siguiente continuaba allí Juan con dos de sus discípulos,
36 y viendo pasar a Jesús, dice: Mirad el Cordero de Dios.
37 Al oír esto los discípulos se fueron en pos de Jesús.
38 Volviéndose Jesús y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Respondiéronle: Rabbí (que quiere decir Maestro), ¿dónde vives?
39 Les contestó: Venid y lo veréis; fueron, pues, y vieron dónde vivía y aquel día lo pasaron en su casa; eran las cuatro o cinco de la tarde, poco más o menos.
40 Uno, de los dos que había oído a Juan y seguido a Jesús, era Andrés, hermano de Simón Pedro.
41 Con quien primero se encontró fue con su hermano Simón, al cual refirió: Hemos hallado al Mesías (que quiere decir Cristo).
42 Le condujo hasta Jesús. Fijando en él su mirada, dijo Jesús: Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que quiere decir Pedro).
33 Felipe y Natanael: Jn 1, 43-51
43 Al día siguiente decidió Jesús salir hacia Galilea y, encontrándose con Felipe, le dijo: Sígueme.
44 Era Felipe natural de Betsaida, el pueblo de Andrés y de Pedro.
45 Felipe encontró a Natanael y le dijo: Hemos hallado a Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley, y los Profetas, a Jesús, hijo de José el de Nazaret.
46 ¿De Nazaret, puede salir algo bueno? le contestó Natanael. Felipe insistió: Ven y lo verás.
47 Viendo Jesús que Natanael venía hacia él, exclamó: aquí llega un auténtico israelita, en quien no cabe doblez.
48 Natanael le preguntó: ¿De qué me conoces? Le respondió Jesús: Antes de que Felipe te llamase, te vi yo cuando estabas debajo de la higuera.
49 Replicó Natanael: Rabbí, tu eres el hijo de Dios, tu eres el Rey de Israel.
50 Jesús le contestó: ¿Has creído porque te he dicho que te vi debajo de la higuera? Cosas mayores verás.
51 Y añadió: En verdad, en verdad os digo: Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre.
1 Tres días después, se celebró una boda en Caná de Galilea. La madre de Jesús estaba entre los invitados.
2 Fueron también invitados a la boda Jesús y sus discípulos.
3 Faltando el vino, dijo a Jesús su Madre: No tienen vino.
Le respondió Jesús, ¿qué nos va a mí y a ti? Aún no ha llegado mi hora.
5 La madre dijo a los sirvientes: Haced lo que El os mande.
6 Había allí seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, cuya capacidad oscilaba entre los ochenta a ciento veinte litros.
7 Jesús ordenó a los sirvientes: llenad de agua las tinajas. Y las llenaron hasta arriba.
8 Luego añadió: Sacad ahora y llevad al jefe del comedor. Así lo hicieron.
9 Apenas el jefe de comedor probó el agua convertida en vino, no sabiendo de dónde era (aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), llamó al novio,
10 para decirle: Todos ponen al principio el vino mejor; y cuando los invitados ya han bebido bien, sirven el mas flojo. Tú has guardado hasta ahora el vino mejor.
11 Este fue el primer milagro de Jesús. Lo hizo en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en El
12 Después bajó a Cafarnaum, con su madre, sus parientes y discípulos permaneciendo allí no muchos días
36 Expulsión de vendedores: Jn 2, 13-25
13 Próxima ya la Pascua de los judíos, subió Jesús a Jerusalén.
14 Encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y también a los cambistas sentados tras de sus mesas.
15 Y haciendo un látigo con unas cuerdas, los arrojó a todos del templo, también a las ovejas; desparramó el dinero de los cambistas y derribó las mesas.
16 Y dijo a los que vendían palomas: Llevad esto fuera de aquí; no convirtáis la casa de mi Padre en un mercado.
17 Recordaron sus discípulos la frase de la Escritura: "Me consumirá el celo de tu templo" (Ps 68, 9).
18 Los judíos, encarándose con El, le preguntaron: ¿Qué señal nos muestras que justifica lo que haces?
19 Jesús les respondió: Destruid este templo y yo lo reedificare en tres días.
20 Le dijeron los judíos: Cuarenta y seis años se tardó en la construcción de este templo, ¿y tú lo vas a edificar en tres días?
21 Mas El aludía al templo de su cuerpo.
22 Cuando resucitó de entre los muertos, se percataron los judíos de lo que había dicho, y creyeron en la Escritura y en la palabra de Jesús.
23 Durante su estancia en Jerusalén, por la fiesta de la Pascua, muchos creyeron el El, viendo los milagros que hacía.
24 Jesús, en cambio, no se fiaba de ellos, porque los conocía bien.
25 Y no necesitaba que nadie le diera testimonio de nadie, porque El mismo conocía bien el interior de cada uno.
37 Nicodemo: Jn 3, 1-13
1 Un fariseo, aristócrata entre los judíos, llamado Nicodemo,
2 se acercó a Jesús por la noche para decirle: Maestro, sabemos que vienes como doctor de parte de Dios, pues nadie puede obrar los prodigios que Tu obras, si Dios no estuviese con él.
3 Le respondió Jesús: En verdad en verdad te digo, que quien no naciere de arriba, no puede ver el reino de Dios.
4 Le replicó Nicodemo: ¿Cómo puede nacer un hombre ya viejo? ¿Podrá acaso entrar nuevamente en el seno de su madre para nacer?
5 En verdad en verdad te digo, que quien no naciere del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.
6 Lo que nace de la carne, carne es; pero lo que nace del Espíritu, Espíritu es.
7 No te extrañe que te haya dicho: Os conviene nacer de arriba.
8 El viento sopla donde le place, y tu oyes su rumor, pero no sabes de donde viene ni a donde va. Así sucede con todo el que nace del Espíritu.
9 Repuso Nicodemo: ¿Cómo puede realizarse esto?
10 Jesús le contestó: ¿Eres doctor de Israel y no entiendes estas cosas?
11 En verdad te digo: Nosotros hablamos de lo que sabemos, y testimoniamos acerca de lo que hemos visto y todavía no creéis nuestro testimonio.
12 Si no creéis cuando os hablo de cosas terrenas, ¿cómo vais a creer si os hablo de cosas celestiales?
13 Sin embargo, nadie ha subido al cielo, sino el que ha bajado del cielo, el Hijo del hombre.
38 Luz y tinieblas: Jn 3, 14-21
14 Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, del mismo modo es necesario que el Hijo del hombre sea levantado;
15 para que todo el que crea en el El tenga la vida eterna,
16 pues de tal modo amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo unigénito, a fin de que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna.
17 Porque Dios no envió su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que mediante El se salve el mundo.
18 Quien cree en El no esta condenado; pero quien no cree, ya esta condenado, porque no creyó en el Hijo unigénito de Dios.
19 Aquí radica la condenación: En que la Luz vino al mundo y los hombres prefirieron las tinieblas a la Luz, porque sus obras eran malas.
20 Pues quien obra la maldad, aborrece la luz y no camina hacia la luz, para que no se le echen en cara sus obras.
21 Quien, al contrario, obra según la verdad, camina hacia la luz, a fin de manifestar que sus obras han sido hechas según Dios.
39 Ultimo testimonio: Jn 3, 22-35
22 Después, Jesús marcho con sus discipulos al territorio de Judea, donde moraba con ellos y bautizaba.
23 También Juan bautizaba en Ainón, cerca de Salim, donde el agua era abundante y la gente venía a hacerse bautizar.
24 Pues Juan aún no había sido encarcelado.
25 Originose una disputa entre los discípulos de Juan y un judío acerca del bautismo.
26 Y llegándose a Juan, le dijeron: Maestro, Aquel que estaba contigo al otro lado del Jordán, en cuyo favor declaraste, he aquí que bautiza y todos corren hacia El.
27 Respondió Juan: Nadie puede atribuirse sino lo que le ha sido dado del cielo,
28 vosotros mismos sois testigos de lo que yo he dicho: No soy el Cristo, sino su heraldo.
29 Quien posee a la esposa es el esposo; el amigo que está allí para escuchar la voz del esposo, se alegra intensamente al oír su voz. Esta es mi alegría; ahora es completa ya.
30 Conviene que El crezca y que yo me achique.
31 Quien viene de arriba es superior a todos. Quien viene de la tierra es terreno y habla de cosas terrenas. Quien viene de arriba está por encima de todos y
32 es testigo de lo que ha visto y oído, pero nadie admite su testimonio.
33 Quien lo admite certifica que Dios es veraz;
34 pues Aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque le comunica el Espíritu sin medida.
35 El Padre ama al Hijo y ha puesto en sus manos todas las cosas.
36 Quien cree en el Hijo tiene la vida eterna; quien no cree en el Hijo no poseerá la vida, sino que la ira permanece sobre él.
40 Jesús vuelve a Galilea: Jn 4, 1-4
1 Pero cuando conoció Jesús que los fariseos habían sabido que El reunía más discípulos, y bautizaba más que Juan,
2 aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos,
3 dejó la Judea y partió nuevamente hacia Galilea.
4 Debía por tanto pasar por Samaria.
5 Llegó, pues, a una ciudad de Samaria, llamada Sicar, cerca de la finca que legó Jacob a su hijo José;
6 allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Eran las doce del mediodía poco más o menos.
7 Llegó una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: Dame de beber.
8 Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar comida.
9 Respondiole la mujer samaritana: Siendo Tú judío, ¿Cómo me pides de beber a mi, que soy samaritana? porque los judíos no se avienen con los samaritanos.
10 Replicole Jesús: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: Dame de beber, sin duda le pedirías tú y El te daría agua viva.
11 Señor, le dijo la mujer, no tienes cubo y el pozo es profundo; ¿De dónde pues vas a sacar el agua viva?
12 ¿Acaso eres Tú más que nuestro padre Jacob, que nos dejó el pozo, de donde bebió él, sus hijos y sus ganados?
13 Respondió Jesús: Quien bebe este agua sentirá de nuevo la sed.
14 Pero quien beba el agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed, sino que, el agua que yo le daré, será en él una fuente que le llevará hasta la vida eterna.
15 Señor, le dijo la mujer, dame de este agua, para que no tenga sed ni venga aquí a sacarla.
16 Jesús le contestó: Ve, llama a tu marido y vuelve.
17 Respondió la mujer: No tengo marido. Díjole Jesús: Tienes razón al decir que no tienes marido,
18 porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido. En esto dices verdad.
19 Señor, replicó la mujer, veo que eres un profeta.
20 Nuestros antepasados adoraron en este monte; pero vosotros decís que es en Jerusalén donde hay que adorar.
21 Díjole Jesús: Créeme a Mí, mujer, porque ha llegado ya la hora en que ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
22 Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, pues la salvación viene de los judíos.
23 Pero llega la hora, y es ésta ya, cuando los verdaderos adoradores adoren al Padre en espíritu y en verdad. Pues éstos son los adoradores que Dios quiere.
24 Dios es espíritu, y sus adoradores deben adorarlo en espíritu y en verdad.
25 La mujer le respondió: Sé que el Mesías, llamado Cristo, va a venir; cuando El venga nos lo manifestará todo.
26 Soy yo, que estoy hablando contigo, le dijo Jesús.
42 Samaritanos: Jn 4, 27-42
27 En esto llegaron sus discípulos y se maravillaron de que hablase con una mujer. Sin embargo, ninguno le dijo: ¿Qué peguntas o qué hablas con ella?
28 Luego, la mujer dejó su cántaro y se fue a la ciudad para decir a sus conciudadanos:
29 Venid a ver un hombre que me ha dicho cuanto he hecho. ¿Acaso será éste el Cristo ?
30 Salieron de la ciudad y se encaminaron hacia El.
31 Mientras tanto, los discípulos lo instaban diciendo: Maestro, come.
32 El les respondió: Yo tengo para comer un manjar que vosotros no conocéis.
33 Los discípulos se decían unos a otros: ¿Alguien le habrá traído de comer?
34 Mi alimento, les dijo Jesús, consiste en hacer la voluntad del que me ha enviado y en llevar a cabo su obra.
35 ¿No decís vosotros: Dentro de cuatro meses llegará la siega? Yo os digo: Alzad vuestros ojos y contemplad los campos blancos ya para la siega.
36 El segador percibe el salario y recoge el fruto para la vida eterna, a fin de que se alegren por igual tanto el que siembra como el que siega.
37 Porque aquí se cumple el refrán: Uno es el que siembra y otro el que siega.
38 Yo os he enviado a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajarán y vosotros os habéis beneficiado de su trabajo
39 Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en El, fundados en la palabra de la mujer, que afirmaba: Me descubrió todo cuanto he hecho.
40 Por eso, cuando los samaritanos se presentaron a Jesús le rogaban que se quedase con ellos. Y se quedo allí dos días.
41 Y creyeron mucho mas al oírle a El mismo.
42 Y decían a la mujer: Ya no creemos por tu palabra. Nosotros mismos le hemos oído, y sabemos que El es verdaderamente el Salvador del mundo.
43 Galileos: Jn 4, 43-45
43 Al cabo de los dos días salió de allí hacia Galilea.
44 Aunque Jesús había dicho que ningún profeta es honrado en su propia tierra.
45 Pero cuando llegó a Galilea fue bien recibido por los Galileos que habían visto cuanto había realizado en Jerusalén durante la Pascua, ya que también ellos habían ido a la fiesta.
44 El hijo del oficial: Jn 4, 46-54
46 Volvió a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Estaba allí un funcionario de la Corte que tenía un hijo enfermo en Cafarnaum.
47 Oyendo que Jesús había venido de Judea a Galilea, fué a su encuentro y le suplicó que bajase a curar a su hijo, que se estaba muriendo.
48 Jesús le dijo: Si no veis milagros y prodigios no creéis.
49 El funcionario de la corte le respondió: Señor, ten la bondad de bajar antes que muera mi hijo.
50 Le replicó Jesús: Vete, tu hijo está bien. El hombre creyó en la palabra de Jesús y se alejó.
51 Mientras él caminaba, salieron a su encuentro sus criados para decirle: Tu hijo está bien.
52 Les preguntó la hora en que había comenzado a sentirse mejor; ayer, hacia la una del mediodía, respondieron ellos.
53 Comprobó el padre que esta misma era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo está bien. Y creyeron él y toda su familia.
54 Este fue el segundo milagro realizado por Jesús a su regreso de Judea a Galilea
45 Predicación fallida: Lc 4, 16-30
16 Llegó a Nazaret, donde se había criado, y entró, según costumbre, un sábado en la sinagoga, y se levantó a hacer la lectura.
17 Se le entregó el libro del profeta Isaías y, al desenrollarlo, halló el pasaje en que está escrito:
18 "El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha consagrado; me ha enviado a predicar la buena nueva a los pobres, a anunciar a los cautivos la liberación, y el don de la vista a los ciegos;
19 a poner en libertad a los oprimidos; a promulgar un año de gracia al Señor" (Is 61, 1; 63, 6)
20 Y enrollando el libro, lo entregó al ministro y se sentó. Y los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en El.
21 Comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta escritura, en vuestra presencia.
22 Todos daban testimonio de El y se admiraban de las palabras llenas de gracia que brotaban de sus labios, y decían. ¿No es Este el hijo de José?
23 Y les respondió: Me vais a aplicar sin duda este refrán: Médico, cúrate a ti mismo. Haz aquí, en tu tierra, cuanto hemos oído que has hecho en Cafarnaum.
24 Y añadió: En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.
25 Ciertamente os digo: Muchas viudas había en Israel en tiempo de Elías, cuando el cielo permaneció sin llover por espacio de tres años y seis meses, ocasionando grande hambre en todo el país;
26 sin embargo, a ninguno fue enviado, sino sólo a una viuda que vivía en Sarepta, en territorio de Sidón.
27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y solamente fue curado Naaman el sirio.
28 Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de cólera.
29 Se levantaron y lo expulsaron de la ciudad y lo llevaron hasta la cima del monte sobre la cual estaba edificada su ciudad, con intención de despeñarlo.
30 Mas El, pasando por entre ellos, se marchó.
46 Reside en Cafarnaum: Mt 4, 13-17
13 Y, dejando Nazaret, fijó su residencia en Cafarnaum, junto al mar, en los confines de Zabulón y Neftalí,
14 para que se cumpliese el oráculo del profeta Isaías:
15 "Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar desde la Transjordania, Galilea de los gentiles.
16 El pueblo que yacía en las tinieblas ha visto una gran luz, y sobre aquellos que estaban sentados en la región sombría de la muerte se levantó una luz" (Is 9, 1).
17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar. Decía: Convertíos; porque el Reino de los Cielos está cerca.
47 Pesca milagrosa: Lc 5, 1-11 (Mt 4, 18-22; Mc 1, 16-22)
1 Encontrándose Jesús una vez a orillas del lago de Genesaret, la multitud se apretujaba en torno a El para oír la palabra de Dios.
2 Y vio dos barcas a la orilla del lago; los pescadores, que habían bajado de ellas, estaban limpiando las redes. [(Mc 1) Vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, los cuales tenían echadas las redes en el mar, pues eran pescadores]
3 Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejase un poco de la tierra y sentándose, adoctrinaba desde la barca a la multitud.
4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca.
5 Le respondió Simón: Durante toda la noche hemos trabajado penosamente y no hemos pescado nada, pero confiando en tu palabra, echaré las redes.
6 Hecho esto, pescaron tal cantidad de peces, que las redes se rompían.
7 E hicieron señales a los compañeros de la otra barca, para que vinieran en su ayuda. Acudieron ellos, y de tal modo llenaron las dos barcas, que casi se hundían.
8 Viendo esto Simón Pedro se echó a los pies de Jesús, diciendo: Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador!
9 Es que el estupor se había apoderado de él y de todos sus compañeros, por la cantidad de pesca que habían logrado,
10 lo mismo que de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón. Y Jesús dijo a Simón: No temas, en adelante serás pescador de hombres.
11 Y, después de conducir las barcas a tierra, lo abandonaron todo y le siguieron.
[(Mc 1) No habían andado mucho cuando vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban a su vez en la barca preparando las redes. Al punto los llamó también. Y ellos dejando a su padre, Zebedeo, en la barca con los jornaleros, se fueron en pos de El]
48 Endemoniado: Mc 1, 21-28 (Lc 4, 31-37)
21 Entraron en Cafarnaum; y llegado el sábado fue a enseñar a la sinagoga,
22 y se admiraban de sus enseñanzas, pues les adoctrinaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
23 Estaba entonces en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu inmundo, que vociferó diciendo:
24 ¿Qué tienes que ver Tú con nosotros, Jesús Nazareno? Has venido a perdernos. Sé quien eres, el Santo de Dios.
25 Jesús le increpó diciendo: Enmudece y sal de él.
26 Y el espíritu impuro, atormentándole y gritando estrepitosamente, salió de él [(Lc 4) sin causarle mal alguno].
27 Todos se quedaron atónitos, hasta el punto que se preguntaban unos a otros: ¿Qué es esto? Una enseñanza nueva y llena de autoridad!; pues manda a los espíritus impuros y le obedecen.
28 Pronto su fama llegó a todas partes por las regiones circundantes de Galilea.
49 Suegra de Pedro: Lc. 4, 38-41 (Mt 8, 14-17; Mc 1, 29-34)
38 Saliendo de la Sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba aquejada de una fiebre muy alta e intercedieron ante El en su favor.
39 Se inclinó hacia ella, conminó a la fiebre, y la fiebre cedió completamente; levantándose enseguida, se puso a servirles.
40 A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de cualquier clase de enfermedad, se los traían, y El, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los iba curando.
41 De muchos de ellos también salían demonios que gritaban así: Tu eres el Hijo de Dios!. E increpándolos, no les permitía decir que sabían que El era el Mesías.
50 Extiende la predicación: Lc 4, 42-44 (Mt 4, 23-25; Mc 1, 35-39)
42 Al ser de día, [(Mc 1) antes de amanecer, se levantó Jesús, salió y se alejó a un lugar solitario, donde se puso en oración. Tras El se fueron Simón y sus compañeros, y al encontrarlo le dijeron: Todos te andan buscando. El les respondió: Encaminémonos hacia otra parte, a los poblados cercanos, para predicar yo allí también; pues para esto he venido.] Y cuando dieron con El, intentaron retenerle a su lado.
43 Mas El les dijo: También debo anunciar la buena nueva del reino de Dios a las demás ciudades, pues para esto he sido enviado.
44 Y así andaba predicando por las sinagogas de Judea, [(Mc 1) por toda Galilea, (Mt 4) predicando la buena nueva del reino y curando toda clase de enfermedades y toda dolencia en el pueblo (Mc 1) y arrojando también a los demonios.
(Mt 4) Su fama se extendió a toda la Siria; y le traían a todos los que se encontraban mal de cualquier clase de enfermedad y oprimidos por cualquier dolor, endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curaba. Y le seguía una gran muchedumbre de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén y del otro lado del Jordán.]
51 Leproso: Mc 1, 40-45 (Mt 8, 1-4; Lc 5, 12-16)
40 Se acercó a El un leproso, invocándole y diciéndole de rodillas, [(Lc 5) cayendo rostro en tierra]: Si quieres, me puedes limpiar.
41 Y El, conmovido, extendió la mano y le tocó diciendo: Quiero, queda limpio.
42 Y al instante se le quitó la lepra, quedando limpio.
43 Luego, conminándole, le hizo alejarse con estas palabras:
44 Mira, no digas nada a nadie; sino marcha, muéstrate al sacerdote y, por tu purificación, ofrece lo que ordenó Moisés, para que sirva de prueba del hecho.
45 Pero él, cuando marchó, comenzó a publicarlo todo divulgando el hecho, de modo que Jesús no podía entrar públicamente en ciudad alguna; antes bien, se quedaba fuera en lugares solitarios; pero de todas partes venían a El.
[(Lc 5) Y acudía numerosa gente a oírle y alcanzar remedio a sus enfermedades. Mas El se retiraba a sitios solitarios y se entregaba a la oración]
52 El paralítico de Cafarnaum: Mt 9, 1-18 (Mc 2, 1-12; Lc 5, 17-26)
1 Subiendo a una barca, atravesó el lago y vino a su ciudad.
2 Le llevaron allí un paralítico, acostado en el lecho. [(Mc 2) Y tantos se congregaron, que ni en el patio cabían. El les dirigía la palabra. Entonces le trajeron al paralítico, transportado por cuatro personas. Y al no poder
presentárselo a causa de la multitud, descubrieron el techo por donde El estaba y, hecho un agujero, fueron descolgando la camilla en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de aquellas personas, le dijo al paralítico: Hijo mío, tus pecados quedan perdonados. Pero estaban allí sentados algunos escribas que se pusieron a razonar en su interior: (Lc 5) ¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?]
4 Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?
5 ¿Qué es más fácil decir: Perdonados te quedan tus pecados, o decir: Levántate y anda?
6 Pues bien, para que sepáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados, levántate, dijo al paralítico, toma tu camilla y vete a tu casa.
7 Y él se levantó y se fue a su casa.
8 Al ver esto, las muchedumbres quedaron sobrecogidas de temor y glorificaban a Dios por haber concedido tal poder a los hombres.
53 Vocación de S.Mateo: Mt 9, 9-13 (Mc 2, 13-17; Lc 5, 27-32)
9 Al salir de allí, vio Jesús a un hombre, [(Lc 5) publicano, (Mc 2) Leví, hijo de Alfeo,] llamado Mateo, sentado a la mesa de recaudación de tributos, y le dijo: Sígueme. El se levantó al punto y le siguió, [(Lc 5) abandonándolo todo, y Leví le ofreció en su casa un gran convite.]
10 Estando Jesús sentado a la mesa en su casa, vinieron también muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a la mesa con El y con sus discípulos.
11 Al ver esto los fariseos, preguntaban a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y los pecadores?
12 Lo oyó Jesús y respondió: No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos.
13 Id y aprended lo que significa: "Prefiero la misericordia al sacrificio" (Os 6, 6). Porque Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.
54 Ayuno: Mt 9, 14-17 (Mc 2, 18-22; Lc 5, 33-39)
14 Entonces, se acercaron a El los discípulos de Juan [(Mc 2) y los fariseos que guardaban el ayuno] y le preguntaron: ¿Por qué nosotros y los discípulos de los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?
15 Jesús les respondió: ¿Acaso pueden estar tristes los invitados a la boda, mientras está con ellos el esposo? Días vendrán en que les será quitado el esposo; entonces ayunarán.
16 Nadie echa un remiendo de paño sin abatanar a un vestido viejo, porque la pieza tira del vestido y la rotura se hará mayor.
17 Ni se echa vino nuevo en odres viejos; de lo contrario, se rompen los odres, el vino se derrama y los odres se echan a perder. El vino nuevo se echa en odres nuevos y de este modo los dos se conservan.
17 [(Lc 5) Ningún catador de vino añejo quiere el nuevo, porque dice: El añejo es mejor]
55 El paralítico de la piscina probática: Jn 5, 1-13
1 Después de esto, celebrándose la fiesta de los judíos, subió Jesús a Jerusalén.
2 Hay en Jerusalén, una piscina llamada de las Ovejas, en hebreo Betseda, con cinco pórticos.
3 En estos pórticos yacían muchos enfermos: ciegos, cojos, paralíticos, esperando el movimiento del agua.
4 Pues un ángel del Señor bajaba de cuando en cuando a la piscina y agitaba el agua; y el que primero se zambullía, después de ser agitada el agua, quedaba curado de cualquier enfermedad que padeciese.
