CAPITULO 1:
HILO CONDUCTOR Y DIRECTRICES DE LA OBRA
TITULO COMPLETO:
"Vida de Jesús. Evangelios concordados, comentados por un peregrino de Tierra Santa"
Aportación de datos complementarios procedentes de la historia, la geografía, la arqueología, y la lógica del lector respetuoso, que acepta y contempla gozoso y fiel la rigurosa veracidad narrativa de los evangelios.
1.- JUSTIFICACION:
Un peregrino de Tierra Santa vuelve conmovido y siente el deseo de vivir con el pensamiento lugares y situaciones. Simplemente releyendo los evangelios se da cuenta de la riqueza inmensa de matices y detalles descriptivos. Descubre una edición antigua de evangelios concordados y se encuentra con una narración ordenada y coherente que ayuda extraordinariamente a revivir su peregrinación por los Santos Lugares. Entonces descubre una nueva forma de meditar y contemplar la vida de Cristo: El peregrino, habiendo estado en los Lugares Santos, lee los Evangelios recorriendo con la imaginación lo que ha visto.
San Ignacio en la tercera y cuarta semanas de sus Ejercicios Espirituales propone meditar la vida de Jesús, y en cada meditación se plantea al principio una composición de lugar. El ejercitante debe imaginar los lugares para ilustrar la contemplación. Así, por ejemplo, el punto 202 muestra el segundo preámbulo de la meditación sobre la Oración del Huerto: "... El segundo es ver el lugar: será aquí considerar el camino desde el monte Sión al valle de Josaphat, y asimismo el huerto, si ancho, si largo, si de una manera, si de otra ..."
San Ignacio había estado en los Lugares Santos; sabía, por tanto, que el Cenáculo estaba en el promontorio de Jerusalén que se conoce como Monte Sión y conocía el camino que desciende hasta el Huerto de los Olivos. San Ignacio propone al ejercitante recorrer con la imaginación el lugar donde Nuestro Señor oraba y sufría. No es necesario haber estado allí para meditar la vida de Cristo, pero sin duda la composición de lugar, aunque sea imaginaria, ayuda a la contemplación.
Los "Evangelios Concordados" se elaboran refundiendo las cuatro narraciones de los evangelistas: para cada pasaje, se elige el evangelista que mejor lo narra, pero se intercalan los detalles complementarios aportados por los otros tres. La narración ha de ser completa, sin ninguna mutilación, y formando un texto único, ordenado cronológicamente. Es como una vida de Jesucristo, pero realizada única y exclusivamente con textos evangélicos. Estos Evangelios Concordados son muy útiles para contemplar la vida de Cristo, y si se les ilustra con notas y referencias de lugar y tiempo ayudan todavía más a vivir con el pensamiento los hechos narrados, como proponía san Ignacio.
En la actualidad existe alguna reticencia a editar este tipo de textos, por un cierto escrúpulo purista. Hay quien cree que esto es alterar la Palabra de Dios. Este escrúpulo es improcedente; por supuesto no se trata de "añadir o quitar una tilde..." (Ap 22, 18 - 19) al texto sagrado, sino tan sólo organizar su lectura ordenada. Pero hoy existen en algunos exegetas, "manías" relativistas de influencia protestante, que al hacer el análisis de los textos, y buscando significados doctrinales, catequéticos, etc., a veces ponen en tela de juicio el rigor histórico de la narración.
Hemos leído en una edición moderna de la Biblia, que no es posible seguir los pasos de Jesús, ni su itinerario por el mundo, porque los evangelios no son una crónica narrada en forma histórica, sino algo así como un texto ejemplificante, basado en la vida de Jesús pero narrada según la conveniencia docente de los evangelistas. Esto es absolutamente falso: Las cuatro narraciones, aunque no son completas, son verdaderas y hablan de hechos reales. La Iglesia Católica ha defendido siempre la autenticidad histórica de la narración, sin menoscabo de la intención didáctica de cada evangelista.
Un lector respetuoso, se da cuenta de que las cuatro narraciones evangélicas concuerdan perfectamente y se enriquecen de matices y detalles entre sí, con un relato puro y directo de todo aquello que la Providencia divina ha querido que llegue a nosotros de la vida de Jesús y el fundamento de la doctrina que El mismo enseñó.
Cierto que, además, y en consonancia con todas las Sagradas Escrituras, en la Palabra de Dios se encierra un contenido catequético y doctrinal que en este caso, cada evangelista se encarga de resaltar según su propia vivencia personal, pero esto no excluye jamás el rigor histórico de la narración. En todo caso debemos admitir que todo cuanto se puede conocer a través de la narración evangélica es justamente lo que Dios mismo ha querido que podamos conocer. Como dice el propio san Juan al final de su evangelio, a modo de epílogo; "Este es el discípulo que da fe de estas cosas y las ha escrito. Y sabemos que su testimonio es fidedigno. Hay todavía muchas cosas que realizó Jesús, que si se redactaran una por una, creo yo que ni en todo el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir" (Jn. 21, 24-25). Es, por tanto, posible estudiar los hechos narrados, en la medida de lo que Dios ha querido que llegue a nuestro conocimiento.