5 Había allí un hombre que ya llevaba treinta y ocho años enfermo.
6 Viéndolo Jesús acostado y dándose cuenta del mucho tiempo que llevaba así, le dijo: ¿Quieres curarte?
7 Le respondió el enfermo: Señor, no tengo un hombre -que me eche a la piscina-, al ser agitada el agua; cuando yo intento ir, otro ha bajado ya.
8 Díjole Jesús: Levántate, toma tu camilla y márchate.
9 Inmediatamente quedó curado este hombre, tomó su camilla y se marchó. Aquel día era sábado.
10 Por eso los judíos decían al recién curado: Siendo sábado no te está permitido llevar tu camilla.
11 El que me ha curado, les respondió, Ese mismo me ha dicho: Toma tu camilla y márchate.
12 Le preguntaron: Quién es el que te ha dicho: ¿Toma tu camilla y márchate ?
13 Pero el recién curado no sabía quien era, porque Jesús se había escabullido entre la multitud que había en aquel lugar.
56 Jesús se declara Dios: Jn 5, 14-18
14 Más tarde lo encontró Jesús en el templo y le dijo: Ya ves que has sido curado; no peques más, pues podría acontecerte algo peor.
15 Marchó el hombre y contó a los judíos que era Jesús quien lo había curado.
16 Por esto perseguían los judíos a Jesús, porque realizaba estas cosas en sábado.
17 Pero El les respondió: Mi Padre sigue trabajando hasta ahora, por eso trabajo yo también.
18 Pero esto sirvió para que los judíos con mas ardor intentaran matarlo: Porque no solo quebrantaba el sábado, sino porque llamaba Padre suyo a Dios, haciéndose igual a Dios.
57 Apología de Jesús: Jn 5, 19-30
19 Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: No puede el Hijo hacer nada por propia iniciativa, sino lo que ve hacer al Padre; lo que Este hace, eso mismo hace también el Hijo,
20 porque el Padre ama al Hijo y le manifiesta todo cuanto hace; y le comunica todavía obras mayores que éstas, para que vosotros os maravilléis.
21 Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les devuelve la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere.
22 Pues el Padre no juzga a nadie, sino que todo el poder de juzgar lo ha concedido al Hijo.
23 Para que todos honren al Hijo lo mismo que honran al Padre. Quien no honra al Hijo, tampoco honra al Padre que lo ha enviado.
24 En verdad, en verdad os digo: Quien escucha mi palabra y cree en el que me ha enviado tiene la vida eterna y no es sometido a juicio, pues ha pasado ya de la muerte a la vida.
25 En verdad os digo: Va a venir la hora, y ya estamos en ella, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios y los que la escuchen vivirán.
26 Así como el Padre tiene la vida en Sí mismo, de igual modo ha concedido al Hijo tener vida en Sí mismo.
27 Y le ha dado poder para juzgar, porque es el Hijo del hombre.
28 No os maravilléis de esto, pues va a llegar la hora en la cual todos cuantos están en los sepulcros oirán su voz.
29 Y saldrán los que hicieron el bien para la resurrección de la vida; los que hicieron el mal para la resurrección de la condenación.
30 Yo no puedo hacer nada por mí mismo. Yo juzgo según lo que he oído y mi juicio es justo, porque no hago mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
58 Testimonio sobre Juan: Jn 5, 31-35
31 Si yo soy testigo de mí mismo, mi declaración no es válida;
32 Otro es el que declara en mi favor y sé que la declaración que presta en mi favor es digna de fe.
33 Vosotros enviasteis a preguntar a Juan, y declaró según la verdad;
34 Yo no pretendo invocar en favor mío declaración alguna de hombre, sino que digo estas cosas para vuestra salvación.
35 Aquel era la antorcha que arde y luce, pero vosotros no quisisteis alegraros en su luz, sino por breve tiempo.
59 Obras de Jesús: Jn 5, 36-38
36 Yo tengo una declaración más fuerte que la de Juan: Las obras que el Padre me ha encargado llevar a feliz término, las mismas que estoy realizando, prueban que el Padre me ha enviado.
37 Y el Padre, que me ha enviado, ha declarado en mi favor. Vosotros nunca habéis oído su voz ni contemplado su rostro.
38 Ni su palabra habita en vosotros, porque no creéis en Aquel a quien El ha enviado.
60 Escrituras: Jn 5, 39-47
39 Vosotros examináis las Escrituras, porque pensáis en ellas hallar la vida eterna; pues bien, ellas declaran en mi favor.
40 Y no queréis venir a Mí para obtener la vida.
41 Yo no pretendo la gloria de los hombres;
42 además, veo que en vosotros no hay amor de Dios.
43 Yo he venido en nombre de mi Padre; sin embargo no me habéis recibido. Si alguno viniera en nombre propio, de seguro lo recibiríais.
44 ¿Cómo podéis creer vosotros, que os contentáis con la gloria recibida unos de otros y no buscáis la gloria que viene sólo de Dios?
45 No penséis que yo os vaya a acusar ante el Padre. Os acusa Moisés, en quien vosotros confiáis.
46 Porque si creyerais en Moisés, me creeríais también a Mí, pues él escribió acerca de Mí.
47 ¿Pero si no creéis en sus escritos, como creeréis en mis palabras?
61 Sábado: Mt 12, 1-8 (Mc 2, 23-28; Lc 6, 1-5)
1 En cierta ocasión pasaba Jesús, en sábado, por unos sembrados. Sus discípulos, que tenían hambre, arrancaban espigas e iban comiéndolas.
2 Viéndolos los fariseos, le dijeron: Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado.
3 El les respondió: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres tuvieron hambre?
4 ¿Cómo entró en la casa de Dios y comió con ellos los panes de la proposición que ni él ni sus compañeros podían comer, sino solamente los sacerdotes?
5 ¿O, no habéis leído en la Ley que los sacerdotes del templo quebrantan el sábado sin hacerse culpables?
6 Pues Yo os digo: Aquí hay algo más grande que el templo.
7 Y si hubieseis entendido lo que significa: "Prefiero la misericordia al sacrificio" (Os 6, 6), no hubieseis condenado a los inocentes.
8 Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado [(Mc 2) El sábado fue instituido para el hombre y no el hombre para el sábado]
62 Hombre tullido: Mt 12, 9-14 (Mc 3, 1-6; Lc 6, 6-11)
9 Partiendo de allí entró en su sinagoga [(Lc 6) otro sábado].
10 Había allí un hombre, que tenía la mano [(Lc 6) derecha] seca. [(Mc 3) Espiándolo, (Lc 6) los escribas y fariseos estaban al acecho por ver si realizaba alguna curación en sábado, a fin de tener algo en que fundar su acusación.] Entonces le preguntaron: ¿Es lícito curar en sábado? [(Lc 6) Pero El, que conocía sus pensamientos, dijo al hombre de la mano seca: Levántate y ponte en medio; y levantándose, se mantuvo en pie firme Jesús les dijo: Yo os pregunto: ¿Qué es preferible en sábado, hacer bien o mal? ¿salvar una vida o dejar que se pierda?]
11 El les respondió: ¿Hay alguno entre vosotros que, si la única oveja que tiene se le cae a un pozo en sábado, no vaya a cogerla para sacarla?
12 Pues, cuanto más vale un hombre que una oveja! Por eso, es lícito hacer el bien, también en sábado.
13 Después dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. La extendió y volvió a estar sana como la otra, [(Lc 6) mas ellos, llenos de insensatez, hablaban entre ellos acerca de lo que convenía hacer con Jesús.]
14 Entonces los fariseos, al salir, tuvieron consejo contra El, sobre el modo de perderle.
63 Curaciones: Mt 12, 15-21 (Mc 3, 7-12)
15 Jesús, al saberlo, se retiró de allí [(Mc 3) 7 con sus discípulos se fue junto al mar: y fue seguido de mucha gente de Galilea y de Judea,
8 y de Jerusalén, y de Idumea de Transjordania: también los de la comarca de Tiro y Sidón, en gran multitud, vinieron a verle, oyendo las cosas que hacía.
9 Y dijo a sus discípulos que tuviesen dispuesta una barca, para que el tropel de gente no le oprimiese.
10 Pues curaba a muchos, y se echaban encima de El, para tocarle todos los que tenían males.
11 Y los espíritus inmundos, al verle se arrodillaban delante de El, y gritaban diciendo:
12 Tú eres el Hijo de Dios. Mas El les conminaba con vehemencia para que no le descubriesen.]
17 Con lo cual se cumplió la profecía de Isaías que dice:
18 "Mirad este es mi Siervo, al que he elegido, mi Amado, en quien se complace mi alma. Yo pondré mi Espíritu sobre El, y El anunciará la justicia a las naciones.
19 No altercará ni gritará. No se oirá su voz en las plazas.
20 No terminará de romper la caña cascada, ni apagará la mecha humeante hasta que finalmente haga triunfar la justicia.
21 En su Nombre pondrán su esperanza los gentiles" (Is 42, 1-4)
64 Vocación de los Apóstoles: Lc 6, 12-19 (Mt 10, 1-4; Mc 3, 13-19)
12 Por aquellos días se fue al monte para orar, y pasaba la noche haciendo oración a Dios.
13 Cuando fue de día, llamó a sus discípulos y escogió de entre ellos a doce, a quienes dio el nombre de Apóstoles. [(Mc 3) Llamó a los que le pareció bien, llegándose ellos hasta Jesús. Eran doce los que escogió para que permanecieran con El y para enviarlos a predicar, con poder de arrojar a los demonios:]
14 Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, y a Andrés, su hermano; a Santiago [(Mc 3) hijo de Zebedeo, y Juan, el hermano de Santiago, a los que llamó Boanerger, que quiere decir Hijos del Trueno;] Felipe y Bartolomé,
15 a Mateo, [(Mt 10) el publicano], y a Tomás; a Santiago, el de Alfeo, y a Simón, [(Mc 3) el cananeo,] llamado Zelotes; a Judas [(Mt 10) Tadeo, hermano de Santiago,]
16 y Judas Iscariote, que sería el traidor.
17 Y al bajar con ellos, se paró en un lugar del campo, juntamente con los discípulos y un gran gentío de toda Judea y Jerusalén, de los países marítimos de Tiro y Sidón,
18 que habían venido a oírle y a ser curados de sus dolencias. Asimismo los vejados por espíritus inmundos eran curados.
19 Y todo el mundo procuraba tocarlo: porque salía de El una virtud que daba la salud a todos.
65 Bienaventuranzas: Mt 5, 1-12 (Lc 6, 20-26)
1 Cuando Jesús vio la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Sus discípulos se le acercaron.
2 Y, tomando la palabra, les enseñaba diciendo:
3 Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos
4 Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra.
5 Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados.
6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
7 Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia.
8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios.
9 Bienaventurados los pacíficos porque serán llamados hijos de Dios.
10 Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
11 Bienaventurados seréis cuando os insulten, cuando os persigan y levanten contra vosotros toda clase de calumnias por mi causa.
12 Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues así persiguieron a los profetas que fueron antecesores vuestros.
66 Maldiciones: Lc 6, 24-26
24 Mas, Ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo! 25 Ay de vosotros los que estáis hartos ahora, porque padeceréis hambre!. Ay de vosotros los que reís ahora, porque tendréis duelo y lloraréis!
26 Ay cuando los hombres hablen bien de vosotros; porque así hacían sus antepasados con los falsos profetas!
67 La sal y la luz: Mt 5, 13-16 (Lc 11, 33-34)
13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se hiciese insípida, ¿con que se la volvería a salar? Para nada sirve, sino para ser arrojada fuera y ser pisada por los hombres.
14 Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no puede ocultarse;
15 ni se enciende una lámpara para colocarla debajo del celemín, sino sobre el candelero; y así alumbre a todos los que están en la casa.
16 Que vuestra luz brille de modo semejante ante los hombres, para que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
68 Cumplimiento de la Ley: Mt 5, 17-19
17 No sigáis pensando que he venido a abrogar la Ley o a los Profetas: No he venido a abrogar, sino para perfeccionar.
18 Porque en verdad os digo: Mientras existan el cielo y la tierra, ni un solo ápice o un rasgo de la Ley pasarán sin que todo se haya cumplido.
19 Por consiguiente, cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos, aún de los más insignificantes, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será el mas pequeño en el Reino de los Cielos.
69 Faltar a la Caridad: Mt 5, 20-26
20 Porque os aseguro que si vuestra virtud no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.
21 Habéis oído que fue dicho a los antiguos: "No matarás: aquel que matare, será sometido a juicio" (Ex 20, 13; 21, 12).
22 Pero yo os digo: Todo aquel que se enoje contra su hermano, será reo de juicio; el que lo llamare "raca", será reo del consejo. Mas quien le llamare fatuo, será reo del infierno.
23 Por eso, si vas a presentar tu ofrenda sobre el altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,
24 deja allí tu ofrenda, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano. Ven después y ofrece tu don.
25 Arregla amistosamente las cosas con tu enemigo mientras estás con él en el camino, no sea que tu enemigo te entregue al juez, el juez te entregue al guardia y te metan en la cárcel.
26 En verdad te digo: no saldrás de allí mientras no hayas pagado el último céntimo.
70 La Moral sexual: Mt 5, 27-30
27 Habéis oído que fue dicho: "No cometerás adulterio" (Ex 20, 14).
28 Pero Yo os digo: Todo aquel que mira a una mujer, deseándola, ha cometido ya adulterio en su corazón.
29 Por tanto, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo lejos de ti; porque te conviene más que perezca uno de tus miembros, que todo tu cuerpo sea arrojado en el infierno.
30 Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti; porque te conviene más que perezca uno de tus miembros, que todo tu cuerpo sea arrojado en el infierno.
71 Matrimonio: Mt 5, 31-32
31 También se dijo: "El que repudie a su mujer, déle el acta de repudio (Dt 24, 1).
32 Pero yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de concubinato, la induce al adulterio; y aquel que se casa con la repudiada, comete adulterio.
72 Juramento: Mt 5, 33-37
33 Igualmente habéis oído que fue dicho a los antiguos: "No perjurarás, sino que cumplirás lo que has jurado al Señor" (Ex 20, 7; Nm 30, 2)
34 Pero yo os digo: No juréis en modo alguno: ni por el cielo, porque es trono de Dios;
35 ni por la tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.
36 Tampoco jurarás por tu cabeza; porque eres incapaz de volver blanco o negro uno solo de tus cabellos.
37 Sea pues, vuestra palabra: sí, cuando es sí; no, cuando es no. Lo que pase de de esto viene del espíritu del mal.
73 Ley del Talión: Mt 5, 38-42 (Lc 6, 2-36)
38 Habéis oído que fue dicho: "Ojo por ojo y diente por diente" (Lv 34, 20).
39 Pero Yo os digo: No os venguéis del que os hace mal; mas si alguno te abofetea la mejilla derecha, preséntale la otra.
40 Y al que quiera litigar contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto.
41 Y si alguno te requiere para acompañarle mil pasos, vete con él otros dos mil.
42 Da al que te pida y no vuelvas el rostro al que te quiere pedir prestado, [(Lc 6) 30 y a quien te quita lo suyo, no se lo reclames]
74 Buenos y malos: Mt 5, 43-48 (Lc 6, 27-28; 31-36)
43 Habéis oído que fue dicho: "Amarás a tu prójimo (Lv 19, 18) y odiarás a tu enemigo".
44 Pero Yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen.
45 De este modo seréis hijos de vuestro Padre celestial, porque El hace salir su sol sobre buenos y malos y hace que llueva sobre justos y pecadores.
46 Porque si amáis a aquellos que os aman, ¿qué recompensa merecéis? ¿Acaso no hacen esto los mismos publicanos?
47 Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿Acaso no hacen esto también los paganos?
48 Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto. [(Lc 6) Y si diereis prestado a aquellos de quienes esperáis cobrar, ¿qué mérito es el vuestro? También los pecadores prestan a pecadores, con intención de recobrarlo.]
75 Limosna: Mt 6, 1-4
1 Guardaos de hacer vuestras obras buenas delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario perderéis toda recompensa ante vuestro Padre que está en los cielos.
2 Por tanto, cuando des limosna, no permitas que vayan tocando la trompeta delante de tí. Así lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en los caminos, para ser alabados por los hombres. En verdad os digo: Recibieron su recompensa.
3 Cuando tu des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha,
4 para que tu limosna sea secreta; y tu Padre, que ve lo oculto, te recompensará.
76 Oración: Mt 6, 5-8
5 Cuando oréis, no imitéis a los hipócritas: ellos prefieren orar en público: en las sinagogas y en los ángulos de las plazas, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo: Recibieron su recompensa.
6 Tú, cuando quieras orar, retírate a tu habitación, ciérrate la puerta y ora a tu Padre que está allí, en secreto; y tu Padre, que ve lo oculto, te recompensará.
7 Cuando hagáis oración, no multipliquéis vanamente las palabras como los gentiles, pues creen que por su verborrea serán escuchados.
8 No os asemejéis a ellos, porque vuestro Padre conoce vuestras necesidades antes de que le pidáis.
77 Padre nuestro: Mt 6, 9-15
9 Orad pues de este modo: Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre,
10 venga tu Reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.
11 El pan nuestro de cada día dánosle hoy.
12 Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores,
13 y no nos sometas a la tentación, mas líbranos del mal.
14 Porque si perdonáis a los hombres sus faltas, vuestro Padre celestial también os perdonará;
15 pero si vosotros no perdonáis a los demás, vuestro Padre tampoco os perdonará vuestras faltas.
78 Penitencia: Mt 6, 16-18
16 Cuando ayunéis, no pongáis una cara tétrica como hacen los hipócritas: Desfiguran su aspecto para hacer ver a los demás que ayunan. Con seguridad os digo: Recibieron su recompensa.
17 Tú, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu cara,
18 para no hacer ver a los demás que ayunas, sino solamente a tu Padre que está allí, en lo secreto, y tu Padre, que ve lo oculto, te recompensará.
79 Bienes terrenos: Mt 6, 19-23
19 No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y el cardenillo los destruyen; y los ladrones horadan los muros para robarlos.
20 Amontonad, mas bien, tesoros en el cielo; pues allí ni la polilla ni el cardenillo los destruyen, ni los ladrones horadan los muros para robarlos.
21 Porque donde está tu tesoro, allí esta tu corazón.
22 La lámpara del cuerpo es el ojo; por tanto, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará iluminado.
23 Pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Si pues, la luz que hay en tí es tinieblas, cómo serán las tinieblas mismas!
24 Nadie puede servir a dos señores: porque o bien odiará al uno y amará al otro o bien se adherirá al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y las riquezas.
80 Divina Providencia: Mt 6, 25-33
25 Por eso os digo: No os inquietéis ansiosamente por vuestra vida, pensando qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, con qué lo vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento y el cuerpo más que el vestido?
26 Observad las aves del cielo. No siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta; ¿No valéis vosotros más que ellas?
27 ¿Quién de vosotros, a fuerza de pensar, es capaz de prolongar un momento más su vida?
28 Y acerca del vestido, ¿por qué os preocupáis con tanta ansiedad? Observad como crecen los lirios del campo: No trabajan, ni hilan.
29 Y sin embargo, Yo os aseguro que ni Salomón, con toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
30 Pues bien, si a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al fuego, Dios así la viste, ¿cuanto más a vosotros, hombres de poca fe?
31 Por eso, no estéis angustiados diciendo: Qué comeremos, qué beberemos, con qué nos vestiremos!
32 Los paganos buscan con ansiedad estas cosas.
33 Buscad pues, primero, el Reino y su justicia, todas estas cosas os serán dadas por añadidura.
81 Fe: Mt 6, 34
34 No os inquietéis, pues por el día de mañana, porque el día de mañana tiene su preocupación propia. A cada día le basta su trabajo.
82 Juicios: Lc 6, 36-42 (Mt 7, 1-6)
36 Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso.
37 No juzguéis y no seréis juzgados; [(Mt 7) con el mismo juicio con que vosotros juzguéis, seréis juzgados;] no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados.
38 Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida, desbordante se os echará en vuestro regazo; porque la medida que emplearéis con los demás, esa misma se empleará con vosotros.
39 Les propuso también una comparación: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego ? ¿No caerán ambos en el hoyo?
40 No es el discípulo más que el maestro; sino que el discípulo más adelantado será como su maestro.
41 ¿Por qué te fijas en la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo?
42 ¿O, cómo te atreves a decir a tu hermano: Hermano, deja que saque la brizna que tienes en tu ojo, tu que no ves la viga que hay en el tuyo? Farsante, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás para sacar la brizna que está en el ojo de tu hermano.
[(Mt 7) 6 No deis las cosas santas a los perros ni echéis vuestras perlas a los puercos, no sea que las pisen con sus patas y se vuelvan contra vosotros para morderos]
83 Oración perseverante: Mt 7, 7-11
7 Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.
8 Porque el que pide, recibe; el que busca halla; y al que llama, se le abre.
9 ¿Hay alguno que, cuando su hijo le pide pan, le dé una piedra?
10 Y, si le pide un pez, ¿le dará una serpiente?
11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuanto más vuestro Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que le piden!
84 Puerta estrecha: Mt 7, 12-14
12 Por tanto, haced a los demás aquello que quisisteis que os hagan a vosotros. Este es el contenido de la Ley y los Profetas.
13 Entrad por la puerta estrecha; porque la puerta ancha y el camino espacioso llevan a la perdición, y son muchos los que caminan por ellos.
14 Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida!, y qué pocos son los que lo encuentran!
85 Falsos profetas: Mt 7, 15-20
15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros disfrazados de ovejas, pero que, en su interior, son lobos rapaces.
16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Se cogen, acaso, uvas de los espinos o higos de los abrojos?
17 Todo árbol bueno da buenos frutos y todo árbol malo da frutos malos.
18 Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producirlos buenos.
19 El árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego.
20 Por sus frutos, pues, los conoceréis.
86 Señor, Señor: Mt 7, 21-23 (Lc 6, 43-46)
21 No todo el que me dice: Señor, Señor! entrará en el Reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre que esta en los cielos.
22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor!, ¿No hemos profetizado en tu Nombre? ¿No hemos hecho milagros en tu Nombre?
23 Entonces Yo les diré: Jamás os he conocido. Apartaos de Mí, obradores de iniquidad. [(Lc 6) El hombre bueno extrae cosas buenas del tesoro de su corazón; y el malo, del fondo malo, extrae cosas malas; porque su boca habla de lo que está lleno el corazón]
87 Sobre roca: Mt 7, 24-29 (Lc 6, 47-49)
24 Por eso, todo aquel que escucha las palabras que acabo de decir y las pone por obra, puede ser comparado a un hombre avisado que edificó su casa sobre roca.
25 Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y se desencadenaron contra aquella casa, pero no se hundió; porque estaba cimentada sobre roca.
26 Pero aquel que escucha estas palabras que acabo de decir y no las pone en obra, puede ser comparado a un hombre que edificó su casa sobre arena, [(Lc 6) sin fundamento].
27 Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y se desencadenaron contra aquella casa y se desplomó, siendo muy grande su ruina.
28 Cuando Jesús terminó este discurso, las turbas quedaron admiradas de su doctrina;
29 porque enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas
88 Curación de un Leproso: Mt 8, 1-4
1 Cuando Jesús bajó de la montaña, le seguía una gran muchedumbre de gente.
2 En esto, se acercó un leproso y se prosternó ante El diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
3 Jesús extendió la mano y le tocó diciendo: Quiero, sé limpio. Y al momento, le desapareció la lepra.
4 Y Jesús le advirtió: Mira no se lo digas a nadie. Pero vete a presentarte al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés, para que ellos tengan una prueba del hecho.
89 El centurión: Mt 8, 5-13 (Lc 7, 1-10)
[(Lc 7) 2 Había un Centurión que tenía un siervo, al que apreciaba, enfermo de muerte. 3 Y como oyese hablar de Jesús, le envió unos ancianos judíos, rogándole que viniera a salvar a su siervo. 4 Llegando a Jesús, le rogaban solícitos diciéndole: Es digno de que le atiendas, 5 porque aprecia a nuestras gentes, y nos ha edificado una Sinagoga]
5 Al entrar en Cafarnaum, se le acercó el Centurión, suplicándole,
6 en estos términos: Señor, mi criado yace en casa, paralítico, y sufre mucho.
7 Jesús le dijo: Yo iré y le curaré.
8 Señor, replicó el centurión, yo no soy digno de que entres en mi casa; di solamente una palabra y mi criado quedará curado.
9 Porque también yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados a mis ordenes, y digo a uno : Ve, y va; al otro: Ven, y viene; y a mi criado: Haz esto, y lo hace.
10 Al oírle Jesús, quedó admirado y dijo a los que le seguían: En verdad os digo: No he hallado fe tan grande en Israel.
11 Y os aseguro que vendrán muchos de Oriente y de Occidente y se sentarán a la mesa con Abraham y Jacob, en Reino de los Cielos;
12 mientras que los hijos del Reino serán arrojados fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el crujir de dientes.
13 Y dijo al centurión: Vete; hágase conforme has creído [(Lc 7) 10 Al volver, los enviados encontraron sano al criado, que había estado enfermo]
11 Al día siguiente, Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naín, acompañado de sus discípulos y de buen numero de gente.
12 Al llegar cerca de la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un difunto, hijo único de viuda, la cual iba acompañada por mucha gente de la ciudad.
13 Al verla el Señor, sintió compasión hacia ella y le dijo: No llores.
14 Y acercándose al féretro, lo tocó -y los que lo llevaban se detuvieron- y dijo: Muchacho, te lo digo, levántate.
15 Y el difunto se incorporó y comenzó a hablar. Y se lo entregó a su madre.
16 Se apoderó de todos el temor, y comenzaron a alabar a Dios, diciendo: Un gran profeta ha surgido en medio de nosotros: y Dios ha venido en auxilio de su pueblo.
17 Este parecer acerca de El se difundió por toda Judea y por todas las regiones colindantes.
91 Prisión de Juan: Lc 3, 19-20
19 Pero el tetrarca Herodes, que había sido reprendido por él -Juan- con motivo de Herodías, mujer de su hermano, y con motivo de todas las maldades que había cometido,
20 añadió ésta a las demás maldades: la de encerrar a Juan en la cárcel.
92 El precursor: Mt 11, 2-10 (Lc 7, 18-23)
2 Juan, enterado en la cárcel de las obras de Cristo, envió a sus discípulos para que le preguntasen:
3 ¿Eres Tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?
4 Jesús les respondió: Id y anunciad a Juan lo que estáis oyendo y viendo:
5 Los ciegos recobran la vista, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados.
6 Y bienaventurado aquel que no encuentra en Mí, ocasión de perdición.
7 Cuando los enviados se marcharon, Jesús se puso a hablar de Juan a la muchedumbre: ¿Qué fuisteis a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
8 Entonces ¿qué fuisteis a ver? ¿Un hombre lujosamente vestido?: Los que llevan vestidos lujosos viven en los palacios de los reyes.
9 Entonces, ¿a qué fuisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os lo aseguro Yo, y más que un profeta.
10 Porque éste es de quien está escrito: "Mira, Yo envío a mi mensajero delante de Ti, que debe prepararte el camino" (Mal 3, 1)
93 Testimonio de Jesús: Lc 7, 24-30 (Mt 11, 11-15)
24 En aquel momento curó a muchos de enfermedades y de achaques corporales y espíritus malos, y a muchos ciegos devolvía la vista.
94 Elogio de Juan Bautista: Mt 11, 11-19 (Lc 7, 31-35)
11 En verdad os digo: Entre los nacidos de mujer no ha aparecido ninguno mayor que Juan Bautista; pero el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.
12 Desde los días de Juan Bautista, el Reino de los Cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan.
13 Todos los profetas y la Ley, hasta Juan, han profetizado.
14 Y si lo queréis admitir, el es aquel Elías que ha de venir.
15 El que oye entienda.
16 ¿A quién compararé esta raza? Es semejante a unos niños que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros:
17 "Os hemos tocado la flauta y no habéis danzado. Os hemos cantado cantos lúgubres y no habéis llorado".
18 Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Esta poseído del demonio.
19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe; y dicen: Es un comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores. Mas los hechos han dado la razón a los planes de Dios.
36 Un fariseo invitó a Jesús a comer con él; entró pues, en casa del fariseo, y se puso a la mesa.
37 Inmediatamente se presentó una mujer, que era conocida en la ciudad como pecadora; la cual, enterándose que comía en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro lleno de perfume;
38 y puesta detrás, junto a sus pies, llorando, comenzó con sus lágrimas a bañarle sus pies, y con los cabellos de su cabeza se los enjugaba; y los besaba cálidamente y los ungía con el perfume.
39 Viendo esto el fariseo que lo había invitado, se dijo para sí: Si este fuera profeta, conocería quien y qué clase de mujer es ésta que le está tocando, pues es una pecadora.
40 Jesús le dijo: Simón, tengo algo que decirte. Maestro, dilo, replicó.
41 Un prestamista tenía dos deudores: Uno le debía quinientos denarios; otro cincuenta.
42 Como no tenían con qué pagar, les perdonó a ambos. Quién pues de ellos lo amará más?
43 Respondió Simón: Yo creo que aquel a quién más perdonó. Jesús le replicó: Bien has juzgado.
44 Y, vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esa mujer? He entrado en tu casa y no me has ofrecido agua para los pies; mas esta los ha bañado con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos.
45 Tu no me has dado el beso de paz; mas ésta, desde que ha entrado, no ha dejado de besar mis pies.
46 Tu no has ungido con aceite mi cabeza; mas ésta ha ungido mis pies con perfume.
47 Por eso, te digo: Le quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho. Mas a quien poco se perdona, poco ama.
48 Y dijo a la mujer: Quedan perdonados tus pecados.
49 Y los comensales comenzaron a decir en su interior: ¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados?
50 Por fin, dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado; vete en paz.
96 Santas mujeres: Lc 8, 1-3 (Mc 3, 20-21)
1 Luego de esto, pasaba Jesús de ciudad en ciudad y de aldea en aldea, predicando la buena nueva del reino de Dios, y con El iban los doce,
2 y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y de enfermedades: María, llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios.
3 Juana, mujer de Cusa, administrador de Herodes, Susana y otras muchas, las cuales les sostenían con sus bienes. [(Mc 3, 20-21): 20 Vueltos a casa, se congregó de nuevo la muchedumbre, de manera que no podían ponerse a comer. 21 Enterados los suyos, salieron para recogerlo, pues decían que lo volvían loco]
97 Poseso: Lc 11, 14-26 (Mt 12, 22-27; Mc 3, 22-30)
14 Estaba lanzando un demonio mudo [(Mt 12) y ciego], y apenas el demonio salió, habló el mudo; y se admiraban las gentes. [(Mt 12) y decían: ¿Es Este el Hijo de David?]
15 Sin embargo, algunos de entre los presentes [(Mt 12) Fariseos] dijeron: Mediante el poder de Beelzebub, príncipe de los demonios, arroja los demonios.
16 Otros, con ánimo de tentarlo, requerían de El una señal procedente del cielo.
17 El, conociendo sus pensamientos, les dijo: Todo reino en lucha consigo mismo va a la ruina y cae una casa sobre otra.
18 Y si Satanás está en lucha consigo mismo, ¿Como va a permanecer su reino? Porque decís que mediante el poder de Beelzebub arrojo Yo los demonios.
19 Y si arrojo Yo los demonios mediante el poder de Beelzebub, ¿Mediante que poder los arrojan vuestros hijos? Por eso, ellos mismos os dilucidarán la cuestión.
20 Mas si con el poder de Dios lanzo los demonios, quiere decir que ha llegado ya a vosotros el reino de Dios.
21 Cuando un hombre fuerte, bien armado, guarda su palacio, todo cuanto posee está seguro;
22 mas cuando, llegando uno más fuerte, le vence, le quita las armas en que ponía su confianza y reparte su botín.
23 Quien no está conmigo, esta contra Mí; y quien conmigo no recoge, desparrama.
24 Cuando el espíritu inmundo ha salido de un hombre, anda por lugares solitarios en busca de reposo; al no hallarlo, se dice a sí mismo: Volveré a mi casa de donde he salido.
25 Y llegando, la halla barrida y ordenada.
26 Marcha entonces y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrando, se establecen allí; y así la situación de aquel hombre resulta peor que la primera.
98 Feliz quien oye: Lc 11, 27-28
27 Mientras decía estas cosas, una mujer, levantando la voz en medio del gentío, exclamó: Dichoso el seno que te llevó y los pechos que mamaste.
28 El respondió: Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica
99 Contra el Espíritu Santo: Mt 12, 31-37 (Mc 3, 28-30)
31 Por eso, Yo os digo: Todos los pecados y blasfemias serán perdonados a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada.
32 Si alguien dice algo contra el Hijo del hombre, le será perdonado; pero quien haya hablado contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este mundo ni en el futuro.
33 Admitís que el árbol es bueno, si su fruto es bueno, o admitís que el árbol es malo, si su fruto es malo; porque por el fruto se conoce al árbol.
34 Raza de víboras! ¿Cómo podéis vosotros decir cosas buenas, siendo malos?; porque de la abundancia del corazón habla la boca.
35 El hombre bueno, de su buen corazón saca cosas buenas, y el hombre malo, de su mal corazón saca cosas malas.
38 Y yo os digo que, en el día del Juicio, los hombres deberán dar cuenta de toda palabra dicha por ellos sin fundamento.
37 Porque por tus palabras serás reconocido justo y por tus palabras serás condenado.
100 Signo de Jonás: Mt 12, 38-42 (Lc 11, 29-32)
38 Entonces, algunos escribas y fariseos le replicaron: Maestro, nosotros queremos ver un signo hecho por Tí.
39 Pero El les respondió: Esta raza mala y adúltera reclama un signo; pero no le será dado otro, sino el del profeta Jonás.
40 Porque, como Jonás estuvo tres días y tres noches (Jn 2, 1) en el vientre del cetáceo, así el Hijo del hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra.
41 Los ninivitas resucitarán el día del juicio al mismo tiempo que esta raza, y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás; y aquí hay algo más que Jonás.
42 La reina del mediodía resucitará el día del juicio al mismo tiempo que esta raza, y la condenará; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón; y aquí hay algo más que Salomón.
101 Lámpara del cuerpo: Lc 11, 33-36 (Mc 4, 22-24)
33 Nadie que enciende la lámpara la pone en sitio oculto o debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que los que entren vean el resplandor.
34 La lámpara del cuerpo son tus ojos. Si tus ojos están sanos, también todo tu cuerpo está bañado de luz; mas cuando están enfermos, también tu cuerpo está sumido en tinieblas.
35 Procura que la luz que hay en ti no sea oscuridad.
36 Pues si todo tu cuerpo está iluminado, sin tener parte alguna oscura, todo el brillará, como cuando la lámpara te ilumine con su fulgor.
102 Parientes de Jesús: Mt 12, 46-50 (Mc 3, 31-35; Lc 8, 19-21)
46 Todavía estaba hablando a las muchedumbres, cuando llegaron su Madre y sus hermanos -parientes-, que se quedaron fuera, y deseaban hablar con El, [(Lc 8) y no podían llegar hasta El, a causa del gentío. (Mc 3) La muchedumbre se había acomodado alrededor.]
47 Alguien le dijo: Mira, tu Madre y tus hermanos están fuera y desean hablar contigo.
48 El respondió al que se lo había anunciado: ¿Quién es mi Madre y quiénes mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos [(Mc 3) y mirando a los que hacían corro a su alrededor], dijo: Estos son mi madre y mis hermanos.
49 Porque mi Madre y mis hermanos son aquellos que hacen la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.
103 Sembrador: Lc 8, 4-8 (Mt 13, 1-19; Mc 4, 1-9)
[(Mt 13) 1 En aquel día saliendo Jesús de casa, se sentó a la orilla del mar. 2 Y se juntó alrededor de El un concurso tan grande de gentes, que fue preciso subir a una barca y sentarse en ella: y toda la turba estaba en la ribera]
4 Habiéndose reunido gente que había llegado a El de todas las ciudades, díjoles en parábolas:
5 Salió un sembrador a sembrar su simiente. Y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, donde fue pisoteada y los pájaros del cielo se la comieron.
6 Otra parte en tierra rocosa, y apenas nacida, se secó por falta de humedad.
7 Otra parte cayó entre las espinas, que crecieron al mismo tiempo y la ahogaron.
8 Otra parte cayó en buen terreno y, una vez crecida, produjo el ciento por uno. Dicho esto, exclamó: Quien tenga oídos para oír, que oiga.
104 Explicación de la parábola: Lc 8, 9-15 (Mt 13, 10-23; Mc 4, )
9 Preguntábanle sus discípulos que significaba la parábola.
10 El contestó: A vosotros ha sido concedido conocer los misterios del Reino de Dios; pero a los demás se habla en parábolas, de forma que viendo no vean y oyendo no entiendan.
11 Este es el significado de la parábola: La simiente es la palabra de Dios.
12 Los granos caídos junto al camino son aquéllos que oyen, pero luego viene el diablo y arrebata la palabra de su corazón para que no crean y se salven.
13 Los granos caídos en terreno rocoso son aquéllos que cuando oyen, acogen con gozo la palabra, pero no tienen raíces; creen durante algún tiempo, pero cuando viene la prueba sucumben.
14 El grano caído entre zarzas representa a aquéllos que escuchan, pero andando el tiempo se ven asfixiados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a dar fruto maduro.
15 El grano caído en terreno bueno indica aquéllos que, habiendo escuchado la palabra con noble y virtuoso corazón, la conservan y hacen fructificar mediante su constancia.
105 Sentencias: Lc 8, 16-18 (Mc 4, 21-25)
16 Nadie enciende una lámpara para cubrirla con una vasija o ponerla debajo de la cama, sino que la pone sobre un candelero, a fin de que cuantos entren vean la luz.
17 Porque no hay nada escondido que no termine por descubrirse, ni nada secreto que no acabe por ser conocido y puesto en claro.
18 Considerad, pues, el modo como escucháis: porque al que tiene se le dará; y al que no tiene, aún lo que cree tener, se le quitará. [(Mc 4) La medida con que midiereis a los demás se aplicará con creces para mediros a vosotros.]
106 Grano que crece: Mc 4, 26-29
26 Decía también: El reino de Dios es algo así como si un hombre esparciera la semilla en la tierra.
27 El puede dormir o estar levantado noche y día. La semilla germina y se desarrolla de un modo que él desconoce.
28 La tierra da sus frutos espontáneamente: Primero hierba, luego espiga, finalmente grano lleno en la espiga.
29 Y cuando el fruto lo permite, se echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la siega.
107 Simiente: Mt 13, 24-30
24 Les propuso otra parábola: El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que había sembrado buena semilla en su campo.
25 Mientras su gente dormía, vino su enemigo y sembró cizaña enmedio del trigo y se fue.
26 Cuando el trigo creció y apareció la espiga, entonces apareció también la cizaña.
27 Los criados del dueño de la casa vinieron a decirle: ¿Señor, no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo pues tiene cizaña?
28 El les respondió: Esto lo ha hecho algún enemigo mío. Los criados le preguntaron: ¿Quieres que vayamos a arrancarla?
29 No, les respondió, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis juntamente con ella el trigo.
30 Dejad que crezcan los dos juntos hasta la siega, y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en haces para quemarla; en cuanto al trigo recogedlo en mis graneros.
108 Mostaza y fermento: Mt 13, 31-35 (Mc 4, 30-34; Lc 13, 18-21)
31 Propúsoles otra parábola diciendo: El Reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomó en su mano un hombre y lo sembró en su campo.
32 El cual es mínimo entre todas las semillas; mas creciendo, viene a ser mayor que todas las legumbres. Y hácese árbol, de forma que las aves del cielo bajan y se establecen en sus ramas.
33 Y añadió esta otra parábola: El Reino de los cielos es semejante a la levadura, que cogió una mujer y mezcló con tres medidas de harina, hasta que toda la masa quedó fermentada.
34 Todas estas cosas dijo Jesús en parábolas a las multitudes; y nada les decía sin parábolas,
35 cumpliéndose así el oráculo del profeta: "Hablaré en parábolas, manifestaré cosas ocultas desde la creación del mundo" (Ps 77, 2).
109 Explicación de la Parábola de la cizaña: Mt 13, 36-43
36 Entonces, dejando las turbas, se volvió a casa. Se le acercaron los discípulos y le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña en el campo.
37 El, tomando la palabra: El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;
38 el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña los hijos del maligno;
39 el enemigo que la siembra es el diablo; la siega es el fin del mundo y los segadores los ángeles.
40 Pues, del mismo modo que es recogida la cizaña y quemada en el fuego, así será al fin del mundo.
41 El Hijo del hombre mandará a sus ángeles que quitarán de su Reino todos los escándalos y los obradores de iniquidad,
42 y los arrojaran al horno ardiente: Allí será el llanto y crujir de dientes.
43 Entonces los justos brillarán como el sol, en el Reino de su Padre. El que oye entienda.
110 Tesoro: Mt 13, 44-46
44 El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo. El hombre que lo encuentra vuelve a ocultarlo y, en su alegría va, vende cuanto tiene y compra aquel campo.
45 También es semejante el Reino de los cielos a un mercader que anda en busca de perlas preciosas.
46 Cuando encuentra una de gran valor va, vende todo lo que posee y la compra.
111 Red de pesca: Mt 13, 47-52
47 También es semejante el Reino de los Cielos a una red que, echada al mar, recoge toda clase de peces.
48 Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla, se sientan, recogen los buenos en canastas y tiran los malos.
49 Así ocurrirá al fin del mundo. Vendrán los ángeles y separaran los malos de en medio de los justos,
50 y los arrojarán en el horno ardiente. Allí será el llanto y el crujir de dientes.
51 ¿Habéis entendido todo esto? Sí, le contestaron.
52 Y les dijo a ellos: Por eso, un Escriba docto del Reino de los cielos, es semejante a un padre de familia que saca de su tesoro, cosas nuevas y viejas.
112 Tempestad: Mt8, 23-27 (Mc 4, 35-40; Lc 8, 22-25)
23 Cuando subió a la barca, sus discípulos le siguieron.
24 Y sucedió que una gran tempestad se desencadenó en el mar hasta el punto que las olas cubrían la barca. [(Mc 4) Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre una almohada]
25 Entonces, ellos se acercaron y le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos que perecemos!
26 Y les dijo: ¿Por que tenéis tanto miedo, hombres de poca fe? El se levantó, mandó a los vientos y al mar, y se hizo una gran calma.
27 Los hombres quedaron admirados y se decían: ¿Quién es éste a quien los vientos y el mar le obedecen?
113 Endemoniados: Mc 5, 1-20 (Mt 8, 29-34; Lc 8, 26-39)
1 Y llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos.
2 Cuando Jesús hubo salido de la barca, pronto vino a su encuentro, procedente de los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo:
3 el cual tenía su morada en los mismos sepulcros y nadie le podía sujetar de modo alguno, ni siquiera con cadenas, [(Lc 8) desde hacía mucho tiempo no llevaba vestido alguno,]
4 pues muchas veces le habían amarrado con grillos y cadenas, rompiendo él las cadenas y deshaciendo los grillos, sin que nadie le pudiera dominar.
5 Y se pasaba constantemente, el día y la noche, por los sepulcros y los montes dando alaridos e hiriéndose a sí mismo con piedras.
6 Al ver a Jesús desde lejos, corrió y se posó ante El,
7 y dando gritos le dijo: ¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo? Por Dios te conjuro, no me atormentes.
8 Es que Jesús le decía: Márchate de este hombre, espíritu inmundo.
9 Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? El respondió: Me llamo Legión, pues somos muchos [(Lc 8) Porque habían entrado muchos demonios en él]
10 Y le rogaban con insistencia que no les echase fuera de la región.
11 Había allí una gran piara de cerdos paciendo por el monte
12 y los espíritus le rogaron diciendo: Echanos a los cerdos para que entremos en ellos.
13 Jesús se lo permitió al instante. Y saliendo [(Lc 8) del hombre], los espíritus inmundos entraron en los cerdos; y la piara, de unos dos mil, se lanzó por el despeñadero hasta el mar, ahogándose en él.
14 Los que los apacentaban huyeron, haciendo saber el hecho por la ciudad y los campos. Y la gente se llegó a ver que había sucedido.
15 Llegando hasta Jesús, contemplaron sentado, vestido y en su sano juicio al endemoniado, que había estado poseído por una legión; y les entró miedo.
16 Los que habían visto lo ocurrido con el endemoniado y los cerdos, se lo contaban a los otros.
17 Y ellos comenzaron a rogarle que se alejase de su territorio.
18 Al subir Jesús a la barca, el que había estado endemoniado le rogaba le permitiese estar con El.
19 Pero no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa a estar con los tuyos y anunciarles lo que el Señor ha hecho contigo, compadeciéndose de ti.
20 El se fue y comenzó a divulgar en la Decápolis lo que Jesús le había hecho, y todos se quedaban maravillados.
114 Jairo y la hemorroísa: Mt 9, 18-26 (Mc 5, 21-43; Lc 8, 40-46)
[(Lc 8) Habiendo regresado Jesús salió el pueblo a recibirle: porque todos estaban esperándole]
18 Mientras les estaba hablando se le acercó uno de los jefes de la sinagoga [(Mc 5) llamado Jairo,] y se prosternó a sus pies, diciendo: [(Mc 5) Mi hija se está muriendo; pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá.]
19 Jesús se puso en camino y le siguió con sus discípulos.
20 Entre tanto, una mujer que padecía flujo de sangre hacía doce años, [(Lc 8) la cual había gastado en médicos toda su hacienda, sin que ninguno hubiese podido curarla,] se acercó por detrás y le tocó la orla del vestido;
21 porque ella se decía: Solamente con tocar su vestido seré curada.
[(Mc 5) 29 de repente aquel manantial de sangre se le secó: y sintió en su cuerpo que estaba ya curada de su enfermedad. 30 Al mismo tiempo Jesús, conociendo la virtud que había salida de El, vuelto a los que le rodeaban, decía: ¿Quién ha tocado mi vestido? 31 A lo que respondieron los discípulos: Estás viendo la gente que te comprime y dices: ¿Quién me ha tocado? 32 Y viendo alrededor, miraba la que había hecho esto. 33 Entonces la mujer sabiendo lo que se había hecho en ella, con miedo y temblando se acercó, y postrándose a sus pies le dijo toda la verdad]
22 Jesús se volvió, se fijó en ella y dijo: Ten confianza, hija mía, tu fe te ha salvado. Y en aquel mismo momento quedó curada. [(Lc 8) 49 Aún estaba hablando, cuando vino uno a decir al jefe de la sinagoga: Tu hija ha muerto, no importunes ya al Maestro. 50 Pero Jesús, en cuanto lo oyó, dijo al padre de la niña: No temas, cree y ella vivirá.]
23 Cuando llegó Jesús a la casa del jefe de la Sinagoga y vio a los flautistas y a la muchedumbre alborotada dijo:
24 Retiraos, porque la niña no está muerta, sino dormida. Y se mofaban de El.
25 Cuando la muchedumbre fue echada fuera, [(Lc 8) no permitió entrar a nadie sino a Pedro a Santiago y a Juan, y al padre y la madre de la niña] - entonces Jesús- la cogió de la mano [(Lc 8) dijo en alta voz: Niña levántate!], y se levantó la niña.
26 Esta noticia se difundió por toda aquella región.
115 Ciegos y endemoniados: Mt 9, 27-34
27 Al salir Jesús de allí, dos ciegos le seguían diciéndole a gritos: Hijo de David, ten piedad de nosotros.
28 Cuando entró en casa, los dos ciegos vinieron a El. Jesús les preguntó: ¿Creéis que yo puedo hacer esto? Si Señor, le respondieron.
29 Entonces, tocó sus ojos, diciendo: Hágase según vuestra fe.
30 Y sus ojos se abrieron. Entonces, Jesús les advirtió severamente: Mirad que nadie lo sepa.
31 Pero ellos, apenas salieron, lo dieron a conocer por toda aquella región.
32 Cuando salieron ellos, le presentaron un mudo poseído del demonio.
33 Y expulsado el demonio, habló el mudo. La muchedumbre, admirada, decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel.
34 Pero los fariseos decían: Expulsa los demonios en virtud del príncipe de los demonios.
116 Nazaretanos: Mc 6, 1-6 (Mt 13, 53-58)
1 Jesús, habiendo salido de allí, se fue a su tierra acompañado de sus discípulos.
2 Y llegado el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga con estupor de los muchos que le oían, los cuales se decían: ¿De dónde le han venido a éste tales cosas, y qué sabiduría es esta de que está dotado? ¿Cómo es que se realizan tales maravillas por sus manos?
3 ¿No es este el carpintero? [(Mt 13) ¿El hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que se llama María] y hermano (primo) de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí con nosotros? Y estaban escandalizados de El
4 Jesús les dijo: No hay profeta sin prestigio, si no es en su tierra, entre sus parientes y en su propia casa.
5 Y no fue posible hacer allí ningún milagro [(Mt 13) a causa de su incredulidad], salvo la curación de algunos enfermos, a quienes impuso las manos.
6 Y se quedo extrañado de su incredulidad, yéndose a enseñar por los pueblos del contorno.
117 Enfermos: Mt 9, 35-38
35 Jesús recorría todas las ciudades, enseñando en sus sinagogas, predicando la buena nueva del Reino y curando toda clase de enfermedades y dolencias.
36 Y, a la vista de las muchedumbres, se movió a compasión por ellos, porque estaban fatigados y abatidos como ovejas sin pastor.
37 Entonces dijo a sus discípulos: La mies es mucha, pero los obreros son pocos.
38 Rogad pues, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.
118 Misión de los Apóstoles: Mt 10, 1 (Mc 6, 6-7; Lc 9, 1-2)
1 Llamando a Sí a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar los espíritus inmundos, [(Lc 9) sobre todos los demonios], y curar toda clase de enfermedad y toda dolencia. [(Lc 9) Y los envió (Mc 6) de dos en dos a predicar el Reino de Dios y sanar los enfermos]
119 Instrucción de los Apóstoles: Mt 10, 5-10 (Mc 6, 7-11)
5 A estos doce, Jesús los envió, después de haberles instruido diciéndoles: No vayáis a los gentiles y no entréis en ciudades de samaritanos.
6 Id primero a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
7 Id y predicad diciendo: El Reino de los Cielos está cerca.
8 Curad a los enfermos, resucitad los muertos, limpiad a los leprosos, expulsad a los demonios. Vosotros lo habéis recibido gratuitamente; dadlo gratuitamente.
9 No llevéis oro, ni plata, ni cobre en vuestro cinto;
10 ni saco de viaje, [(Mc 6) ni pan], ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón, porque el obrero tiene derecho al sustento.
120 Enviados: Mt 10, 11-15 (Lc 9, 3-5)
11 Cuando lleguéis a una ciudad o a un pueblo, informaos si hay alguna persona digna, y permaneced allí hasta que partáis.
12 Al entrar en la casa, invocad sobre ella la paz.
13 Si la casa es digna, descienda sobre ella vuestra paz; si no es digna, que vuestra paz vuelva a vosotros.
14 Y si no os reciben ni escuchan vuestras palabras, al salir de la casa o de la ciudad aquella, sacudid el polvo de vuestros pies [(Lc 9) como señal de protesta contra ellos]
15 Con certeza os digo: En el día del juicio, Sodoma y Gomorra tendrán una suerte más tolerable que aquella ciudad.
121 Persecución: Mt 10, 16-23
16 Mirad que os envío como ovejas en medio de lobos; sed pues, prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas.
17 Tened cuidado con los hombres: Os llevarán a los tribunales del Sanedrín y os azotarán en sus sinagogas.
18 Seréis llevados a los gobernadores y a los reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.
19 Y cuando os hayan entregado, no os angustiéis pensando como hablar y qué decir: porque se os dará en aquel momento lo que debéis decir.
20 Porque no sois vosotros los que habláis entonces, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.
21 El hermano entregará al hermano a la muerte; el padre a su hijo; los hijos se levantarán contra los padres y los harán morir.
22 Seréis odiados por todos a causa de mi Nombre, pero el que haya perseverado hasta el fin será salvo.
23 Cuando os persiguieren en una ciudad, huid a otra; porque en verdad os digo: No terminaréis de recorrer las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del hombre.
122 Discípulos: Mt 10, 24-27
24 No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima del señor.
25 Baste al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor: Si al dueño de la casa le han llamado Beelcebub, Cuanto más a sus familiares!.
26 Por consiguiente, no les tengáis miedo; porque nada hay oculto que no llegue a manifestarse, y nada hay secreto que no llegue a conocerse.
27 Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a plena luz; y lo que se os dice al oído, predicadlo sobre los tejados.
123 No temáis: Mt 10, 28-33
28 No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien, a Aquel que puede hacer que el alma y el cuerpo perezcan en el infierno.
29 ¿No se venden dos pájaros por unos céntimos? Y sin embargo, ni uno solo cae en tierra sin la permisión de vuestro Padre.
30 En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados.
31 Por consiguiente, no temáis: ¿No valéis mucho más que los pájaros?
32 Al que me defienda ante los hombres, Yo le defenderé también ante mi Padre, que está en los cielos.
33 Al que me niegue ante los hombres, Yo le negaré también ante mi Padre, que está en los cielos.
124 Abnegación: Mt 10, 34-39
34 No creáis que he venido a traer la paz a la tierra; no he venido a traer paz sino guerra.
35 He venido a separar al hijo de su padre, a la hija de su madre, a la nuera de su suegra;
36 de tal modo que los enemigos del hombre serán los de su propia casa.
37 El que ama al padre o a la madre mas que a Mí, no es digno de Mí; y el que ama a su hijo o a su hija mas que a Mí, no es digno de Mí.
38 El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de Mí.
39 El que intenta conservar para sí su vida, la perderá ; y el que la pierde por mi causa, la hallará.
125 Recompensa: Mt 10, 40-42
40 El que os recibe a vosotros, me recibe a Mí; y el que me recibe a Mí, recibe al que me ha enviado.
41 El que recibe a un profeta, porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; el que recibe a un justo, porque es justo, tendrá recompensa de justo.
42 Y el que diere de beber a uno de estos pequeños, porque es mi discípulo, un vaso de agua fresca, os aseguro que no quedará sin recompensa.
126 Predicación: Mc 6, 12-13 (Mt 11, 1; Lc 9, 6)
12 Y partiendo, predicaron para que las gentes se convirtieran.
13 Y arrojaron muchos demonios [(Lc 9) por todas partes], y a muchos enfermos los curaron ungiéndolos con aceite.
127 Herodes: Mc 6, 14-16 (Mt 14, 1-2; Lc 9, 7-9)
14 Las noticias de Jesús llegaron hasta el rey Herodes, pues su nombre se había hecho famoso. Decían las gentes: Juan el bautista ha resucitado de entre los muertos, y por ello se realizan en él tales maravillas.
15 Otros, en cambio, decían: Es Elías. Y otros: Es un profeta como los otros profetas.
16 Pero Herodes, habiendo oído esto, dijo: Es Juan mismo, a quien yo hice decapitar, que ha resucitado.
128 Martirio de Juan: Mc 6, 17-29 (Mt 14, 3-12)
17 Pues, efectivamente, el mismo Herodes había hecho prender a Juan y le había encadenado en la prisión, por causa de Herodías, la esposa de Filipo, su hermano, con la cual se había casado.
18 Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener a la mujer de tu hermano.
19 Por lo cual Herodías le guardaba rencor y deseaba matarlo, aunque no podía,
20 pues Herodes sentía respeto hacia Juan, ya que lo consideraba hombre santo y justo, [(Mt 14) él hubiera querido matarle, pero tuvo miedo del pueblo que le tenía por profeta], y procuraba protegerlo. Y cuando le oía, se llenaba de perplejidad, aunque lo escuchaba de buen grado.
21 Habiendo llegado un día propicio, cuando Herodes, con ocasión de su cumpleaños, dio un convite a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea,
22 Entró la hija de la tal Herodías y con su danza agradó a Herodes y a sus comensales. Y dijo entonces el rey a la joven: Pídeme lo que quieras y yo te lo daré.
23 Y le juró: Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.
24 Ella, saliendo de allí, le dijo a su madre: ¿Que pediré? Esta le contestó: La cabeza de Juan el Bautista.
25 Y volviendo con toda prisa hasta el rey, le expresó su petición: Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.
26 Se entristeció el rey, pero no quiso negarle lo que pedía, a causa del juramento y de la presencia de los invitados.
27 Enviando luego el rey un verdugo, le mandó traer la cabeza de Juan. Fue el verdugo y le decapitó en la cárcel,
28 y trajo su cabeza en una bandeja y la dio a la muchacha, que a su vez la entregó a su madre.
29 Y habiéndose enterado los discípulos de Juan, vinieron y tomaron su cadáver, colocándolo en un sepulcro, [(Mt 14) después fueron a anunciárselo a Jesús]
129 1ª Multiplicación de los panes: Jn 6, 2-15 (Mt 14, 13-23; Mc 6, 30-46 )
[(Mc 6, 30-33) Los apóstoles, pues, reuniéndose con Jesús, le dieron cuenta de todo lo que habían hecho y enseñado. 31 Y El les dijo: Venid a retiraros conmigo en un lugar solitario, y reposaréis un poquito. Porque eran tantas las idas y venidas, que ni aún tiempo de comer les dejaban, embarcáronse pues, fueron a buscar un lugar desierto](Jn 6) 2 Al otro lado del mar de Galilea y de Tiberíades [para estar allí solos. 33 Mas como al irse los vieron y observaron, muchos de todas las ciudades, acudieron por tierra a aquel sitio y llegaron antes que ellos.]
3 Subió Jesús al monte y allí se sentó en compañía de sus discípulos.
4 Se acercaba ya la Pascua, la fiesta de los judíos.
5 Levantando Jesús los ojos y viendo que venía hacia El una gran multitud, [(Mc 6) compadeciéndose de ellos, pues andaban como ovejas sin pastor, y comenzó a adoctrinarles en muchas cosas], dijo a Felipe: ¿Dónde podremos comprar pan para que coman estos?
6 Esto lo decía para probarle, pues El ya sabía lo que convenía hacer.
7 Le respondió Felipe: Doscientos denarios no bastan para que cada uno tome un poco.
8 Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro:
9 Hay aquí un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero, ¿Qué es esto para tanta gente?
10 Respondió Jesús: Mandad que los hombres se sienten. Había mucha hierba verde en aquel sitio. Se sentaron pues, los hombres, en número de cinco mil. [(Mc 6) se colocaron en grupos de cien y de cincuenta.]
11 Tomó luego Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados; igualmente hizo con los peces, repartiéndolos cuanto quisieron.
12 Cuando ya estuvieron satisfechos, dijo a sus discípulos: Recoged los trozos sobrantes para que nada se desperdicie.
13 Los recogieron pues, y llenaron doce cestos con los trozos de los cinco panes de cebada que habían sobrado a los que habían comido [(Mc 6) y de los peces que sobraron, hasta llenar doce cestas. Los que comieron de los panes eran unos cinco mil hombres]
14 Cuando los hombres vieron el milagro que había hecho dijeron: Este es realmente el Profeta que había de venir al mundo.
15 Mas Jesús, conociendo que vendrían a llevarlo por la fuerza para proclamarlo rey, se retiró de nuevo El solo al monte [(Mc 6) a orar (Mt 14) en particular]
130 Sobre las aguas: Mc 6, 45-52 (Mt 14, 24-34; Jn 6, 16-21)
45 Inmediatamente mandó a sus discípulos a subir a la barca, para que pasasen antes que El al otro lado del lago, hacia Betsaida, mientras El despedía al pueblo.
46 Así que le despidió retiróse a orar en el monte.
47 Cuando se hizo de noche, estaba la barca en medio del mar, quedando El solo en tierra.
48 Y viéndoles remar con gran esfuerzo, por serles contrario el viento, se llegó a ellos hacia las cuatro de la mañana, caminando sobre el mar y como queriendo pasar de largo junto a ellos.
49 Ellos, al verle caminando sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar,
50 pues todos le vieron y se llenaron de espanto. Pero El habló con ellos en seguida, diciéndoles: No perdáis el ánimo; soy Yo, no temáis. [(Mt 14) 28 Le respondió Pedro: Señor, si eres Tú, mándame ir a Ti sobre las aguas. 29 Y El le dijo: Ven. Y Pedro bajando de la barca, iba caminando sobre el agua para llegar a Jesús. 30 Pero viendo la fuerza del viento, le entró temor, y comenzando a hundirse clamaba diciendo: Señor sálvame!. 31 Al punto Jesús, extendiendo la mano, le cogió y le dijo: Hombre de escasa fe, ¿Por qué has dudado?]
51 Y subió a la barca al lado de ellos, apaciguándose el viento; de modo que llegaron a la mayor estupefacción,
52 Y es que no habían aún reflexionado sobre el milagro de los panes, porque su corazón estaba confuso [(Mt 14) Y los que estaban en la barca se postraron ante El diciendo: Verdaderamente, Tú eres el Hijo de Dios]
131 Genesaret: Mc 6, 53-56 (Mt 14, 34-36)
53 Terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret, donde atracaron.
54 Y una vez que salieron de la barca, las gentes reconocieron a Jesús,
55 recorrieron toda aquella comarca y comenzaron a llevar en camillas a los enfermos, allí donde se enteraban que estaba El.
56 Y donde quiera que entraban: Aldeas, campos o ciudades, colocaban a los enfermos en los plazas, pidiéndole tocar siquiera la orla de su manto. Y los que le tocaban se curaban.
132 Comisteis pan: Jn 6, 22-26
22 Al día siguiente, la multitud que había quedado en la orilla opuesta, se dio cuenta de que allí no había más que una barca y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que sus discípulos habían marchado solos.
23 Llegaron entretanto unas barcas de Tiberíades, cerca del lugar donde comieron el pan, después de dar gracias el Señor.
24 Pues como viese la gente que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, entraron en estas barcas, y vinieron a Cafarnaum en busca de Jesús.
25 Y habiéndole encontrado en la otra parte del lago, le preguntaron: Maestro, ¿Cuando viniste aquí?
26 Jesús les respondió, y dijo: En verdad, en verdad os digo que vosotros me buscáis, no por los prodigios que habéis visto, sino porque os he dado de comer de aquellos panes, hasta saciaros.
133 Pan espiritual: Jn 6, 27-33
27 Afanaos por conseguir, no el alimento perecedero, sino el alimento que permanece hasta la vida eterna, que os dará el Hijo del hombre, a quien el Padre, que es Dios, ha avalado con su sello.
28 Preguntáronle entonces: ¿Qué debemos hacer para ejecutar las obras de Dios?
29 Les respondió Jesús: Esta es la obra de Dios, que creáis en Aquel que El ha enviado.
30 Le replicaron: ¿Y qué signos haces Tú para que, al verlos, te creamos? ¿Qué haces Tú?
31 Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, según afirma la Escritura: "Les dio a comer pan del cielo" (Ps 78, 24)
32 Jesús les replicó: Con toda verdad os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo.
33 Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.
134 Soy el pan de vida: Jn 6, 34-39
34 Señor, le suplicaron, danos siempre este pan.
35 Les contestó Jesús: Yo soy el pan de vida; quien viene a Mí, no tendrá más hambre, y quien cree en Mí no tendrá más sed.
36 Sin embargo, vosotros como ya os he dicho, me habéis visto y no habéis creído.
37 Todos cuantos el Padre me ha dado vendrán a Mí y no desecharé a quienquiera que venga a Mí,
38 porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino para cumplir la voluntad del que me ha enviado.
39 Esta es la voluntad del que me ha enviado, que nada pierda Yo de cuanto me ha dado, sino que lo resucite en el último día.
135 Murmuraciones: Jn 6, 40-47
40 La voluntad de mi Padre es que todo el que ve al Hijo y cree en El, tenga vida eterna y Yo le resucite en el último día.
41 Se levantó entre los judíos un murmullo acerca de El, porque había dicho: Yo soy el pan que ha bajado del cielo,
42 y comentaban: ¿No es Este Jesús, el hijo de José, cuyos padres conocemos bien? ¿Cómo ahora dice: He bajado del cielo?
43 Les respondió Jesús: No cuchicheéis entre vosotros.
44 Nadie puede venir a Mí si el Padre, que me ha enviado, no lo impulsa, y Yo le resucitaré en el último día.
45 Está escrito en los Profetas "Todos serán discípulos de Dios" (Is 54, 13). Todo el que oye al Padre y recibe mi enseñanza viene a Mí.
46 No es que alguien haya visto al Padre, sino el que ha venido de parte de Dios. Este ha visto al Padre.
47 Con toda seguridad os digo: Quien cree tiene la vida eterna.
136 Eucaristía: Jn 6, 48-55
48 Yo soy el pan de vida.
49 Vuestros antepasados comieron el maná del desierto y murieron.
50 Este es el pan que baja del cielo, para que quien come de él no muera.
51 Yo soy el pan vivo que baja del cielo; quien coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo os daré es mi carne, en favor de la vida del mundo.
52 Discutían los judíos entre sí preguntándose: ¿Cómo puede éste darnos su carne a comer?
53 Jesús les insistió: En verdad, en verdad os digo que si no comiereis la carne del Hijo del hombre y no bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros.
54 Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y Yo le resucitaré en el último día.
55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
137 Quien come mi carne: Jn 6, 56-58
56 Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y Yo en él.
57 Así como el Padre que me envió, posee la vida y Yo vivo por el Padre, del mismo modo, quien me come, vivirá por Mí.
58 Este es el pan que ha bajado del cielo, no como el que comieron vuestros antepasados y murieron. Quien come de este pan vivirá eternamente.
138 Reacciones: Jn 6, 59-71
59 Esto es lo que enseñó en la sinagoga de Cafarnaum.
60 Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: Dura es esta doctrina! Quién puede admitirla!
61 Conociendo Jesús que comentaban sus discípulos sobre esto, les increpó: ¿Esto os escandaliza?
62 Pues si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes!
63 El espíritu es el que vivifica, la carne no aprovecha para nada; las palabras que Yo os he dicho son espíritu de vida.
64 Pero hay entre vosotros algunos que no creen. Sabía Jesús quienes eran los que no creían y quien era el que le iba a traicionar,
65 y añadió: Por eso os he dicho que nadie puede venir a Mí si no le es concedido por el Padre.
66 A partir de este momento muchos de sus discípulos se retiraron y ya no caminaban en su compañía.
67 Se dirigió Jesús a los doce: ¿También vosotros queréis marchar?
68 Le respondió Simón Pedro: Señor! ¿A quien iremos? Tú tienes palabras de vida eterna,
69 y nosotros hemos creído y conocido que Tú eres el Santo de Dios.
70 Les contestó Jesús: ¿No os elegí Yo doce? Y sin embargo uno de vosotros es diablo.
71 Lo decía por Judas, hijo de Simón Iscariote, porque éste, que era uno de los doce, le habría de traicionar.
139 Tradiciones: Mt 15, 1-9 (Mc 7, 1-13; Jn 7,1)
1 Entonces, se acercaron a Jesús unos escribas y fariseos venidos de Jerusalén, y le preguntaron:
2 ¿Por que tus discípulos no guardan la tradición de los antiguos? pues no se lavan las manos antes de comer. [(Mc 7) Pues los fariseos y todos los judíos no comen si no se lavan las manos con todo cuidado, en conformidad con la tradición de los antiguos; y si han estado en la plaza no comen si no lo purifican antes; y hay otras muchas cosas que la tradición les enseñó a observar: los lavados de copas, vasijas y recipientes de cobre.]
3 El les contestó: ¿Por qué no observáis vosotros lo mandado por Dios, por seguir vuestras tradiciones?
4 Porque Dios ha dicho: "Honra a tu padre y a tu madre" (Ex 22, 12) "y quien maldiga al padre y a la madre, será castigado con la muerte" (Ex 21, 17)
5 Vosotros, sin embargo, decís: El que dijere al padre o a la madre: "La ayuda que debería darte es oferta sagrada,"
6 este tal ya no está obligado a honrar al padre o a la madre. Así habéis anulado la palabra de Dios por vuestra tradición:
7 Hipócritas!, bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo:
8 "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
9 En vano intenta honrarme, enseñando doctrinas que son preceptos humanos" (Is 29, 13) [(Mc 7) Dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres] [(Jn 7) 1 Después de esto andaba Jesús por Galilea, no queriendo ir a Judea, ya que los judíos querían matarle]
140 Pureza: Mt 15, 10-20 (Mc 7, 14-22)
10 Llamando a Sí a la gente, les dijo: Escuchad y entended,
11 no es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre, sino lo que sale de la boca; eso es lo que contamina al hombre.
12 Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oir estas palabras?
13 Jesús les contestó: Toda planta que no ha plantado mi Padre celestial será arrancada de raiz,
14 dejadlos! Son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caen en el hoyo.
15 Tomando Pedro la palabra, le preguntó: Explícanos esta parábola.
16 Jesús les respondió: ¿También vosotros estáis aún sin inteligencia?
17 ¿No comprendéis que lo que entra por la boca [(Mc 7) no mancha al hombre porque no le entra en el corazón], pasa al vientre y acaba por ser arrojado en la cloaca?
18 Sin embargo lo que sale de la boca, viene del corazón; y esto es lo que mancha al hombre.
19 Porque del corazón provienen los malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, [(Mc 7) ambiciones, perversidades, engaño, libertinaje, envidia, blasfemia, arrogancia, insensatez], falsos testimonios, blasfemias.
20 Estas son las cosas, [(Mc 7) salen de dentro], que manchan al hombre; pero comer sin lavarse las manos, no mancha al hombre.
141 Cananea: Mt 15, 21-28 (Mc 7, 24-30)
21 Partiendo de allí, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón.
22 En esto, una mujer Cananea, [(Mc 7) pagana, sirofenicia de nacimiento], venida de aquellos contornos, comenzó a gritar: Ten piedad de mí Señor, Hijo de David: mi hija es atormentada cruelmente por un demonio.
23 Pero El no le respondió nada. Entonces sus discípulos se le acercaron y le hicieron esta súplica: Despídela, porque viene gritando detrás de nosotros.
24 El respondió: No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
25 Pero ella se le adelantó; [(Mc 7) postrándose a sus pies, le adoraba diciendo: Señor socórreme]
26 El respondió: No está bien coger el pan de los hijos para echarlo a los perros.
27 Es cierto, contesto ella, pero también los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños.
28 Entonces, Jesús le respondió: Mujer, grande es tu fe. Hágase lo que quieres. Y en aquel mismo momento quedó curada su hija. [(Mc 7) Y al llegar a su casa encontró a la niña acostada en la cama y el demonio había marchado de ella]
31 Volviendo a salir de los confines de Tiro, se dirigió por Sidón al mar de Galilea,
32 y le presentaron entonces un sordo y tartamudo, rogándole pusiera sobre él su mano.
33 Y llevándole aparte, separado de la turba, le introdujo los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua,
34 y, mirando al cielo, dio un suspiro y le dijo: "effeta", que significa ábrete.
35 Y al instante se abrieron sus oídos, y su lengua quedó suelta, hablando correctamente.
36 El les encargó no decirlo a nadie. Pero cuanto más empeño tenía, tanto más ellos lo proclamaban,
37 y se maravillaban hasta el extremo diciendo: Todo lo ha hecho bien; a los sordos les hace oír y a los mudos hablar.
143 Curaciones: Mt 15, 29-31
29 Jesús partió de allí y llegó a la ribera del mar de Galilea. Subió a la montaña y se sentó allí.
30 Y vino a El mucha gente, que llevaba consigo cojos, mancos, ciegos, sordos y otros muchos. Los colocaron a sus pies y El los curó.
31 Las turbas estaban admiradas viendo hablar a los mudos, sanar a los mancos, andar a los cojos y ver a los ciegos. Y glorificaban al Dios de Israel.
144 2ª. Multiplicación de los panes: Mc 8, 1-10 (Mt 15, 32-38; Lc 9, 10-17)
1 En aquellos días, hallándose de nuevo una gran muchedumbre con Jesús y no teniendo que comer, llamo El a sus discípulos para decirles:
2 Me da pena de esta gente, pues ya llevan tres días a mi lado y no tienen que comer,
3 y si los mando sin comer a sus casas, quedarán extenuados en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos.
4 Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde se van a traer panes para saciar a éstos, aquí en el desierto?
5 Pero El les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y los discípulos respondieron: Siete.
6 El ordenó a la multitud acomodarse en el suelo; y tomando los siete panes, después de recitar la bendición, los partió y los dio a sus discípulos para que los repartieran a la turba. Y así lo hicieron.
7 Tenían también algunos peces pequeños. El los bendijo y mandó servirlos igualmente.
8 Comieron hasta saciarse y recogieron siete cestos de trozos sobrantes.
9 Eran unos cuatro mil [(Mt 15) sin contar mujeres y niños]
145 Señal del cielo: Mt 15, 39; 16, 1-4 (Mc 8, 10-13)
39 Y después de despedir a la turba, subió a la barca [(Mc 8) con sus discípulos], y vino al término de Magadán.[(Mc 8) en la región de Dalmanuta]
1 Allí se le acercaron los fariseos y saduceos, y para tentarlo, le pidieron que les hiciese ver una señal del cielo.
2 El les respondió: Venida la tarde, decís: Buen tiempo, porque el cielo está rojo, encendido;
3 y a la mañana: Mal tiempo, porque el cielo está rojo oscuro. Vosotros sabéis pues, discernir el aspecto del cielo y, ¿No sabéis discernir los signos de los tiempos?
4 Esta raza mala y adúltera pide una señal; pero no le será dada señal alguna, a no ser la de Jonás. Y dejándolos, [(Mc 8) embarcó de nuevo], y se fue.
146 Fariseos: Mt 16, 5-12 (Mc 8, 14-21)
5 Al pasar a la otra ribera, los discípulos se olvidaron de comprar pan, [(Mc 8) de modo que ni siquiera tenían un pan con ellos en la barca]
6 Jesús les dijo: Tened cuidado y preservaos del fermento de los fariseos y saduceos.
7 Entonces ellos comentaban entre sí: [(Mc 8) Es que] no hemos adquirido pan.
8 Jesús se dio cuenta y les dijo: ¿Que comentáis entre vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan?
9 ¿Todavía no entendéis? ¿No os acordáis de los cinco panes para los cinco mil hombres?
10 ¿Ni de los siete panes para los cuatro mil hombres? ¿Cuántas cestas recogisteis?
11 ¿Cómo no habéis entendido que no os hablaba de pan? [(Mc 8) ¿Tenéis endurecido vuestro corazón? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís?]. Preservaos del fermento de los fariseos y saduceos [(Mc 8) de la levadura de Herodes]
12 Entonces entendieron que no había dicho que se preservaran del fermento del pan, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos.
147 Ciego de Betsaida: Mc 8, 22-26
22 Pasaron luego a Betsaida y le llevaron un ciego, rogándole que lo tocara.
23 Y cogiendo de la mano al ciego, le sacó fuera del poblado, y echando saliva en sus ojos e imponiéndole las manos, le preguntó: ¿Ves algo?
24 Y recobrando la vista, dijo: Veo a los hombres; me parecen como árboles que fueran caminando.
25 A continuación le puso de nuevo las manos sobre los ojos, y empezó a ver claramente, quedando restablecido y percibiendo todos los objetos distintamente.
26 Y le mandó irse a su casa, advirtiéndole: Ni siquiera entres en esta aldea.
148 Confesión de Pedro: Mt 16, 13-20 (Mc 8, 27-30; Lc 9, 18-21)
13 Llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo y preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?
14 Ellos respondieron: Unos dicen que eres Juan el Bautista, otros Jeremías o alguno de los profetas.
15 Y vosotros, les dijo, ¿Quién decís que soy Yo?
16 Simón Pedro respondió: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.
17 Jesús le contestó: Bienaventurado eres tú, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos;
18 y Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Yo mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
19 Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos y todo lo que atares en la tierra será atado el cielo; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en el cielo.
20 Y mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que El era el Cristo.
149 1ª. Predicción de la Pasión: Mc 8, 31-33 (Mt 16, 21-23; Lc 9, 22)
31 Y se puso a enseñarles cómo le era preciso al Hijo del hombre padecer muchas cosas, ser rechazado por los hombres de relieve, por los jefes de los sacerdotes y por los escribas, ser entregado a la muerte, y a los tres días, resucitar.
32 Y les expuso las cosas con toda claridad. Pedro, llevándole aparte, comenzó a censurarle: [(Mt 16) No lo quiera Dios, Señor; esto no te sucederá]
33 Pero El, volviendo a la vista de sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: Márchate de junto a Mí, Satanás; [(Mt 16) eres para mí un seductor], pues no tienes en cuenta las cosas de Dios, sino las de los hombres.
150 Abnegación: Mc 8, 34-39 (Mt 16, 24-28; Lc 9, 23-27)
34 Y haciendo venir a la turba junto a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a si mismo, tome su cruz y sígame.
35 Porque quien deseare poner a salvo su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por causa mía y del Evangelio, se salvará,
36 Pues, ¿Qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo perdiendo su alma?
37 Porque, ¿Qué puede dar un hombre a cambio de su alma?
38 Así pues, si alguno se avergonzare de Mí y de mis enseñanzas ante esta raza adúltera y pecadora, también se avergonzará de él el Hijo del hombre, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles, [(Mt 16) y entonces retribuirá a cada uno según sus obras]
39 Les dijo también: Os aseguro que hay algunos de los aquí presentes, los cuales no experimentarán la muerte hasta que vean venir el reino de Dios en todo su poder.
151 Transfiguración: Mt 17, 1-9 (Lc 9, 28-36; Mc 9, 1-10)
1 Seis días después tomó Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano y los condujo aparte a un monte alto
2 [(Lc 9) para orar, y mientras estaba orando] se transfiguró ante ellos. Su rostro se hizo resplandeciente como el sol; y sus vestidos blancos como la luz.
3 En esto se le aparecieron Moisés y Elías, y se pusieron a hablar con El [(Lc 9) 31 que presentándose revestidos de gloria, trataban del tránsito que Jesús iba a realizar en Jerusalén. 32 Pedro y sus compañeros estaban abrumados de sueño, mas despabilándose, vieron la gloria de Jesús y los dos hombres que con El estaban]
4 Pedro, tomando la palabra, dijo a Jesús: Señor, Qué bien estamos aquí! Si Tú quieres, yo levantaré aquí tres tiendas; una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías. [(Mc 9) No sabía sin duda lo que decía, pues estaban asustados]
5 Todavía estaba El hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, [(Lc 9) y se aterraron de verse envueltos en ella], y de la nube salió esta voz: Este es mi Hijo amado en quien me complazco. A El debéis escuchar.
6 Los discípulos, al oír esto, cayeron rostro en tierra y tuvieron gran miedo
7 Pero Jesús acercándose a ellos, les tocó y les dijo: Levantaos y no temáis.
8 Y cuando ellos levantaron los ojos, [(Mc 9) cuando miraron en su derredor], no vieron a nadie más que a Jesús.
9 Cuando bajaba del monte, Jesús les dio este precepto: No contéis a nadie esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.
152 Elías y Juan: Mt 17, 10-13 (Mc 9, 10-12)
10 Sus discípulos le propusieron esta cuestión: ¿Por qué, pues dicen los escribas que primero debe venir Elías?
11 El les contestó: Sí, vendrá Elías y restablecerá todas las cosas, [(Mc 9) y como está escrito del Hijo del hombre, ha de padecer mucho y ser vilipendiado]
12 Sin embargo, Yo os digo que Elías ya vino y no le reconocieron, antes bien, hicieron con él cuanto quisieron. De igual manera, también el Hijo del hombre deberá sufrir de parte de ellos.
13 Entonces se dieron cuenta los discípulos que les había hablado de Juan el Bautista.
153 Poseso: Mc 9, 14-28 (Mt 17, 14-20; Lc 9, 37-43)
14 Al volver junto a los discípulos vio una gran multitud en torno a ellos y a unos escribas que con ellos discutían.
15 Enseguida toda la multitud quedó sorprendida al verle y se apresuraron a darle la bienvenida.
16 El les preguntó: ¿Qué discutís con ellos?
17 Y uno de la muchedumbre, [(Mt 17) cayó de rodillas ante El], le respondió: Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu mudo,
18 y donde quiera que se apodera de él, cae por tierra echando espumarajos y rechinando los dientes, y se pone rígido. Les dije a tus discípulos que lo echaran fuera, pero no habían sido capaces. [(Lc 9) Maestro, te ruego que mires a este hijo mío, porque es el único que tengo. (Mt 17) Señor ten piedad de mi hijo, es lunático y sufre mucho, pues muy a menudo cae en el fuego y frecuentemente en el agua]
19 El les dijo: Oh raza incrédula!, ¿Hasta cuando estaré con vosotros? ¿Hasta cuando os tendré que aguantar? Traédmelo.
20 Y se lo trajeron. Y cuando estuvo a la vista de Jesús, el espíritu lo empezó a atormentar y habiendo caído, se revolcaba en la tierra echando espuma.
21 Jesús le preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? El le dijo: Desde la niñez,
22 y muchas veces le arroja, ya en el fuego ya en el agua, para hacerlo perecer. Pero si Tú puedes hacer algo, ayúdanos compadeciéndote de nosotros,
23 Mas Jesús le dijo a esto: Si tú puedes creer, todo es posible a quien cree.
24 Inmediatamente exclama el padre del niño, bañado en lágrimas: Oh Señor! Yo creo; ayuda mi incredulidad.
25 Viendo Jesús que la muchedumbre se congregaba alrededor, conminó al espíritu inmundo diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando, sal de él y no entres ya más.
26 Vociferando y atormentándole de muchas maneras, salió, quedando el muchacho como un cadáver, de tal forma que muchos decían que había muerto.
27 Pero Jesús, tomándole de la mano, lo levantó y él se tuvo en pié.
28 Y habiendo entrado en la casa, le preguntaban aparte sus discípulos: ¿Cómo es que nosotros no fuimos capaces de arrojarle? [(Mt 17) Por vuestra poca fe. Porque en verdad os digo: Si tuviereis fe como un grano de mostaza, podríais decir a este monte: Cámbiate de aquí allá, y se cambiaría; y nada os sería imposible]
29 El les dijo: Esta clase -de demonios- no puede salir más que a fuerza de oración y ayuno.
154 2ª Predicción de la Pasión: Mt 17, 21-22 (Mc 9, 29-31; Lc 9, 44-45)
21 Cuando todavía estaba en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del hombre debe ser entregado en manos de los hombres,
22 que le matarán; pero el tercer día resucitará [(Lc 9) Ellos, sin embargo, no entendían este anuncio; el sentido estaba velado para ellos, pero no se atrevían a preguntarle a este respecto]
155 Tributo del Templo: Mt 17, 23-26
23 Al llegar ellos a Cafarnaum, se acercaron a Pedro los cobradores del tributo -anual del Templo- y le preguntaron: ¿No paga vuestro Maestro el "didracma"?
24 Sí, respondió él. Después, cuando entró en casa, Jesús le salió al paso preguntándole: ¿Qué te parece Simón? Los reyes de la tierra, ¿De quién reciben los tributos, de los propios hijos o de los extraños?
25 Y al responder él: De los extraños, Jesús prosiguió: Por tanto los hijos están exentos.
26 Sin embargo, para no escandalizarlos, vete al mar, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda del doble, cógela y dásela por Mí y por ti.
156 Como niños: Mt 18, 1-4 (Mc 9, 32-35; Lc 9, 46-48)
1 En aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Quién es, pues, el mayor en Reino de los Cielos? [(Lc 9) Mas Jesús, conociendo el pensamiento de su corazón, (Mc 9) les preguntó: ¿De qué tratabais en el camino? Pero ellos callaban; porque unos con otros habían discutido en el camino sobre quién era mayor. El, tomando asiento llamó a los doce y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, habrá de ser el último entre todos y servir a los demás]
2 Jesús llamó a un niño, le colocó en medio de ellos
3 y dijo: En verdad os digo, si no cambiáis y os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos.
4 Por tanto, quien se haga pequeño como este niño, ése será el mayor en el Reino de los Cielos.
157 Escándalo: Mt 18, 5-9 (Mc 9, 36-45)
5 Y quien reciba a un niño como este en Mi nombre, a Mí me recibe. [(Mc 9) Y quien me recibe a Mí, no me recibe a Mí sino al que me ha enviado]
6 Pero quien escandalizare a uno de estos pequeños, que creen en Mí, sería mejor para él que le fuera colgada al cuello una piedra de molino, de las que mueve un asno, y fuese sumergido en lo profundo del mar.
7 Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que haya escándalos; pero ay de aquel por quien viene el escándalo!
8 Si tu mano o tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo y arrójalo lejos de ti: Es mejor para ti entrar manco o cojo en la vida, que tener dos manos o dos pies y ser arrojado al fuego eterno.
9 Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: Te es mejor entrar en la vida con un ojo solo, que tener dos ojos y ser arrojado al fuego del infierno, [(Mc 9) 47 donde el gusano no muere y el fuego no se extingue. 48 Porque todos serán salados con fuego, como la víctima se sala con sal. 49 Buena cosa es la sal; pero si la sal se hace insípida, ¿Con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros y vivid en paz unos con otros]
158 Oveja perdida: Mt 18, 10-14
10 Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños; porque Yo os digo que sus ángeles en el cielo ven continuamente la cara de mi Padre celestial.
11 El Hijo del hombre vino a salvar lo que estaba perdido.
12 ¿Qué os parece? si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una, ¿no dejará las noventa y nueve en el monte para ir a buscar la extraviada?
13 Y si llega a encontrarla, Yo os aseguro que se alegra más por ésta, que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
14 Del mismo modo, vuestro Padre que está en los cielos, no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.
159 Quien no está contra Mí... : Mc 9, 38-41 (Lc 9, 49-50)
38 Díjole Juan: Maestro, vimos a uno que arrojaba demonios en Tu nombre, que no va con nosotros, y se lo hemos prohibido.
39 Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; pues nadie hay que haciendo milagros en mi Nombre, sea capaz de hablar luego mal de Mí,
40 porque quien no está contra nosotros, está a favor nuestro.
41 Y quien os diere de beber un vaso de agua porque sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa.
160 Corrección fraterna: Mt 18, 15-17
15 Si tu hermano ha pecado, vete y corrígele a solas. Si te hace caso, habrás ganado a tu hermano.
16 Si no te hace caso, toma todavía contigo a una o dos personas, para que la cuestión sea decidida por la palabra de dos o tres testigos.
17 Si tampoco les hace caso, dilo a la Iglesia; y si no hace caso a la Iglesia, sea para ti como un pagano o un publicano.
18 En verdad os digo: Todo lo que atareis en la tierra será atado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra será desatado en el cielo.
162 Oración en común: Mt 18, 19-20
19 Además os digo: Si dos de vosotros os ponéis de acuerdo para pedir cualquier cosa, la obtendréis de mi Padre, que está en los cielos,
20 Porque donde hay dos o tres reunidos en Mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
163 Perdón: Mt 18, 21-22
21 Entonces, acercándose Pedro, le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿Cuántas veces deberé perdonarlo? ¿Hasta siete veces?
Jesús le respondió: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
164 Serás perdonado: Mt 18, 23-27
23 Por eso, el Reino de los Cielos puede compararse a un rey que quiso arreglar cuentas con sus servidores.
24 Y cuando comenzó a arreglar las cuentas, le fue presentado uno que era deudor de diez mil talentos.
25 No tenía con qué pagar. Entonces el señor mandó que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto poseía, para saldar la deuda;
26 Pero el siervo, cayendo a sus pies, le suplicó: Señor, ten paciencia conmigo y todo te lo pagaré.
27 Movido a compasión, el señor de aquel siervo le dejó en libertad, perdonándole toda la deuda.
165 Siervo malo: Mt 18, 28-35
28 Pero al salir aquel siervo, encontró a uno de sus compañeros, que le debía cien denarios. Le agarró por el cuello y le ahogaba diciendo: Paga lo que debes!
29 Su compañero, cayendo en tierra, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo y todo te lo pagaré.
30 Pero él no quiso, sino que fue e hizo que le metiesen en la cárcel hasta que pagase la deuda.
31 Al ver esto sus compañeros se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor lo ocurrido;
32 Entonces el señor le hizo llamar y le dijo: Siervo malo!, yo te he perdonado toda la deuda porque me lo suplicaste,
33 ¿No debías pues, tener tú compasión de tu compañero, como la tuve yo de tí?
34 Y lleno de ira, su señor le entregó a los torturadores hasta que pagase toda la deuda.
35 Así os tratará mi Padre celestial, si alguno de vosotros no perdona a su hermano de todo corazón.
166 Fiesta de los Tabernáculos: Jn 7, 2-10
2 Se acercaba la fiesta judía de los Tabernáculos;
3 Sus hermanos -parientes- le rogaron: Sal de aquí y vete a Judea, para que también aquellos discípulos tuyos vean las obras que haces,
4 porque nadie que pretende darse a conocer realiza estas obras en privado. Puesto que haces tales cosas, date a conocer al mundo.
5 Ni sus hermanos creían en El.
6 Díjoles Jesús: Mi hora aún no ha llegado; sin embargo, para vosotros siempre es tiempo propicio.
7 A vosotros no puede el mundo odiaros; a Mí si me odia, porque Yo declaro de él que sus obras son malas.
8 Vosotros subís a la fiesta. Yo no subo a esta fiesta porque aún no ha llegado mi hora.
9 Y dicho esto, se quedó en Galilea.
10 Pero después que ascendieran sus hermanos, El también se puso en camino para ir a la fiesta, no manifiestamente sino oculto.
51 Cumpliéndose ya los días de su salida de este mundo, tomó Jesús la firme resolución de encaminarse a Jerusalén,
52 y envió mensajeros delante de El para que entrasen en una aldea de samaritanos y le preparasen alojamiento.
53 Pero no lo recibieron, porque su propósito era dirigirse a Jerusalén.
54 Viéndolo los discípulos Santiago y Juan, dijeron: Señor, ¿Quieres que mandemos bajar fuego del cielo y los consuma?
55 Pero Jesús vuelto hacia ellos les reprendió, (diciendo: No sabéis a qué espíritu pertenecéis.
56 El Hijo del hombre no ha venido para perder a los hombres, sino para salvarlos). Y con esto se fueron a otra aldea.
168 Condiciones para seguir a Jesús: Lc 9, 57-62 (Mt 8, 19-22)
57 Y mientras iban de camino, díjole uno: Te seguiré adondequiera que vayas.
58 Jesús le respondió: Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.
59 Y dijo a otro: Sígueme. Mas éste replicó: Señor, permíteme que primero vaya a enterrar a mi padre.
60 Y Jesús: Deja a los muertos que entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.
61 Dijo también otro: Te seguiré Señor, mas primero permíteme despedirme de los de mi casa.
62 Jesús le replicó: Nadie que mira para atrás mientras tiene la mano en el arado, es apto para el Reino de los cielos.
169 Los 72 discípulos: Lc 10, 1-12, 16
1 Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos y los envió de dos en dos delante de El a toda ciudad y lugar a donde El mismo había de ir,
2 Y les decía: La mies es mucha pero los obreros pocos; rogad pues al señor de la mies que mande obreros a su mies.
3 Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos.
4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias, y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
5 En cualquier casa que entréis, decid primeramente: La paz sea en esta casa.
6 Y si allí hubiera alguno digno de paz, reposará sobre él vuestra paz; si no, la paz permanecerá con vosotros.
7 Y en esta misma casa, quedaos comiendo y bebiendo de lo que allí hubiere, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa.
8 En cualquier ciudad donde entréis y os dispensen acogida, comed lo que os presenten;
9 curad a los enfermos que hubiere en ella, y decidles: Ya esta cerca de vosotros el Reino de Dios.
10 Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, salid a la plaza pública y decid:
11 Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado os dejamos; con todo, sabed que está cerca el Reino de Dios.
12 Os aseguro que en aquel día se tratará más benignamente a Sodoma que a aquella ciudad.
16 El que a vosotros oye, a Mí me oye; y el que a vosotros rechaza, a Mí me rechaza; pero el que a Mí me rechaza, rechaza al que me ha enviado.
170 Ciudades incrédulas: Lc 10, 13-15 (Mt 11, 20-24)
13 Ay de ti Corazaín!, Ay de ti Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los prodigios que se han realizado en vosotras, hace tiempo que cubiertos de cilicio y ceniza, sentados en el suelo, hubieran hecho penitencia.
14 Por eso, Tiro y Sidón serán tratados más benignamente en el juicio que vosotras.
15 Y tú Cafarnaum, ¿piensas que serás encumbrada hasta el cielo?; pues serás precipitada en el infierno.
171 Regreso de los discípulos: Lc 10, 17-20
17 Volvieron los setenta y dos muy contentos, diciendo: Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre!
18 El les dijo: Ved que os he dado potestad de caminar sobre serpientes y escorpiones, y dominio sobre el poder del enemigo, y nada podrá dañaros;
20 mas no os alegréis porque los espíritus se os someten, sino alegraos porque vuestros nombres están escritos en el cielo.
172 Cristo, nuestro consolador: Mt 11, 25-30 (Lc 10, 21-22)
25 En aquel tiempo, [(Lc 10) se estremeció de alegría por la acción del Espíritu Santo] y dijo: Yo te alabo y te doy gracias Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeñuelos.
26 Sí Padre, porque así lo has querido.
27 Todas las cosas me han sido dadas por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre; nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiere revelarlo.
28 Venid a Mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré.
29 Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón. Así hallaréis alivio para vuestras almas;
30 porque mi yugo es suave y mi carga ligera.
173 Gran mandamiento: Lc 10, 23-28 (Mt 19, 1-2)
[(Mt 19) 1 Cuando Jesús terminó estos discursos, partió de Galilea y vino al territorio de Judea, al otro lado del Jordán. 2 Le siguió una gran muchedumbre]
23 Y dirigiéndose a los discípulos en particular, les dijo: Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis.
24 Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis y no lo vieron, y oir lo que vosotros oís y no lo oyeron.
25 Levantándose un doctor de la Ley, con intención de tentarlo, le preguntó: Maestro, ¿Que debo hacer para poseer la vida eterna?
26 El le dijo: ¿Qué está escrito en la Ley? ¿qué lees tú?
27 El respondió: "Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, y al prójimo como a tí mismo" (Dt 6, 5; Lv 19, 18).
28 Bien has respondido, replicó Jesús. Haz esto y vivirás (Lv 18, 5).
174 El buen Samaritano: Lc 10, 29-37
29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?
30 Jesús comenzó a decir: Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de los salteadores, los cuales le despojaron de todo, y después de apalearlo se marcharon, dejándolo medio muerto.
31 Por casualidad bajaba un sacerdote por el mismo camino y, habiéndole visto, pasó de largo.
32 Del mismo modo también un levita, viniendo por aquel lugar, lo vio y pasó de largo.
33 Pero un samaritano que iba de viaje, llegó hasta él, y al verlo se le enterneció el corazón,
34 y acercándose, le vendó las heridas, derramando también en ellas aceite y vino; y colocándolo encima de su propio jumento, lo llevó a la posada y lo cuidó.
35 Y al día siguiente, sacando dos denarios, los dio al hospedero y le dijo: Cuídalo y si gastas más, a mi regreso te lo pagaré.
36 ¿Quién de estos tres te parece haber sido prójimo del que cayó en manos de los salteadores?
37 Le contestó: El que se mostró misericordioso para con él. Le replicó Jesús: Anda y haz tu lo mismo.
38 Mientras iban de camino, entró El en cierta aldea; y una mujer de nombre Marta, le dió hospedaje en su casa.
39 Esta tenía una hermana llamada María, la cual sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
40 Pero Marta andaba muy afanada con los muchos quehaceres del hospedaje. Y presentándose a Jesús, le dijo: Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con toda la labor? Dile que me ayude.
41 Le respondió Jesús: Marta, Marta, te apuras y te afanas en muchas cosas,
42 cuando una sola es necesaria; con razón María ha elegido la mejor parte, la cual no le será quitada.
176 En la Fiesta de los Tabernáculos: Jn 7, 11-18
11 Durante la fiesta -la Fiesta de los Tabernáculos-, los judíos lo buscaban y decían: ¿Dónde está Aquel?
12 Y el cuchicheo era grande entre la multitud acerca de El. Unos decían: Es un hombre bueno. Otros, por el contrario afirmaban: No, que engaña a la gente.
13 Sin embargo, nadie se pronunciaba claramente sobre El por miedo a los judíos.
14 Mediada ya la fiesta subió Jesús al templo y se puso a enseñar.
15 Perplejos los judíos decían: Este hombre no ha estudiado, ¿De dónde le viene pues tanto conocimiento de las Escrituras?
16 Jesús les respondió: Mi doctrina no es mía sino de quien me ha enviado.
17 Quien desee hacer la voluntad de Aquel, conocerá si esta doctrina viene de Dios o si Yo hablo por cuenta propia.
18 El que habla por su cuenta busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que lo ha enviado, es digno de fe, y en él no hay falsedad.
177 Sábado: Jn 7, 19-24
19 ¿No os dio Moisés la Ley? Y sin embargo, entre vosotros nadie la observa. ¿Por que intentáis matarme?
20 Le respondió la multitud: Estás endemoniado. ¿Quién intenta matarte?
21 Jesús les replicó: He hecho una sola obra y todos os habéis maravillado.
22 Moisés os dio la circuncisión (bien sabéis que no procede de Moisés, sino de los antepasados) y aún seguís circuncidando en sábado.
23 Si uno puede ser circuncidado en sábado para que no deje de cumplirse la Ley de Moisés, ¿Por qué os enfadáis conmigo por haber curado del todo, a un hombre en sábado?
24 No juzguéis con ligereza, sino con juicio recto.
178 Origen divino: Jn 7, 25-31
25 Preguntaban algunos vecinos de Jerusalén: ¿No es Este a quien intentaban matar?
26 Pues habla libremente sin que le digan nada. ¿Acaso las autoridades se han convencido realmente de que Este es el Cristo?
27 Con todo, sabemos de donde es Este; pero cuando venga el Cristo, nadie sabrá de donde es.
28 Jesús, enseñando en el templo, dijo en voz alta: A Mí me conocéis y sabéis de donde soy, y con todo no he venido por cuenta propia, sino que me ha enviado quien tiene autoridad, al cual vosotros no conocéis.
29 Yo si lo conozco, porque procedo de El, y El me ha enviado.
30 Querían arrestarlo, pero nadie se atrevió a echarle mano porque aún no había llegado su hora.
31 Muchos del pueblo creyeron en El y decían: ¿Acaso el Mesías, cuando venga, hará más prodigios que Este?
179 Tratan de prenderle: Jn 7, 32-35
32 Se enteraron los fariseos de estos rumores que corrían entre la gente acerca de El, y estos y los jefes enviaron ministros -guardias- para que lo arrestasen.
33 Jesús comenzó a decir: Poco tiempo ya voy a estar con vosotros, pues me iré al que me ha enviado.
34 Me buscaréis, pero no me encontraréis; y donde yo esté, vosotros no podéis venir.
35 Se decían los judíos unos a otros: ¿Adonde irá Este que no lo podamos encontrar? ¿Quizá va a marchar a la diáspora de los griegos para enseñarles?
36 ¿Qué significa lo que acaba de decir: Me buscaréis, mas no me encontraréis; y donde esté Yo, vosotros no podéis venir?
180 Promesa del Espíritu Santo: Jn 7, 37-39
37 El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús, puesto en pie, dijo en voz alta: El que tenga sed, venga a Mí y beba.
38 El que cree en Mí, como dice la Escritura: "De su seno brotarán torrentes de agua viva".
39 Con esto se refería al Espíritu que iban a recibir cuantos creyesen en El. Todavía no se comunicaba el Espíritu, porque Jesús aún no había sido glorificado.
181 Opiniones: Jn 7, 40-53
40 Los que del pueblo habían oído estas palabras, decían: Este es realmente el Profeta.
41 Otros afirmaban: Este es el Cristo. Pero otros replicaban: No porque, ¿Acaso de Galilea va a venir el Cristo?
42 ¿No dice la Escritura que el Cristo viene de la estirpe de David, y de Belén, el pueblo de David?
43 Había diversidad de opiniones acerca de El entre el pueblo.
44 Algunos de ellos deseaban arrestarlo, pero nadie le echó mano.
45 Volvieron luego los ministros -guardias- a donde estaban los jefes de los sacerdotes y los fariseos; éstos les increparon: ¿Por qué no lo habéis traído?
46 Los ministros respondieron: Nunca hombre alguno ha hablado como Este.
47 Replicaron los fariseos: ¿También vosotros os habéis dejado engañar?
48 ¿Acaso ha creído en El algún hombre destacado o algún fariseo?
49 En cuanto a esta gente que no conoce la Ley, es digna de desprecio.
50 Uno de ellos, Nicodemo, el mismo que se había entrevistado con El, les dijo:
51 ¿Es que nuestra Ley condena a alguien sin haberlo primeramente escuchado y averiguado qué es lo que ha hecho?
52 Le respondieron: ¿Acaso tú también eres de Galilea? Investiga y verás que de Galilea no ha de venir profeta alguno.
53 Y cada cual se marchó a su casa.
182 Mujer adúltera: Jn 8, 1-11
1 Jesús se fue al monte de los Olivos,
2 Pero al amanecer, de nuevo se presentó en el templo, y todo el pueblo acudía a El. Tomó asiento y los adoctrinaba.
3 Los escribas y fariseos trajeron a una mujer sorprendida en adulterio, y colocándola en medio,
4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio,
5 Moisés nos manda en la Ley apedrear a semejantes mujeres.
6 ¿Qué opinas Tú? Decían esto para comprometerlo, a fin de que tener de que acusarlo. Jesús, agachándose, se puso a escribir en el suelo.
7 Como ellos insistiesen en su pregunta, se incorporó y les dijo: El que de vosotros no tenga pecado, arroje el primero contra ella una piedra.
8 Y agachándose de nuevo, seguía escribiendo en el suelo.
9 Ellos, oyendo esto, comenzaron a retirarse, uno tras otro, empezando por los más viejos; y se quedó solo con la mujer, que seguía allí quieta.
10 Jesús se incorporó y le preguntó: Mujer, ¿Dónde están? ¿Nadie te ha condenado?
11 Nadie, Señor, respondió. Pues tampoco Yo te condeno, añadió Jesús. Vete, desde ahora no peques más.
183 Luz del mundo: Jn 8, 12-20
12 De nuevo les habló Jesús: Yo soy la luz del mundo. El que me siga no andará en la oscuridad, sino que poseerá la luz de la vida.
13 Le objetaron los fariseos: Tú declaras en tu favor; tu declaración no es digna de fe.
14 Les respondió Jesús: Aunque yo declare en mi favor, mi declaración es digna de fe, porque sé de donde he venido y adonde voy.
15 Vosotros juzgáis según las apariencias, Yo no juzgo a nadie.
16 Si yo juzgo, mi juicio merece crédito, porque no estoy solo, sino que el Padre que me ha enviado está conmigo.
17 Y en vuestra Ley está escrito que la declaración de dos personas es digna de fe.
18 Yo soy el que declara en mi favor, pero declara en mi favor el Padre que me ha enviado.
19 ¿Dónde está tu Padre? le replicaron.
20 Respondió Jesús: No me conocéis a Mí ni a mi Padre. Si me conocierais a Mí, conoceríais también a mi Padre.
184 Donde yo voy: Jn 8, 21-30
21 De nuevo les dijo: Yo me voy y me buscaréis, pero moriréis en vuestro pecado. Adonde Yo voy, vosotros no podéis venir.
22 Decían los judíos: ¿Acaso va a suicidarse, cuando dice: Adonde Yo voy vosotros no podéis venir?
23 Mas Jesús les decía: Vosotros sois de abajo, Yo de arriba. Vosotros sois de este mundo, Yo no soy de este mundo.
24 Por eso os he dicho que moriréis en vuestros pecados. Si no creéis que soy Yo, moriréis en vuestros pecados.
25 Ellos le preguntaron: ¿Quién eres Tú? Jesús les respondió: Desde el principio os lo vengo repitiendo.
26 Con relación a vosotros tengo muchas cosas que decir y juzgar; pero quien me ha enviado es veraz y yo hablo al mundo lo que he oído de El.
27 No comprendieron que les hablaba del Padre.
28 Dijo pues, Jesús: Cuando hayáis levantado en alto al Hijo del hombre, entonces conoceréis que soy Yo y que por mi cuenta no hago nada, sino conforme me enseñó el Padre, así hablo.
29 Y el que me ha enviado está conmigo; nunca me ha dejado solo pues yo hago siempre lo que le agrada.
30 Al decir estas cosas, muchos creyeron en El.
185 Os digo verdad: Jn 8, 31-45
31 Dijo luego Jesús a los judíos que habían creído en El: Si vosotros seguís admitiendo mi doctrina, sois verdaderamente discípulos míos;
32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
33 Respondiéronle: Nosotros somos descendientes de Abraham, y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices Tú: Seréis libres?
34 Jesús les contestó: En verdad, en verdad os digo que quien se entrega al pecado, esclavo es del pecado.
35 El esclavo no habita permanentemente en casa, es el hijo quien habita permanentemente.
36 Luego si el Hijo os da libertad, seréis realmente libres.
37 Ya sé que sois descendientes de Abraham; sin embargo tratáis de matarme, porque mi doctrina no tiene cabida en vosotros.
38 Yo hablo lo que he visto al lado del Padre; y vosotros igualmente hacéis lo que habéis aprendido de vuestro padre.
39 Le respondieron: Nuestro Padre es Abraham. Jesús les respondió: Si fueseis hijos de Abraham, haríais las obras de Abraham.
40 Pero ahora tratáis de matarme a Mí, que os he dicho la verdad que oí al lado de Dios. Esto no lo hizo Abraham.
41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Le dijeron, no somos hijos ilegítimos. No tenemos más que un padre: Dios.
42 Jesús les respondió: Si Dios fuese vuestro Padre, ciertamente me amaríais a Mí. Porque Yo he salido y vengo de Dios. No he venido por cuenta propia, sino que El me ha enviado.
43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis oír mi palabra.
44 Vosotros sois hijos del diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Este era homicida desde el principio, y no podía permanecer en la verdad, porque en él no hay verdad. Cuando miente habla segun su propia naturaleza, porque es mentiroso y padre de la mentira.
45 Pero a Mí no me creéis porque os digo la verdad.
186 Divinidad: Jn 8, 46-59
46 ¿Quién de vosotros puede achacarme un pecado? Y si digo la verdad, ¿Por qué no me creéis?
47 El que es de Dios escucha las palabras de Dios. Por eso no las aceptáis vosotros, porque no sois de Dios.
48 Replicaron los judíos: Bien decimos nosotros que eres samaritano y estás endemoniado.
49 Respondió Jesús: Yo no estoy endemoniado, sino que honro a mi Padre, y vosotros me injuriáis.
50 Yo no busco el aplauso propio. Otro es el que lo busca y me hace justicia.
51 En verdad, en verdad os digo: Quien conserva mi palabra no morirá jamás.
52 Le dijeron los judíos: Ahora nos convencemos de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también y Tú dices: Quien conserva mi palabra no morirá jamás.
53 ¿Acaso eres Tú superior a nuestro padre Abraham, el cual murió; y mayor que los profetas que también murieron? ¿Por quién te tienes?
54 Respondió Jesús: Si yo me glorificase a Mí mismo, mi gloria no valdría nada. Pero es mi Padre el que me glorifica, de quien decís vosotros que es vuestro Dios.
55 Al cual sin embargo no conocéis, mientras que Yo sí lo conozco. Y si dijera que no lo conozco sería un mentiroso como vosotros; pero lo conozco bien y mantengo su palabra.
56 Vuestro padre se estremeció de alegría pensando ver mi día; lo contempló y se regocijó.
57 Los judíos le replicaron: Aún no tienes cincuenta años! ¿Y has visto a Abraham?
58 Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: Antes de que Abraham naciese, ya existía Yo.
59 Tomaron piedras para arrojárselas, pero Jesús se escabulló y salió del templo.
187 El ciego de nacimiento: Jn 9, 1-23
1 Al pasar, vio un ciego de nacimiento
2 y sus discípulos le preguntaron: Maestro, ¿éste nació ciego por haber pecado él o sus padres?
3 Jesús respondió: Ni por haber pecado él ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios.
4 Mientras es de día debemos realizar las obras del que me ha enviado. Va a venir la noche, en la cual nadie puede trabajar.
5 Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.
6 Dicho esto, escupió en tierra e hizo barro con la saliva y lo aplicó a los ojos,
7 y le dijo: Vete a lavarte en la piscina de Siloé (que significa "enviado"). Fue pues, y se lavó, y regresó con vista.
8 Los vecinos y los que lo habían visto antes, pues era un mendigo, se preguntaban: ¿No es éste el que solía sentarse a pedir limosna?
9 Unos se decían: Este es. Otros replicaban: No sino que se le parece. El decía: Soy yo.
10 Y le preguntaban: ¿Cómo se te han abierto los ojos?
11 El respondió: El hombre a quien llaman Jesús hizo barro y lo aplicó a mis ojos y me dijo: Vete a la piscina de Siloé y lávate. Fui pues, me lavé y recobré la vista.
12 Le preguntaron: ¿Dónde está Ese? Respondió: No lo sé.
13 Llevaron ante los fariseos al que hasta entonces había estado ciego.
14 Era sábado el día en que Jesús hizo barro y abrió sus ojos.
15 Los fariseos a su vez, le preguntaron como había recobrado la vista. El les respondió: Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.
16 Algunos fariseos exclamaron: No es enviado de Dios este hombre, puesto que no observa el sábado. Pero replicaron otros: ¿Cómo puede un pecador obrar semejantes prodigios? Y había división entre ellos.
17 Preguntaban de nuevo al ciego: Qué opinas tú del que te ha abierto los ojos? El respondió: Es un Profeta.
18 Pero los judíos no querían creer que este hombre había sido ciego y había recobrado la vista hasta que hubiesen llamado a sus padres.
19 Y les preguntaron: ¿Es éste vuestro hijo de quien decís que ha nacido ciego? ¿Cómo pues, ahora ve?
20 Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego.
21 Lo que no sabemos es cómo ve ahora y quién le abrió los ojos. Preguntádselo a él, ya tiene edad; el mismo puede contarlo.
22 Los padres dijeron esto porque temían a los judíos, pues estos habían decidido expulsar de la sinagoga a quien lo reconociese por Mesías.
23 Por eso sus padres dijeron: Ya tiene edad, preguntádselo a él.
188 Ahora veo: Jn 9, 24-41
24 Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: Da gloria a Dios, sabemos que este hombre es un pecador.
25 El respondió: Yo no sé si es pecador, lo que sí sé es que yo era ciego y ahora veo.
26 Luego le preguntaron: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?
27 Les respondió: Ya os lo he dicho y no me habéis creído, ¿Para qué queréis oírlo otra vez? ¿Acaso queréis haceros discípulos suyos?
28 Entonces Lo llenaron de maldiciones y dijeron: Tú serás discípulo suyo; nosotros somos discípulos de Moisés.
29 Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés pero, en cuanto a Este, no sabemos de donde es.
30 Esto es lo admirable!, que vosotros no sabéis de donde es, y sin embargo me abrió los ojos.
31 Sabemos que Dios no oye a los pecadores, sino que escucha a quien le honra y hace su voluntad.
32 Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento.
33 Si este no fuese de Dios, no podría hacer nada.
34 Le respondieron y dijeron: Naciste todo en pecado, y ¿nos das lecciones? Y le arrojaron fuera.
189 Creo Señor: Jn 9, 35-41
35 Oyó Jesús que le habían echado fuera; y encontrándose con él le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?
36 Respondió él y dijo: ¿Quién es Señor, para que crea en El?
37 Y le dijo Jesús: Le viste ya a El, el mismo que habla contigo, El es.
38 Entonces dijo él: Creo Señor. Y postrándose a sus pies le adoró.
39 Y dijo Jesús: Yo vine a este mundo a ejercer un juicio, para que los que no ven, vean; y los que ven se hagan ciegos.
40 Oyeron esto algunos de los fariseos que estaban con El, y le dijeron: Pues qué, ¿nosotros también somos ciegos?
41 Díjoles Jesús: Si fuerais ciegos no tendríais pecado; pero verdaderamente decís: Nosotros vemos. Por esto vuestro pecado permanece.
190 Soy la puerta: Jn 10, 1-10
1 En verdad, en verdad os digo: Quien no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que se encarama por otra parte, es ladrón y salteador.
2 El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.
3 A este lo abre el portero, y las ovejas escuchan su voz, y él llama a las ovejas por el nombre y las conduce fuera.
4 Y cuando ha hecho salir a todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.
5 Sin embargo, no seguirán a un extraño sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.
6 Jesús les propuso esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
7 Por esto insistió de nuevo Jesús: Verdaderamente os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.
8 Todos cuantos han venido delante de Mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les han escuchado.
9 Yo soy la puerta; el que por Mí entrare quedará satisfecho; entrará y saldrá y hallará pastor.
10 El ladrón no viene sino para robar y degollar y aniquilar. Yo he venido para que tengan vida, una vida exuberante.
191 El buen Pastor: Jn 10, 11-16
11 Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas.
12 El asalariado, que no es pastor y dueño de las ovejas, cuando va a venir el lobo deja las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y dispersa;
13 porque es asalariado y no le importan las ovejas.
14 Yo soy el buen Pastor, y conozco mis ovejas, y mis ovejas me conocen a Mí,
15 lo mismo que el Padre me conoce a Mí y Yo conozco al Padre. Yo doy mi vida por mis ovejas.
16 Tengo otras ovejas que no son de este redil; es necesario que Yo las guíe. Y oirán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor.
192 Doy mi vida: Jn 10, 17-21
17 Por eso mi Padre me ama, porque Yo doy mi vida para volverla a tomar.
18 No me la quita nadie, sino que Yo la doy voluntariamente. Soy libre para darla y libre para tomarla. Este es el precepto que ha recibido del Padre.
19 Una vez más se dividieron los pareceres entre los judíos a causa de estas palabras.
20 Muchos decían: Está endemoniado y delira. ¿Por qué le escucháis?
21 Otros afirmaban: Estas palabras no son de un endemoniado. ¿Acaso el demonio puede abrir los ojos a los ciegos?
1 Estaba El orando en cierto lugar, y cuando hubo terminado le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.
2 Jesús les dijo: Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre; venga tu reino;
3 danos cada día el pan cotidiano;
4 y perdónanos nuestros pecados, pues también nosotros perdonamos a todo el que nos ofende; y no nos sometas a la tentación.
194 Pedid: Lc 11, 5-13
5 Les dijo también: Si uno de vosotros va a media noche a casa de un amigo y le dice: Amigo necesito tres panes,
6 porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué darle;
7 y si aquel, desde dentro responde: No me molestes, la puerta está cerrada y mis hijos están en la cama conmigo; no puedo levantarme a dártelos.
8 Os aseguro que si no se levanta y se los da por ser amigo, al menos por su impertinencia, se levantará y le dará cuanto necesita.
9 Así os digo Yo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.
10 Porque todo el que pide, recibe, y el que busca halla, y al que llama, se le abre.
11 ¿Hay entre vosotros algún padre que, pidiéndole su hijo pan, le dé una piedra?
12 ¿O si le pide un huevo, le dé un escorpión?
13 Si pues vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, Con cuanta mayor razón el Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!
195 Ay de vosotros!: Lc 11, 37-45
37 Al terminar de hablar, un fariseo le invitó a comer en su casa; entró pues, y se puso a la mesa.
38 Mas el fariseo se extrañó viendo que antes de la comida no se lavaba.
39 Pero el Señor le dijo: Ahora vosotros, fariseos, limpiáis el exterior de la copa y el plato; mas vuestro interior está repleto de voracidad y perversidad.
40 Insensatos!, quien hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro?
41 Dad más bien en limosnas el contenido de copas y platos y así todo quedará purificado.
42 Mas, Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo por la menta, por la ruda y por toda clase de hierbas, y pasáis por alto la justicia y el amor a Dios! Estas cosas son las que hay que practicar, sin descuidar aquellas.
43 Ay de vosotros, fariseos, que ambicionáis el primer asiento en las sinagogas y los saludos en las plazas!
44 Ay de vosotros, porque sois como sepulcros escondidos, y los hombres pasan por encima sin verlos!
196 Cuestiones capciosas: Lc 11, 45-53 (Mt 23, 35)
45 Tomando la palabra un doctor de la Ley, le replicó: Maestro, diciendo eso también a nosotros nos ofendes.
46 Jesús respondió: Ay también de vosotros doctores de la Ley! que abrumáis a los hombres con cargas imposibles, y vosotros ni siquiera las tocáis con el dedo.
47 Ay de vosotros que edificáis los sepulcros a los profetas, siendo así que fueron vuestros padres quienes los mataron!
48 Con eso estáis pregonando que aprobáis lo hecho por vuestros padres, porque ellos los mataron y vosotros levantáis los sepulcros.
49 Por esto mismo dijo la sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles; a unos matarán y a otros perseguirán,
50 para que a esta raza se le pida cuentas de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo:
51 Desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, [(Mt. 23) 35 hijo de Barachías], asesinado entre el altar y el santuario. Sí, os lo repito, se le pedirán cuentas a esta generación.
52 Ay de vosotros, doctores de la Ley, porque os habéis incautado de las llaves de la ciencia! Vosotros no habéis entrado y a los que querían entrar se lo habéis estorbado.
53 Cuando salió de allí, comenzaron a hostigarlo implacablemente y a asediarlo con cuestiones capciosas, tratando de sorprenderle en alguna palabra comprometedora.
197 Fariseos: Lc 12, 1-3
1 Entre tanto, habiéndose reunido mucha gente, hasta el punto de atropellarse unos a otros, comenzó a decir en primer lugar a sus discípulos: Tened cuidado con la levadura de los fariseos, es decir, con la hipocresía.
2 Nada hay encubierto que no acabe por descubrirse, ni nada oculto que no llegue a conocerse.
3 Por lo cual, cuanto habéis dicho en la oscuridad será escuchado en la luz, y lo que habéis hablado en las habitaciones privadas, se pregonará sobre los tejados.
198 No temáis: Lc 12, 4-7
4 Amigos míos, a vosotros os digo: No tengáis miedo de los que matan el cuerpo, pero después de esto no pueden hacer nada más.
5 Os diré a quien debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder para lanzar a los infiernos. Sí, os repito, a éste debéis temer.
6 ¿Acaso no se venden cinco pájaros por dos monedas? Sin embargo, ninguno de ellos pasa desapercibido ante Dios.
7 Hasta los cabellos de vuestras cabezas están todos contados. No tengáis miedo, valéis más que una bandada de pájaros.
199 Respeto humano: Lc 12, 8-12
8 Os digo además: A quien me reconozca delante de los hombres, también el Hijo del hombre le reconocerá delante de los ángeles de Dios;
9 pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.
10 A todo el que habla contra el Hijo del hombre, se le perdonará; mas el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.
11 Cuando os conduzcan ante el tribunal de las sinagogas, ante los magistrados y autoridades, no os preocupéis pensando cómo o con qué razones os defenderéis o qué diréis,
12 porque el Espíritu Santo os enseñará en el momento preciso lo que debéis decir.
200 Avaricia: Lc 12, 13-21
13 Díjole alguien de entre la multitud: Maestro, dí a mi hermano que reparta conmigo la herencia.
14 El le dijo: Hombre, ¿Quién me ha constituido juez o albacea vuestro?
15 Y les dijo: Preservaos cuidadosamente de toda codicia; porque por más que se nade en la riqueza, la vida no consiste en la abundancia de bienes.
16 Y les propuso una parábola: Había un hombre rico cuyos campos dieron copiosos frutos.
17 Y discurría consigo mismo. ¿Como haré, pues no tengo donde almacenar mis frutos?
18 Y se dijo: Ya sé que he de hacer. Derribaré mis graneros para hacer otros mayores, y guardaré allí todo mi grano y mis bienes;
19 y me diré a mí mismo: Alma mía, tienes muchos bienes de reserva para muchos años; descansa, come, bebe, vive opulentamente.
20 Pero le dijo Dios: Insensato, esta misma noche van a exigirte tu alma; y ¿Para quién será cuanto has almacenado?
21 Así sucede a quien atesora para sí mismo en lugar de enriquecerse con vistas a Dios.
22 Y se dirigió a sus discípulos así: Por eso os digo: No os apuréis por la vida, pensando qué comeréis, ni por el cuerpo, pensando con qué os vestiréis.
23 Porque la vida vale más que el alimento y el cuerpo más que el vestido.
24 Observad los cuervos: No siembran, ni siegan, ni tienen despensa ni granero; sin embargo Dios los sustenta. Cuánto más valéis vosotros que los pájaros!
25 ¿Y quién de vosotros con afanarse consigue prolongar un momento más su vida?
26 Pues si ni siquiera podéis lo mínimo, ¿A qué preocuparse de lo demás?
27 Observad como crecen los lirios: no trabajan ni hilan; y os digo que ni Salomón, con toda su pompa, se vistió como uno de ellos.
28 Y si Dios, de tal modo viste a las hierbas, que hoy están en el campo y mañana se echan al horno, ¿Cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?
29 Tampoco estéis siempre pendientes de qué comeréis o qué beberéis, ni viváis en perpetua angustia.
30 Las gentes del mundo son las que viven preocupadas por estas cosas; en cuanto a vosotros, ya sabe vuestro Padre que tenéis necesidad de ellas.
31 Por lo tanto, buscad el reino de Dios, y estas cosas se os darán por añadidura.
32 No temáis pequeño rebaño Mío, porque ha parecido bien a vuestro Padre daros el Reino.
33 Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se deterioren, tesoros que no se agoten en el cielo, donde no llega el ladrón ni la polilla hace estragos.
34 Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
202 Vigilancia: Lc 12, 35-40
35 Estén ceñidos vuestros lomos y encendidas vuestras lámparas.
36 Estad como hombres que esperan regrese su Señor de las bodas, para abrirlo apenas llegue y llame.
37 Dichosos estos siervos a los que hallare en vela el amo a su regreso; en verdad os digo: Se pondrá el traje de faena, los hará acomodarse y les irá sirviendo.
38 Dichosos ellos si los encuentra así, ya venga a media noche, ya al canto del gallo.
39 Pensad que si el amo de casa supiese a qué hora viene el ladrón, vigilaría y no dejaría que horadasen su casa.
40 Vosotros también estad apercibidos, pues el Hijo del hombre puede venir cuando menos lo penséis.
203 Administradores: Lc 12, 41-48
41 Dijo Pedro: Señor, ¿En esta parábola aludes a nosotros solos o también a los demás?
42 Imaginaos pues, a un administrador fiel y prudente a quien el dueño pone al frente de sus sirvientes para que a su debido tiempo distribuya la ración de trigo.
43 Dichoso este siervo a quien su amo, al venir, hallare obrando así.
44 En verdad os digo: Le pondrá al frente de todos sus bienes.
45 Mas si este siervo se dice: Mi amo va a tardar en venir; y comienza a maltratar a los criados y criadas, a comer a beber y a embriagarse,
46 vendrá el amo de aquel criado el día menos pensado y a la hora que él no sabe, le castigará, y le tratará como se trata a los infieles.
47 Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su amo, no tiene nada dispuesto o no ha obrado conforme a esta voluntad, recibirá muchos azotes;
48 Mas el que no conociéndola, hace algo digno merecedor de azotes, recibirá pocos. A quien mucho se le ha dado, se le exigirá mucho, y a quien más se le ha entregado, más se le pedirá.
204 Divisiones y señales: Lc 12, 49-59
49 He venido a poner fuego en la tierra y, ¿Qué deseo sino que arda?
50 He de ser bautizado con bautismo y estoy intranquilo mientras esto no se cumpla.
51 ¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? Os aseguro que no, sino división.
52 Porque desde ahora estarán cinco desunidos en una casa: Tres contra dos y dos contra tres.
53 Estarán enfrentados el padre contra el hijo y el hijo con el padre; la madre con la hija y la hija con la madre, la suegra con la nuera y la nuera con la suegra.
54 Decía también a las gentes: Cuando veis aparecer una nube por el poniente, al punto decís: Agua trae, y se cumple.
55 Y cuando sopla viento del sur, decís: Va a hacer calor, y así sucede.
56 Hipócritas! ¿sabéis distinguir el aspecto de la tierra y del cielo, Y no sabéis interpretar el alcance del tiempo en que estamos ya?
57 ¿Por qué vosotros mismos no discernís lo que es justo?
58 Cuando vayas pues, con tu contrincante al magistrado, procura por el camino acordar con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel.
59 Te digo: no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
205 Higuera estéril: Lc 13, 1-9
1 En aquella misma ocasión se presentaron algunos que le refirieron el caso de los galileos cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios.
2 El les replicó: ¿Creéis que estos galileos, por haber padecido esta desgracia, fueron más pecadores que todos los demás galileos?
3 os aseguro que no: pero si no hacéis penitencia, todos pereceréis igualmente.
4 ¿Pensáis que aquellos dieciocho, sobre los cuales se desplomó la torre de Siloé y los mató, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?
5 Os aseguro que no: pero si no hacéis penitencia, todos pereceréis igualmente.
6 Y les propuso esta parábola: Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Vino en busca de fruto, mas no lo halló.
7 Y dijo al viñador: Hace ya tres años que vengo en busca de fruto a esta higuera y no lo hallo. Córtala; ¿por qué, además, ha de perjudicar la tierra?
8 Pero le suplicó el viñador: Señor, déjala este año todavía, y entre tanto la excavaré en derredor y echaré abono;
9 quizá el año que viene dé fruto; si no, la mandarás cortar.
206 Día de sábado: Lc 13, 10-17
10 Estaba un sábado enseñando en una sinagoga.
11 Había allí una mujer que hacía dieciocho años padecía una enfermedad originada por un espíritu, y estaba encorvada, y no podía de ningún modo levantar la cabeza.
12 Al verla, Jesús la llamó y le dijo: Mujer, queda libre de tu enfermedad.
13 Y puso sus manos sobre ella, y al instante se enderezó y comenzó a alabar a Dios.
14 Interviniendo el jefe de la sinagoga, enojado de que hubiera curado en sábado, dijo a la concurrencia: Hay seis días para trabajar; en estos pues, venid y haceos curar, pero no en sábado.
15 El Señor respondió: Hipócritas, cada uno de vosotros, aunque sea sábado, ¿No desata a su buey o a su asno del pesebre y lo lleva a abrevar?
16 Pues, ¿No será lícito soltar en sábado la cadena a esta hija de Abraham, a quien ató Satanás hace ya dieciocho años?
17 Al decir estas cosas, todos sus adversarios enrojecían de vergüenza, mientras la gente toda se alegraba por los prodigios obrados por El.
207 Simiente y fermento: Lc 13, 18-21
18 Añadió todavía: ¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Y a qué lo compararé?
19 Se parece a un granito de mostaza, que un hombre arroja en su huerto, y crece y se hace árbol grande, y las aves del cielo vienen a cobijarse en sus ramas.
20 Y continuó: ¿A qué compararé el Reino de Dios?
21 Es comparable a la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina hasta que toda la masa fermenta.
22 Camino siempre de Jerusalén, Jesús iba enseñando por las ciudades y aldeas.
23 Uno le preguntó: Señor, ¿son pocos los que se salvan? El les dijo:
24 Esforzaos para entrar por la puerta estrecha, porque muchos, os lo aseguro, intentarán entrar y no lo lograrán.
25 Una vez que el amo de la casa se levante y cierre la puerta, si os quedáis fuera, por más que os pongáis a golpear la puerta diciendo: Señor ábrenos, el os responderá: No sé de dónde sois vosotros.
26 Entonces comenzaréis a decir: Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas.
27 Y os contestará: Os repito que no sé de dónde sois; apartaos de Mí todos los que habéis obrado maldad.
28 Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando viereis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, mientras vosotros sois arrojados fuera.
29 Y vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el reino de Dios.
30 Tened en cuenta que hay últimos que serán los primeros y hay primeros que serán los últimos.
209 Jerusalén, Jerusalén: Lc 13, 31-35
31 En este momento se le acercaron algunos fariseos para decirle: Retírate y marcha de aquí, porque Herodes te quiere matar.
32 Díjoles: Id y decir a este zorro: Mira, yo arrojo los demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día seré consumado.
33 Es menester, con todo, que hoy y mañana, y al día siguiente siga Yo mi camino, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén.
34 Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te han sido enviados. ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos como la gallina a sus polluelos bajo las alas, pero no has querido!
35 Pues bien, vuestra casa se os deja a vosotros. Yo os garantizo que ya no me veréis hasta el día que me digáis: "Bendito el que viene en el nombre del Señor".
210 Os lo he dicho: Jn 10, 22-30
22 Se celebraba por entonces la fiesta de la Dedicación; era invierno.
23 Pasaba Jesús por el templo, por el pórtico de Salomón.
24 Lo rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo vas a tener impaciente nuestra alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo claramente.
25 Jesús les respondió: Ya os lo he dicho. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre, éstas declaran a mi favor.
26 Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas.
27 Mis ovejas escuchan mi voz, y Yo las conozco y me siguen.
28 Yo les doy la vida eterna y no perecerán nunca, ni nadie las arrebatará de mis manos.
29 Mi Padre, que me las ha entregado, es superior a todos, y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre.
30 El Padre y Yo somos uno.
211 Tomaron piedras: Jn 10, 31-39
31 Otra vez los judíos tomaron piedras para apedrearlo.
32 Jesús les dijo: Muchas obras buenas os he manifestado de parte de mi Padre. ¿Por cual de estas obras intentáis apedrearme?
33 Le respondieron los judíos: No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por la blasfemia, pues, siendo hombre, pretendes pasar por Dios.
34 Jesús les contestó: ¿No está escrito en vuestra Ley: "Yo he dicho: Vosotros, dioses sois?" (Ps 61, 6)
35 Si llama dioses a aquellos a quienes se dirigía la palabra de Dios, y no se puede desautorizar la Escritura,
36 ¿cómo llamáis blasfemo a quien el Padre consagró y envió al mundo, porque ha dicho: Soy Hijo de Dios?
37 Si no realizo las obras de mi Padre, no me creáis.
38 Pero si las realizo, y no me creéis, creed a las obras, para que sepáis y conozcáis que el Padre está en Mí y Yo en el Padre.
39 Intentaron otra vez arrestarlo, pero se escapó de sus manos.
212 Estancia en Perea: Jn 10, 40-41
40 Pasó de nuevo al otro lado del Jordán, al mismo lugar donde Juan había bautizado por primera vez, y permaneció allí.
41 Y muchos acudían a El y decían: Ciertamente Juan no hizo ningún prodigio, pero todo cuanto dijo de Este era verdad; y muchos allí mismo creyeron en El.
213 Curar en sábado: Lc 14, 1-6
1 Un sábado Jesús fue a comer en casa de un fariseo de prestigio; los mismos fariseos se pusieron a espiarle.
2 Tenía delante de El a un hidrópico.
3 Jesús hizo esta pregunta a los doctores de la Ley y a los fariseos: ¿Está permitido curar en sábado o no?
4 Ellos se callaron. Y tomándolo de la mano, lo sanó y lo despidió.
5 Y a ellos les dijo: Si a uno de vosotros se le cae en un pozo el asno o el buey, ¿no va inmediatamente a sacarlo, aunque sea sábado?
6 Y no sabían qué replicar a esto.
214 Ultimos puestos: Lc 14, 7-11
7 Observando cómo los invitados se disputaban los primeros puestos, les propuso la siguiente parábola:
8 Cuando seas invitado por alguien a una boda, no ocupes el primer lugar, no sea que haya un invitado más importante que tú,
9 y venga el que os invitó a ti y a él y te diga: Deja el puesto a éste, y lleno de vergüenza tengas que ir a ocupar el último lugar.
10 Al contrario, cuando seas invitado ve a ocupar el último sitio, para que cuando venga el que te ha invitado te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces te verás honrado en presencia de todos los comensales.
11 Porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.
215 Convida a los pobres: Lc 14, 12-15
12 Dijo también al que lo había invitado: Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos o a tus hermanos, ni invites a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos a su vez te inviten y te sirva de recompensa.
13 Al contrario, cuando des un banquete, llama a los pobres, mancos, cojos, ciegos,
14 y serás dichoso porque no tienen con qué recompensarte, pues se te dará la recompensa en la resurrección de los justos.
15 Al oir esto, uno de los comensales exclamó: Dichoso el que participará del banquete en el Reino de Dios.
216 Gran festín: Lc 14, 16-24
16 El les dijo: Un hombre dio una gran cena e invitó a mucha gente.
17 A la hora de la cena mandó a su criado que dijese a los invitados: Venid que ya está todo a punto.
18 Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: He comprado un campo y necesito ir a verlo; te ruego me sepas dispensar.
19 Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego no lo tomes a mal;
20 y otro exclamó: Acabo de casarme y por esto no puedo ir.
21 A su regreso, el criado enteró de esto a su señor. Entonces el amo, enojado, dijo a su criado: Sal rápido a las calles y plazas de la ciudad, y tráeme aquí a los pobres, mancos, ciegos y cojos.
22 Dijo el criado: Señor, se ha hecho lo que has ordenado y aún queda sitio.
23 Replicó el amo al criado: Sal a los caminos y cercados y obliga a las gentes a entrar, para que se llene mi casa.
24 Porque os digo que ninguno de aquellos que habían sido invitados participará de mi banquete.
217 Condiciones para seguir a Jesús: Lc 14, 25-35
25 Caminaba con El un gentío enorme, y dirigiéndose a ellos, les dijo:
26 Si alguno quiere venir a Mí y no aborrece a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo.
27 Quien no carga con su cruz y se viene en pos de Mí, no puede ser mi discípulo.
28 Pues si uno de vosotros quiere construir una torre, ¿no es verdad que primeramente, con detención, calcula los gastos por ver si tiene para terminarla?
29 no sea que, habiendo puesto los cimientos, no pueda terminar, y entonces comiencen todos los que lo ven a burlarse de él,
30 diciendo: Este hombre comenzó a edificar y no pudo terminar.
31 O si un rey sale a guerrear contra otro rey, ¿No es verdad que primero considera detenidamente si puede hacer frente con diez mil al que viene sobre él con veinte mil?
32 En caso contrario, mientras él está lejos todavía, despacha una embajada para negociar la paz.
33 Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a sus bienes, no puede ser mi discípulo.
34 Buena es pues la sal; pero si la misma sal pierde su sabor, ¿con qué se aderezará?
35 no vale ni para la tierra ni para el estercolero: Se la arrojará fuera. Quien tenga oídos para oír, que oiga.
218 Oveja perdida: Lc 15, 1-10
1 Se acercaban a El todos los publicanos para escucharle.
2 Y murmuraban los fariseos y los escribas, diciendo: Este recibe a los pecadores y come con ellos.
3 Y les propuso esta parábola.
4 Si uno de vosotros tiene cien ovejas y pierde una de ellas, ¿no es verdad que dejará las noventa y nueve en el desierto e irá en busca de la extraviada hasta que la halle?
5 Y en hallándola, la echa a los hombros,
6 y llegando a su casa convoca a los amigos y a los vecinos y les dice: Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.
7 Os digo que de igual modo en el cielo habrá mas alegría por un pecador arrepentido que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de penitencia.
8 Si una mujer que tiene diez dracmas, pierde una, ¿no es verdad que encenderá una lámpara, barrerá la casa y buscará con todo esmero hasta que la halle?
9 Y habiéndola encontrado, llama a las amigas y vecinas y las dice: Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.
10 Os digo que de la misma manera hay alegría entre los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
219 El hijo pródigo: Lc 15, 11-33
11 Y añadió: Un hombre tenía dos hijos,
12 y dijo el menor de ellos a su padre: Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde. El, repartió entre ellos la herencia.
13 Pasados algunos días, el hijo menor, habiéndolo reunido todo, se marchó a lejanas tierras y allí dilapidó su hacienda, viviendo licenciosamente.
14 Mas cuando lo hubo gastado todo, sobrevino en aquellas tierras una grande hambre, y él comenzó a sentir necesidad.
15 Se puso al servicio de uno de los paisanos de aquella región, el cual lo envió a sus campos a guardar puercos.
16 De buena gana hubiera llenado su estómago de las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba.
17 Entrando dentro de sí, dijo: Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia mientras yo aquí me muero de hambre.
18 Volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;
19 no merezco ser hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros.
20 Se puso, pues, en camino hacia su padre. Estaba todavía lejos cuando su padre lo vio y se enterneció, y corriendo hacia él, se echó a su cuello y lo cubrió de besos.
21 Díjole el hijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; no merezco ser hijo tuyo.
22 El padre mandó a sus criados: ¡Pronto!, sacad el mejor vestido y ponédselo, colocadle un anillo en el dedo y sandalias en los pies;
23 traed el novillo cebado, matadlo y comamos y hagamos fiesta;
24 porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado. Y dieron principio a la fiesta.
25 Su hijo mayor estaba en el campo; a su regreso, al aproximarse a la casa, oyó la música y el baile;
26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
27 El le dijo: Ha vuelto tu hermano, y tu padre ha mandado matar el novillo cebado, porque lo ha recibido sano y salvo.
28 Enojóse y no quería entrar, por lo que su padre tuvo que salir a rogárselo.
29 El dijo a su padre: Tantos años como te sirvo, sin jamás haber transgredido un mandato tuyo y nunca me has dado un cabrito para celebrarlo con mis amigos;
30 mas, apenas ha llegado ese hijo tuyo que ha gastado tus bienes con meretrices, has matado para él el novillo cebado.
31 El le respondió: Hijo mío, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo;
32 pero era necesario hacer fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado.
220 Mayordomo infiel: Lc 16, 1-9
1 Dijo también a los discípulos: Había un hombre que tenía un mayordomo el cual fue acusado ante él de que malgastaba sus bienes.
2 Lo mandó llamar y le dijo: ¿Qué es lo que me dicen de ti? Dame cuenta de tu administración, porque no podrás en adelante seguir de mayordomo.
3 El mayordomo se dijo para sí: ¿Qué voy a hacer, ya que mi amo me va a quitar la administración? ¿cavar? no puedo. ¿Mendigar? me da vergüenza.
4 Ya sé qué hacer para que, cuando sea removido de la administración, me reciban en sus casas.
5 Y llamando uno por uno los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuanto debes a mi amo?
6 El contestó: Cien barriles de aceite. Le replicó: Toma tu factura, siéntate pronto y escribe cincuenta.
7 Luego dijo al otro: ¿Y tú cuanto debes? él le dijo: Cien medidas de trigo. Le replicó: Toma tu factura y apunta ochenta.
8 El amo elogió al mayordomo infiel, por haber obrado con astucia, pues los hijos de este siglo son más astutos que los hijos de la luz en el trato con sus semejantes.
9 Yo también os digo: Procuraos amigos con esta riqueza -(sentido figurado)-, para que a vuestra muerte, os reciban en las moradas eternas.
221 Riquezas: Lc 16, 10-15
10 Quien es fiel en las cosas insignificantes, también lo es en las cosas de importancia; y quien es infiel en las cosas pequeñas, también lo es en las cosas mayores.
11 Si pues, en las riquezas inicuas no fuisteis fieles, ¿Quién os confiará los verdaderos bienes?
12 Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿Quién os dará lo vuestro?
13 Ningún criado puede servir a dos amos; porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no se preocupará del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
14 Oían estas cosas los fariseos que estaban apegados al dinero, y se mofaban de El.
15 Y les dijo: Vosotros os hacéis pasar por justos delante de los hombres, mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo grande para los hombres es despreciable para Dios.
222 Matrimonio: Lc 16, 16-18
16 La Ley y los Profetas llegan hasta Juan; desde entonces se anuncia la buena nueva del reino de Dios y todos luchan esforzadamente por entrar en él,
17 pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra que el que desaparezca el más imperceptible rasgo de la Ley.
18 Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y quien se casa con la repudiada, comete adulterio.
223 Epulón y Lázaro: Lc 16, 19-31
19 Había un hombre rico que vestía púrpura y lino fino, y comía opíparamente todos los días.
20 Por el contrario, un pobre llamado Lázaro, solía ponerse tendido junto a su puerta, cubierto de úlceras,
21 y deseando hartarse de lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros venían a lamer sus úlceras.
22 Sucedió que murió el mendigo y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado en el infierno.
23 Estando allí, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio a Abraham a lo lejos y a Lázaro en su seno.
24 Y con voz fuerte dijo: Padre Abraham, compadécete de mí y manda a Lázaro que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque me abraso en estas llamas.
25 Dijo Abraham: Hijo, recuerda que recibiste tus bienes mientras vivías, y Lázaro en cambio los males; ahora, sin embargo, él es aquí consolado y tú atormentado.
26 Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un abismo infranqueable, de forma que los que quieren pasar de aquí a vosotros no pueden, ni tampoco de ahí pasar a nosotros.
27 Te ruego, padre mío, replicó el rico, que lo envíes a casa de mi padre,
28 pues tengo cinco hermanos, para que les advierta, a fin de que ellos no vengan a este lugar de tormentos.
29 Abraham contestó: Ya tienen a Moisés y a los Profetas. ¡Que los escuchen!
30 El replicó: No padre Abraham, si fuere a ellos alguno de la región de los muertos, harían penitencia.
31 Le respondió: Si a Moisés y a los Profetas no hacen caso, tampoco creerán a uno resucitado de entre los muertos.
224 Escándalo: Lc 17, 1-2
1 Dijo a sus discípulos: Es imposible que no haya escándalo; pero, Ay de aquel que los cause!
2 Sería mejor para él que le colgasen al cuello una rueda de molino y lo arrojasen al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeñuelos.
225 Corrección fraterna: Lc 17, 3-4
3 Tened cuidado, pues. Si tu hermano se porta mal, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo.
4 Y si siete veces al día te ofende y siete veces viene a ti, diciendo: Me arrepiento, perdónalo.
226 Fe: Lc, 5-6
5 Dijeron los Apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.
6 Dijo el Señor: Si tuvierais fe como un grano de mostaza nada más, diríais a esta morera: Arráncate de raíz y trasplántate en el mar, y os obedecería.
227 Siervos inútiles: Lc 17, 7-10
7 Si uno de vosotros tiene un criado arando y cuidando el ganado, ¿Acaso le dice cuando regresa a casa: Ven pronto y ponte a la mesa?
8 ¿No le dirá más bien: Prepárame la cena y apréstate a servirme hasta que termine de comer y beber, después ya comerás y beberás tú?
9 ¿Debéis acaso dar las gracias al criado por haber hecho lo mandado?
10 Así también vosotros cuando hayáis hecho lo que se os ordenó, decid: Somos simples criados; hemos hecho lo que estábamos obligados a hacer.
228 Lázaro enfermo: Jn 11, 1-16
1 Había un enfermo, llamado Lázaro, en Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta.
2 María era la que ungió a Jesús con ungüento perfumado y enjugó sus pies con sus cabellos. Y el que estaba enfermo, Lázaro, era hermano suyo.
3 Las hermanas, pues, enviaron a decirle: Señor, tu amigo está enfermo.
4 Jesús, al oírlo, dijo: Esta enfermedad no causa la muerte, sino que sirve a la gloria de Dios, para que mediante ella sea glorificado el Hijo.
5 Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro.
6 Aunque se enteró de que estaba enfermo, permaneció allí dos días todavía.
7 Después dijo a sus discípulos: Vamos otra vez a Judea.
8 Ellos le replicaron: Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte y, ¿de nuevo vas allá?
9 Respondió Jesús: ¿No son doce las horas del día? quien camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo.
10 Pero quien camina en la noche, tropieza porque no tiene luz.
11 Dichas estas palabras, añadió: Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo.
12 Replicaron sus discípulos: Señor, si duerme sanará.
13 Pero Jesús se refería a su muerte mientras que sus discípulos pensaban que hablaba del sueño ordinario.
14 Jesús entonces les dijo claramente: Lázaro ha muerto.
15 Y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vamos hasta él.
16 Entonces Tomás, por sobrenombre Dídimo, dijo a sus condiscípulos: Vayamos también nosotros a morir con El.
229 Yo soy la vida: Jn 11, 17-27
17 Al llegar Jesús se encontró con que hacía ya cuatro días que estaba en el sepulcro.
18 (Distaba Betania de Jerusalén casi quince estadios -unos 3 Km.-)
19 Por eso, muchos judíos se llegaron a Marta y María para darles el pésame por su hermano.
20 Cuando Marta oyó que Jesús venía, salió a su encuentro. Pero María se quedó en casa.
21 Dijo Marta a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.
22 Pero ya sé que Dios te concederá cuanto le pidas.
23 Le dijo Jesús: Tu hermano resucitará.
24 Marta le replicó: Ya se que resucitará en la resurrección del último día.
25 Añadió Jesús: Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en Mí, aunque muera vivirá;
26 y quien vive y cree en Mí, no morirá jamás. ¿Crees tú esto?
27 Si Señor, le respondió. Yo he creído que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo
230 Llanto de Jesús: Jn 11, 28-37
28 Y dicho esto, fue y llamó a su hermana María, diciéndole al oído: El Maestro está aquí y te llama.
29 Apenas oyó estas palabras, se levantó rápidamente y se dirigió hacia El.
30 Aún no había llegado Jesús al pueblo, sino que se hallaba en el lugar donde lo encontró Marta.
31 Los judíos que estaban con María en casa, consolándola, viéndola levantarse tan rápidamente y salir, la siguieron pensando que iba al sepulcro a llorar allí.
32 Cuando María llegó a donde estaba Jesús, viéndole, cayó a sus pies y le dijo: Señor, si hubieses estado aquí no hubiera muerto mi hermano.
33 Jesús, viéndola llorar y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, se emocionó y conmovió interiormente;
34 Y preguntó: ¿dónde lo habéis puesto? Le respondieron: Señor, ven y lo verás.
35 Jesús se echó a llorar.
36 Los judíos se decían: fijaos cuánto lo quería.
37 Algunos, no obstante replicaban: Este que abrió los ojos al ciego, ¿No podría haber impedido que este hombre muriera?
231 Resurrección de Lázaro: Jn 11, 38-44
38 Jesús, otra vez visiblemente conmovido, llegó al sepulcro. Era una cueva tapada con una piedra.
39 Dijo Jesús: Quitad la piedra. Le respondió Marta, la hermana del muerto: Señor ya huele mal, pues lleva cuatro días.
40 ¿No te he dicho, replicó Jesús, que si crees verás la gloria de Dios?
41 Quitaron pues, la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, te doy gracias porque me has oído,
42 yo ya sabía que siempre me oyes; pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que se convenza de que Tú me has enviado.
43 Y dicho esto, gritó con voz fuerte: Lázaro, sal fuera!
44 y salió el que había estado muerto, atados los pies y las manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Desatadlo y dejadlo caminar, les ordenó Jesús.
232 Decretan la muerte de Jesús: Jn 11, 45-57
45 Muchos judíos, de los que acompañaban a María y a Marta, viendo lo que había hecho, creyeron en El.
46 Mas algunos de estos se llegaron a los fariseos para contarles lo que Jesús había hecho.
47 Tuvieron reunión los jefes de los sacerdotes y se dijeron: ¿Qué hacemos? este hombre está realizando muchos prodigios.
48 Si le dejamos así, toda la gente creerá en El, y vendrán los romanos y destruirán nuestro Templo y nuestra nación.
49 Pero uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote de aquel año les dijo: Vosotros no sabéis nada.
50 No os dais cuenta de que conviene que muera un solo hombre por el pueblo y no que perezca toda la nación.
51 No dijo esto por cuenta propia, sino que siendo sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación;
52 y no sólo por la nación, sino para realizar la unidad de los hijos de Dios dispersos.
53 Desde aquel día se decidieron a matarlo.
54 Por esto Jesús no aparecía ya en público ante los judíos, sino que se retiró a la región cercana al desierto, a la ciudad llamada Efrén, y allí permaneció con sus discípulos.
55 Se aproximaba la pascua de los judíos, y subieron muchos de los pueblos a Jerusalén, antes de la Pascua para purificarse.
56 Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: ¿Qué os parece? ¿no vendrá a la fiesta?
57 Los jefes de los sacerdotes y los fariseos habían ordenado que cualquiera que supiese donde estaba, lo denunciase para arrestarlo.
233 Leprosos: Lc 17, 11-19
11 Camino de Jerusalén, pasó entre los límites de Samaria y Galilea.
12 Al entrar El en cierta aldea, le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales, manteniéndose a distancia,
13 dijeron en alta voz: Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros.
14 Luego que los vio, les dijo: Id y presentaos a los sacerdotes. Y mientras iban de camino, quedaron limpios.
15 Uno de ellos, al sentirse curado, volvió hacia atrás alabando a Dios a grandes voces,
16 y rostro en tierra, se tiró a los pies de Jesús, dando las gracias. Era un samaritano.
17 Tomando Jesús la palabra, dijo: ¿No quedaron limpios los diez? ¿y los nueve, Donde están?
18 ¿no ha habido quienes volviesen a dar gloria a Dios, sino este extranjero?
19 y le dijo: Levántate y vete, tu fe te ha salvado.
234 Segunda venida: Lc 17, 20-37
20 Preguntado por los fariseos: ¿Cuándo va a venir el Reino de Dios? respondió: No ha de venir el Reino de Dios de modo aparatoso,
21 ni dirán: Aquí está o allá; sabed que el Reino de Dios está en medio de vosotros.
22 Y dijo a sus discípulos: Llegará un día en que anheléis ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo veréis.
23 Y os dirán: Aquí está, allí está; no vayáis ni andéis tras ellos.
24 Porque, como el relámpago, al brillar recorre con su resplandor todo el cielo de un extremo a otro, así será la venida del Hijo del Hombre, en su día.
25 Pero antes es menester que El padezca mucho y sea rechazado por esta raza.
26 Y lo mismo que acaeció en tiempo de Noé, así sucederá en los días del Hijo del hombre:
27 Comían y bebían, se casaban ellos y se casaban ellas, hasta el día en que Noé entró en el arca y vino el diluvio que acabó con todos.
28 Lo mismo aconteció en tiempo de Lot; comían y bebían, compraban y vendían; plantaban y edificaban;
29 mas el día en que salió Lot de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo, que acabó con todos.
30 Esto mismo pasará cuando aparezca el Hijo del hombre.
31 Entonces, si uno se halla en la terraza y tiene sus cosas dentro de casa, que no baje a recogerlas; y lo mismo quien esté en el campo, que no vuelva atrás.
32 Acordaos de la mujer de Lot.
33 Quien busque poner a salvo su vida, la perderá; y quien la pierde la conservará.
34 Os aseguro que en esta noche estarán dos en una cama; se llevarán uno y dejarán al otro.
35 Estarán dos moliendo juntas: se llevarán a una y dejarán a la otra.
36 Y le preguntaron: ¿Dónde, Señor, sucederá esto?
37 El les respondió: Los buitres se juntarán donde haya un cadáver.
235 Orad siempre: Lc 18, 1-8
1 Les propuso una parábola sobre la obligación de orar siempre y de no cansarse nunca.
2 Comenzó así: En cierta ciudad había un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres.
3 Había también en aquella ciudad una viuda que solía acudir a él, diciéndole: Hazme justicia contra mi contrario.
4 Durante algún tiempo no se preocupó. Pero un día se dijo a sí mismo: Verdad es que ni temo a Dios ni respeto a nadie.
5 Con todo, como esta viuda me importuna tanto, le haré justicia para que no me dé más quebraderos de cabeza.
6 Y concluyó el Señor: Oíd lo que dice el Juez inicuo.
7 ¿No hará Dios justicia a sus elegidos que claman a El día y noche? ¿acaso se mostrará remiso en la defensa de su causa?
8 Os digo que le hará justicia sin tardar. Pero, ¿creéis que el Hijo del hombre, cuando venga, hallará esta fe en la tierra?
236 El fariseo y el publicano: Lc 18, 9-14
9 Propuso esta parábola para algunos que se tenían por justos y menospreciaban a los demás:
10 Dos hombre subieron al templo a orar: uno fariseo y otro publicano.
11 El fariseo, puesto en pie, oraba en su interior de esta manera: Oh Dios! te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano;
12 ayuno dos veces por semana, pago el diezmo de todo cuanto poseo.
13 Mas el publicano, manteniéndose a distancia, no osaba siquiera alzar los ojos al cielo; se daba golpes de pecho, diciendo: Oh Dios ten piedad de mí que soy pecador!
14 Os digo que éste -a diferencia del otro- volvió a casa justificado; porque todo aquel que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.
237 Matrimonio y virginidad: Mt 19, 2-12 (Mc 10, 1-12)
[(Mc 10) 1 Y partiendo de allí llegó hasta los confines de Judea, al otro lado del Jordán: donde concurrieron de nuevo alrededor de El los pueblos, y se puso a enseñarles como tenía costumbre] (Mt 19) 2 Le siguió una gran muchedumbre, y allí los curó.
3 Se acercaron a El algunos fariseos y, para ponerle a prueba, le propusieron esta cuestión: ¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?
4 El respondió: [(Mc 10) 3 ¿Qué os propuso Moisés? 4 y ellos dijeron: Moisés permitió suscribir libelo de repudio y separar el matrimonio] (Mt 19) Mas Jesús les dijo: ¿No habéis leído que el Creador, desde el principio [(Mc 10) de la Creación los hizo Dios varón y hembra]
5 y que dijo: "por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos serán una sola carne?" (Gn 2, 24);
6 así pues, ya no son dos, sino una sola carne. Por consiguiente, lo que Dios unió no lo separe el hombre.
7 Ellos prosiguieron: ¿Por qué pues mandó Moisés entregarle un acta de repudio y separarse? (Dt 24, 1)
8 Jesús les contestó: Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no era así.
9 Y Yo os digo: Aquel que repudia a su mujer, salvo en caso de concubinato, y se casa con otra, comete adulterio.
[(Mc 10) Una vez más los discípulos, cuando entraron en casa, le pidieron explicación de la cuestión. Y es dijo, quien repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio con respecto a la primera. Y si una mujer, repudiando a su marido, se casa con otro, comete adulterio]
10 Entonces los discípulos le dijeron: Si tal es la condición del hombre respecto a la mujer, no conviene casarse.
11 El les respondió: No todos comprenden esta doctrina, sino solamente aquellos a quienes es concedido.
12 Porque hay eunucos que lo son desde el vientre de su madre, hay otros que lo han sido por los hombres y hay otros que se castraron a sí mismos por el Reino de los cielos. Quien sea capaz de entender que entienda.
238 Como niños: Lc 18, 15-17 (Mt 19, 13-15; Mc 10, 13-16)
15 Deseaban también presentarle los niños para que los tocase; [(Mt 19) para que les impusiese las manos y orase]; pero los discípulos, al verlo, los reñían.
16 Mas Jesús [(Mc 10) Reprendióles]; haciéndoles venir junto a El dijo: Dejad que los niños vengan a Mí, y no se lo impidáis, porque de los que son como tales es el Reino de los Cielos.
17 En verdad os digo: Quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él [(Mc 10) Y estrechándolos en sus brazos y poniendo las manos sobre ellos les bendecía]
239 Pobreza y perfección: Mt 19, 16-22, (Mc 10, 17-22; Lc 18, 18-23)
[(Mc 10) 17 Así que salió para ponerse en camino, vino corriendo un hombre -joven distinguido-, y arrodillado a sus pies le rogaba:] Maestro bueno, ¿qué debo hacer de bueno para alcanzar la Vida Eterna?
17 Jesús le respondió: ¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? solamente Uno es bueno, Dios. Pero si quieres entrar en la Vida guarda los Mandamientos.
18 ¿Cuáles, le preguntó? y Jesús le respondió: No matarás, no cometerás adulterio, no hurtarás, no levantarás falso testimonio;
19 honrarás a tu padre y a tu madre y amarás a tu prójimo como a ti mismo.
20 El joven le contestó: Todo esto lo he observado desde mi juventud, ¿qué más me falta?
21 Jesús [(Mc 10) fijando en él su mirada, sintió cariño por él y le dijo: Una sola cosa te falta]: Si quieres ser perfecto, respondió Jesús, vete, vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y tendrás un tesoro en en Cielo. Después ven y sígueme.
22 Al oír estas palabras, el joven se marchó triste, porque era muy rico.
240 Peligro de las riquezas: Mt 19, 23-30 (Mc 10, 23-31; Lc 18, 24-30)
23 Jesús dijo a sus discípulos: Os digo en verdad, difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos.
24 Y os repito: Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos
25 Al oír esto, los discípulos quedaron estupefactos y decían ¿Quién pues podrá salvarse?
26 Jesús fijó su mirada en ellos y les dijo: Esto es imposible para los hombres, mas para Dios todo es posible. [(Mc 10) Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que poseen riquezas!]
27 Entonces Pedro, tomando la palabra le dijo: Nosotros hemos dejado todas las cosas y te hemos seguido, ¿qué habrá pues para nosotros?
28 Jesús les contestó: Os doy mi palabra de que vosotros que me habéis seguido, en la resurrección, cuando el Hijo del hombre se siente sobre el trono de su Gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
29 Y todo aquel que dejare casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o campos por mi Nombre [(Mc 10) y del Evangelio (Lc 18) por el Reino de Dios], recibirá cien veces más y conseguirá la Vida Eterna.
30 Y muchos, de primeros llegarán a ser últimos; y de últimos, primeros.
241 Viñadores: Mt 20, 1-16
1 El Reino de los Cielos es semejante a un padre de familia que salió de madrugada para contratar obreros para su viña;
2 y habiendo convenido con los obreros en un denario por día los envió a su viña.
3 Salió también a eso de las nueve y vio a otros que estaban en la plaza sin hacer nada,
4 y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron.
5 Salió otra vez hacia las doce y hacia las tres de la tarde e hizo lo mismo.
6 Volvió después hacia las cinco y encontró a otros que estaban allí y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día ociosos?
7 Le respondieron: Porque nadie nos ha contratado. Id también vosotros a la viña, les dijo.
8 Al oscurecer, el dueño de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales su jornal, empezando por los últimos hasta llegar a los primeros.
9 Se presentaron los de las cinco de la tarde y recibieron cada uno un denario.
10 Cuando llegaron los primeros, pensaban que cobrarían más; pero también ellos recibieron cada uno un denario.
11 Y al recibirlo, murmuraban contra el propietario,
12 diciendo: Estos últimos, no han trabajado más que una hora y los tratas igual que a nosotros, que hemos soportado el peso de la jornada y del calor.
13 Entonces, él respondió a uno de ellos: Amigo, no trato injustamente: ¿No te contrataste conmigo en un denario?
14 toma lo que es tuyo y vete. Yo quiero dar a este último como a ti.
15 O ¿no me está permitido hacer lo que quiero con lo mío? O ¿es que eres envidioso porque yo soy bueno?
16 De modo semejante, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.
242 Anuncio de la Pasión: Mt 20, 17-19 (Mc 10, 32-34; Lc 18, 31-34)
17 Cuando tenía que subir a Jerusalén, Jesús tomó aparte a los doce y, por el camino les dijo:
18 Mirad, subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas, que lo condenarán a muerte,
19 y le entregarán a los paganos para que le escarnezcan, le azoten [(Mc 10) le escupirán], y crucifiquen; pero al tercer día resucitará [(Lc 18) Mas ellos nada de esto entendieron; era este lenguaje ininteligible para ellos, y no sabían lo que se les decía]
243 El ciego de Jericó: Lc 18, 35-43 (Mc 10, 46-52)
35 Y al acercarse a Jericó, estaba un ciego, [(Mc 10) 46 Bartimeo, el hijo de Timeo, que era mendigo ciego,] sentado a la orilla del camino, pidiendo limosna.
36 Y oyendo al tropel de la gente que había, preguntó qué era aquello.
37 Le dijeron entonces que pasaba Jesús Nazareno.
38 Y clamaba él diciendo: Jesús Hijo de David, ten misericordia de mí.
39 Y los que iban delante le increpaban para que callase. Pero él clamaba mucho más diciendo: Hijo de David, ten misericordia de mí.
40 Entonces Jesús se detuvo, y mandó traerlo ante El. [(Mc 10) 49 Y llamaron al ciego diciendo: Ten ánimo y levántate, pues te llama. 50 El, arrojando su manto y dando un salto, se llegó hasta Jesús] Y cuando estuvo cerca le preguntaba,
41 diciendo: ¿Qué quieres que te haga? A lo que dijo él: Señor, que vea
42 Y Jesús le dijo: Así sea, tu fe te ha salvado.
43 Y al instante vio, y le seguía alabando a Dios. Y todo el pueblo que lo vio, daba alabanza a Dios.
244 Hijos de Zebedeo: Mt 20, 20-28 (Mc 10, 35-46)
[(Mc 10) 46 Así llegaron a Jericó] 20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo, con sus hijos, y se postró ante El como para pedirle algo.
21 El le preguntó: ¿Qué quieres? ella respondió: Haz que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino [(Mc 10) Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a El para decirle: Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte. El les dijo: ¿Qué queréis que haga por vosotros? y ellos contestaron: Concédenos sentarnos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda]
22 No sabéis lo que pedís replicó Jesús. ¿Podéis beber el cáliz que Yo he de beber? [(Mc 10) O ser bautizados con el que Yo seré bautizado?] Podemos, le respondieron.
23 El les dijo: Sí, beberéis mi cáliz; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me pertenece a Mí concederlo; es para aquellos para quienes está preparado por mi Padre.
24 Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos,
25 y Jesús llamándolos a Sí, les dijo: Vosotros sabéis que los jefes de las naciones dominan en ellas y que los grandes ejercen su poder sobre ellas.
26 No sea así entre vosotros; sino el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, sea vuestro servidor;
27 Y quien quiera ser el primero entre vosotros sea vuestro siervo.
28 Lo mismo que el Hijo del hombre que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate de muchos.
1 Jesús entró en Jericó y comenzó a cruzar la ciudad.
2 Un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos y asimismo muy rico,
3 Intentaba ver quien era Jesús, y no lo lograba a causa del gentío, por ser de corta estatura.
4 Corrió hasta situarse en lugar avanzado y se subió a un sicómoro para verlo, pues debía pasar por allí.
5 Cuando Jesús llegó a aquel lugar, alzando la vista le dijo: Zaqueo baja pronto porque hoy tengo que hospedarme en tu casa.
6 Bajó a toda prisa y lo recibió gozoso.
7 Viendo esto, murmuraban todos diciendo: Fue a hospedarse en casa de un pecador.
8 Zaqueo, de pie, dijo al Señor: Mira Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y en caso que haya defraudado a alguno, le devolveré cuatro veces más.
9 Jesús le contestó: Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham,
10 ya que el Hijo del hombre ha venido a buscar lo que estaba perdido.
11 Estando ellos oyendo estas cosas, les propuso todavía una parábola, pues se hallaban ya cerca de Jerusalén y ellos creían que el Reino de Dios iba a manifestarse inmediatamente.
12 Dijo pues: Un hombre de ilustre linaje marchó a un país lejano, con el fin de asegurarse la posesión de un reino y volver luego.
13 Y habiendo llamado a diez siervos suyos, les entregó diez minas y les dijo: Negociad hasta mi regreso.
14 Pero sus ciudadanos lo aborrecían y enviaron una embajada detrás de él con el encargo de decir: No queremos que éste reine sobre nosotros.
15 A su regreso, investido de la dignidad real, hizo llamar a su presencia a aquellos siervos a quienes había entregado el dinero, para saber cuánto había ganado cada uno.
16 Se presentó el primero, diciendo: Señor, tu mina ha producido diez minas.
17 Díjole: Bien, siervo bueno; puesto que has sido fiel en lo poco, te doy autoridad sobre diez ciudades.
18 Vino el segundo diciendo: Tu mina, señor, ha producido cinco minas.
19 Dijo también a este: También, tú gobierna cinco ciudades.
20 Finalmente llegó el otro: Señor, ahí tienes tu mina, que he tenido envuelta en un pañuelo;
21 porque tenía miedo de ti, ya que eres hombre exigente; reclamas lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado.
22 Siervo malo, le respondió: Por tus propias palabras te juzgo. ¿Sabías que yo soy hombre exigente, que reclamo lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado?
23 y ¿por qué no pusiste mi dinero en el Banco, y yo al venir, lo hubiera retirado con intereses?
24 Y dijo a los presentes: Quitad a ése la mina y dadla al que tiene diez minas.
25 Replicáronle: Señor, ya tiene diez minas.
26 Os digo que a todo el que tiene se le dará, y al que no tiene, aún lo que tiene, le será quitado.
27 Y en cuanto a aquellos enemigos míos que no querían que yo reinase sobre ellos, traédmelos acá y degolladlos en mi presencia.
28 Y después de decir estas cosas, continuaba viaje a Jerusalén caminando delante de todos.
247 Cura dos ciegos: Mt 20, 29-34
29 Cuando salían de Jericó, le siguió mucha gente.
30 Y en esto, dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al enterarse que pasaba Jesús, comenzaron a gritar: Señor, hijo de David, ten piedad de nosotros!
31 La gente les increpaba para que callasen; pero ellos gritaban más alto: ¡Señor, hijo de David, ten piedad de nosotros!
32 Jesús se detuvo, los llamó y les preguntó: ¿Qué queréis que os haga?
33 Ellos respondieron: Señor, que se abran nuestros ojos.
34 Y Jesús, movido a compasión, les tocó los ojos e inmediatamente recobraron la vista y le siguieron.
248 En Betania: Jn 12, 1-11 (Mt 26, 6-13; Mc 14, 3-11)
1 Seis días antes de la Pascua llegó Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos.
2 Le ofrecieron allí una cena, [(Mc 14) en casa de Simón, el leproso] Marta servía, y Lázaro era uno más de los comensales.
3 María, por su parte, tomando una libra de perfume de nardo puro, de gran valor, ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos; [(Mc 14) rompiendo el -frasco de- alabastro, vertió el perfume sobre la cabeza de Jesús], y toda la casa quedó impregnada del aroma del nardo.
4 Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a traicionar, dijo:
5 ¿Por qué este perfume no se ha vendido en trescientos denarios para dar a los pobres?
6 Dijo esto no porque le importasen los pobres, sino porque era ladrón y, siendo el encargado de la bolsa, sustraía lo que en ella se echaba. [(Mc 14) Algunos se indignaron por ello, diciendo para sí: ¿A qué viene este desperdicio del perfume? pues se podía haber vendido este perfume por más e trescientos denarios para darlos a los pobres. Y mostraron su indignación contra ella]
7 Mas Jesús replicó: Déjala; [(Mc 14) la obra que ha hecho conmigo es buena] lo ha guardado para el día de mi sepultura.
8 A los pobres los tenéis siempre con vosotros [(Mc 14) y podéis hacerles el bien cuando queráis], pero a Mí no siempre me tenéis [(Mc 14) Esta hizo lo que estaba en su mano, adelantándose a ungir mi cuerpo para la sepultura, (Mt 26) Os doy palabra de que en todas partes donde sea predicada esta buena nueva, en todo el mundo, se contará también en recuerdo suyo, lo que ésta ha hecho]
9 Conoció luego una gran muchedumbre de judíos que Jesús estaba allí, y acudieron no sólo para ver a Jesús, sino también a Lázaro, a quien resucitara entre los muertos.
10 Entonces los jefes de los sacerdotes acordaron matar también a Lázaro,
11 pues a causa de éste, muchos judíos los abandonaban y creían en Jesús.
249 Entra en Jerusalén (Domingo de Ramos): Mt 21, 1-9 (Mc 11, 1-10; Lc 19, 29-38; Jn 12, 12-16)
[(Jn 12) Al día siguiente, la numerosa multitud que había llegado a la fiesta, oyendo que venía Jesús a Jerusalén, tomó ramos de palmeras y salió a su encuentro, gritando ¡Hosanna! ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel!]
1 Cuando se aproximaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé junto al monte de los Olivos, mandó Jesús dos discípulos,
2 con esta misión: Id al pueblo que está frente a vosotros y enseguida encontraréis una borrica atada y con ella un pollino; [(Mc 11) atado, sobre el que ningún hombre ha montado todavía]; soltadlos y traédmelos.
3 Si alguno os dijese algo [(Lc 19) ¿por qué lo desatáis], le respondéis: El Señor los necesita; luego los devolverá.
4 Todo esto ocurrió para que se cumpliese el oráculo del Profeta:
5 "Decid a la hija de Sión: Mira que tu Rey viene a ti lleno de mansedumbre y montado sobre un pollino, hijo de la borrica" (Zac 9, 9) [(Jn 12) Ahora sus discípulos no comprendieron esto, pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se dieron cuenta de que todo esto había sido escrito acerca de El].
6 Los discípulos fueron e hicieron como les había mandado Jesús. [(Lc 19) Fueron los enviados y hallaron todo cuanto les había dicho. Y mientras desataban el pollino, les dijeron sus dueños: ¿Por qué desatáis el pollino? ellos respondieron: Porque el Señor lo necesita. (Mc 11) Y les dejaron].
7 Trajeron la borrica y el pollino, pusieron sobre ellos sus mantos y se sentó sobre ellos.
8 Muchísima gente extendía sus mantos en el camino; otros cortaban ramos de los árboles y los esparcían por el camino.
9 La muchedumbre que precedía a Jesús y la que le seguía gritaba: Hosanna al Hijo de David, Bendito el que viene en nombre del Señor, hosanna en lo más alto de los cielos!
250 Clamarán las piedras: Jn 12, 17-19 (Lc 19, 39-40; Mt 21, 15-16)
17 Le aclamaba la multitud que estaba con El cuando llamó a Lázaro del sepulcro y lo resucitó de entre los muertos.
18 Por eso también la gente salió a su encuentro, porque oyeron que había hecho este milagro.
19 Pero los fariseos se decían unos a otros: ¡Veis como no adelantáis nada! Mirad, toda la gente va tras El [(Lc 19) Y algunos fariseos que estaban entre el gentío, le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Respondió: Os digo que si estos callan, hablarán las piedras. (Mt 21) 15 Pero los príncipes de los sacerdotes y los escribas, al ver las maravillas que hacía, y a los niños que le aclamaban en el Templo, diciendo: Hosanna al Hijo de David, se indignaron, 16 y le dijeron: ¿Oyes lo que dicen estos? Jesús les respondió: Ciertamente, ¿nunca habéis leído: De los infantes y los lactantes tuviste la perfecta alabanza?
251 El Señor lloró: Lc 19, 41-44
41 Y cuando estuvo cerca, viendo la ciudad, lloró por ella, exclamando:
42 Si conocieras también tú en este día lo que trae la paz! Pero ahora se ha ocultado a tus ojos.
43 Pero vendrán días para ti en que tus enemigos te rodearán con parapetos, te asediarán y acosarán por todas partes,
44 y te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán en ti piedra sobre piedra por no haber conocido el tiempo de la visita que se te hacía.
252 Higuera maldecida: Mc 11, 11-14 (Mt 21, 18-19)
11 Así entró Jesús en Jerusalén, en el Templo, y después de observar todas las cosas, siendo ya tarde, salió hacia Betania con los doce.
12 Cuando al día siguiente, [(Mt 21) de madrugada], marcharon de Betania, Jesús sintió hambre,
13 y viendo desde lejos una higuera con hojas, se acercó por si encontraba algo en ella. Y al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos.
14 E increpándola, exclamó: Nunca jamás coma nadie fruto de tí [(Mt 21) e inmediatamente se secó la higuera]. Sus discípulos le estaban escuchando.
253 Vendedores del Templo: Lc 19, 45-47 (Mc 11, 15-19)
45 Y habiendo entrado en el Templo, comenzó a expulsar a los vendedores [(Mc 11) derribando también las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían las palomas. Y no dejaba que nadie llevara objeto alguno a través del Templo. Adoctrinándoles]
46 diciéndoles: Escrito está "Mi casa será casa de Oración" (Is 57, 7), mas vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones (Jr 7, 11).
47 Todos los días enseñaba en el Templo; y los jefes de los sacerdotes y los escribas buscaban la manera de acabar con El, y también los hombres importantes del pueblo.
254 Oración: Mc 11, 19-26 (Mt 21, 20-22)
19 En cuanto se hizo tarde salió de la ciudad.
20 Cuando pasaban de madrugada, vieron que la higuera se había secado de raíz.
21 Y acordándose Pedro, le dijo: Maestro, mira cómo se ha quedado seca la higuera que maldijiste.
22 Jesús le respondió: Tened fe en Dios.
23 Os aseguro, [(Mt 21) si tuvierais fe, sin vacilación de ninguna clase, no sólo haríais lo de la higuera, sino que], si uno dice a este monte: Quítate y arrójate al mar, no vacilando en su corazón, sino creyendo que sucederá lo que dice, lo conseguirá.
24 Por ello os digo: Todo cuanto pidiereis en vuestra oración, creed que lo recibiréis y lo conseguiréis.
25 Y cuando os dispongáis a orar, si tenéis alguna cosa contra alguien, perdonadlo, para que también vuestro Padre que está en los Cielos, os perdone vuestras ofensas.
26 Pero si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los Cielos os perdonará vuestras ofensas.
255 Poderes de Jesús: Mc 11, 27-33 (Mt 21, 23-27; Lc 20, 1-8)
27 Vinieron de nuevo a Jerusalén y, cuando El andaba paseando por el Templo, se le acercaron los jefes de los sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo [(Mt 21) mientras El enseñaba]
28 y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas o quién te dio esa autoridad para hacerlas?
29 Jesús les dijo: Os voy a hacer yo a vosotros una pregunta. Respondedme y os diré entonces con qué autoridad hago estas cosas.
30 El bautismo de Juan ¿procedía del Cielo o de los hombres? contestadme.
31 Ellos se pusieron a discurrir de este modo: Si decimos que del Cielo, replicará: ¿Por qué pues no le creísteis?
32 Por otra parte, ¿diremos que de los hombres? Tenían miedo al pueblo, pues todos consideraban a Juan como un verdadero profeta.
33 Y como respuesta dijeron a Jesús: No sabemos. Entonces Jesús les respondió: Tampoco Yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.
256 Enviados a la viña: Mt 21, 28-32
28 ¿Qué os parece? un hombre tenía dos hijos. Dirigiéndose al primero, le dijo: Hijo mío, vete hoy a trabajar a la viña.
29 El respondió: Voy señor; pero no fue.
30 Se dirigió después al segundo y le dijo lo mismo. El respondió: No quiero; pero después, arrepentido fue.
31 ¿Cual de los dos hijos hizo la voluntad del padre? El último, respondieron. Jesús les dijo: En verdad os digo que los publicanos y las meretrices os precederán en el Reino de los Cielos.
32 Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis. Los publicanos y las meretrices le creyeron. Y vosotros, ni aun después de haber visto eso, os habéis arrepentido para creerlo.
257 Viñadores homicidas: Mt 21, 33-45 (Lc 20, 9-19; Mc 12, 1-12)
33 Escuchad otra parábola: Un propietario plantó una viña, la cercó, cavó un lagar en ella y construyó una torre. La arrendó a unos colonos y se marchó lejos.
34 Cuando se acercó el tiempo de la vendimia, envió sus servidores a los colonos para recoger sus frutos.
35 Pero los colonos, cogiendo a los siervos, golpearon a uno, mataron a otro y apedrearon a un tercero.
36 De nuevo mandó otros servidores, más numerosos que los primeros, e hicieron lo mismo con ellos.
37 Al fin les mandó a su propio hijo, pues se dijo: Respetarán a mi hijo.
38 Mas los colonos, al ver al hijo, se dijeron entre sí: Este es el heredero, venid, matémosle y poseeremos su herencia.
39 Le cogieron, le sacaron fuera de la viña y le mataron.
40 Cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos colonos?
41 Le respondieron: Hará perecer de mala muerte a aquellos malvados y arrendará su viña a otros colonos, que le darán sus frutos a su debido tiempo.
42 Jesús les dijo: ¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que han rechazado los constructores se ha convertido en piedra angular? Esto es obra del Señor, y es maravilloso a nuestros ojos (SI 117, 22-23).
43 Por eso Yo os digo: El Reino de los Cielos os será quitado y será dado a un pueblo que produzca sus frutos.
44 Y el que caiga sobre esta piedra se estrellará; y sobre el que ella cayere, será aplastado.
45 Los príncipes de los sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos,
46 y querían detenerlo, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.