Pero como es sabido por los católicos, no son los evangelios la única fuente doctrinal de la Iglesia; existe, además, la Tradición. No debe confundirse lo que llamamos "Tradición" en el Catecismo, con el significado que tiene coloquialmente esta palabra. Lo que significa la Tradición, como fuente de la Revelación, es lo que conocemos como el Magisterio de la Iglesia, es decir, todo lo que han enseñado los papas, como sucesores de san Pedro, y los concilios ecuménicos con el papa. Cuando alguien pretende prescindir de todo ello, y ceñirse exclusivamente a lo que algunos llaman "Espíritu evangélico", suele equivocarse irremisiblemente. Cristo quiso que sus enseñanzas, que aparecen sin duda en los evangelios, fueran realizadas por los Apóstoles y sus sucesores "Id y enseñad" y "El que a vosotros oye, a mí me oye". Por esto, aunque los evangelios son realmente la fuente de la narración histórica, la doctrina que contienen, es misión de los sucesores de los Apóstoles explicarla y desarrollarla. Los católicos vemos al papa como sucesor del Pedro del evangelio, al que Cristo otorga poder de enseñar y perdonar los pecados.
Por todo ello, no pretende esta obra estudiar doctrinal o teológicamente los evangelios, y hemos omitido intencionadamente todas la notas de este tipo que figuraban en las ediciones utilizadas. No somos teólogos ni exegetas, y nuestro trabajo pretende solamente facilitar la contemplación, como hemos dicho, de aquella "composición de lugar" que san Ignacio propone en las meditaciones. Nuestras notas añaden o comentan los detalles, que pueden ser aportados por el estudio de la historia, o simplemente analizando con respeto y sentido común lo que se deduce del texto narrativo de los evangelios.
No es necesario haber estado en Tierra Santa para ello, claro está, pero sin duda quien haya tenido el privilegio de haber ido, podrá recordar lugares y situaciones a lo largo de esta narración, y ojalá esta obra le ayude a recordar y ordenar aquellas intensas vivencias espirituales que, sin duda le produjo la peregrinación.
2.- LOS CUATRO EVANGELISTAS:
Como es sabido, son cuatro las narraciones evangélicas que la Iglesia reconoce como inspiradas. De estas cuatro narraciones, tres de ellas siguen una estructura muy similar, con algunas variaciones, si bien algunos pasajes sólo salen en alguna de las tres. Estos tres evangelios son denominados sinópticos, porque se puede realizar perfectamente un cuadro sinóptico con los pasajes comunes, intercalando huecos en aquellos que alguno de ellos no narra. Son los de san Mateo, san Marcos y san Lucas.
El cuarto evangelio, de san Juan, es realmente distinto. La Iglesia lo atribuye inequívocamente al apóstol san Juan "el discípulo amado" que como se sabe era el más joven de los doce. Fue escrito no obstante a finales del siglo primero, cuando el apóstol era un anciano. Se centra en algunos detalles y narra algunas escenas que no han sido descritas por los sinópticos pero, como es natural, no se aparta de un orden cronológico en la narración en forma parecida a éstos. De forma un tanto sorprendente, omite pasajes muy notables de la vida de Cristo, por ejemplo la institución de la Eucaristía. san Juan, en cambio dedica a Ella una parte fundamental en su evangelio, cuando Jesús la anuncia a los discípulos diciendo que les va a dar a comer su Cuerpo. Es evidente que san Juan da por ya sabido, lo que no narra en su evangelio, porque ya es conocido por los cristianos. La celebración de la Eucaristía era sin duda práctica habitual entre dichas comunidades cristianas cuando san Juan lo escribió
Algunos exegetas interpretan torcidamente estas diferencias y siembran dudas sobre algunos pasajes que sólo san Juan ha descrito (p. ej. la resurrección de Lázaro). La interpretación de los Santos Padres, corroborada por la autoridad de la Iglesia es taxativa: El evangelio de san Juan se considera inspirado como los otros tres y su veracidad está fuera de toda duda.
Una cosa que debe tenerse muy presente al leer y analizar los evangelios, es que durante alrededor de treinta años sólo se transmitían de forma oral. Fue después que se iniciaron las distintas transcripciones que dieron lugar a las redacciones que luego la Iglesia ha autentificado. El origen oral de las narraciones no debe extrañar, era lo propio de la época en que la memoria era fundamental para la transmisión de los conocimientos de generación en generación. Piénsese en la dificultad de elaboración de los libros, copiados a mano. De hecho ya los judíos aprendían de memoria el Pentateuco y los Profetas, y sería envidiable para la gente de hoy esta capacidad; pero no por ello se perdían o tergiversaban las narraciones. Por esto, cuando san Mateo en primer lugar, y san Marcos y san Lucas más tarde, escribieron sus evangelios, la tradición oral se había mantenido sin alteraciones.
Veamos pues brevemente la personalidad de cada evangelista y las circunstancias en las que redactó el texto:
SAN MATEO : Es el apóstol a quien Jesús llamó desde la mesa de trabajo de recaudador de impuestos. Fue el primer redactor del evangelio, y su primera versión, sin duda la más breve, la escribió en arameo, es decir, la lengua común en Israel. Esta versión se ha perdido, pero afortunadamente san Mateo escribió otro evangelio en griego, para su uso fuera de la comunidad judía. El evangelio griego de san Mateo es posterior y más completo que el de san Marcos, pero se le sigue considerando el primer evangelista.
El evangelio de san Mateo que conocemos (el griego), es bastante rico en detalles, pero sobre todo es un texto estructurado y sistemático, como un acta notarial. No sorprende esto dada su profesión anterior: recaudador de impuestos, es decir, hombre letrado.
Mateo, hijo de Alfeo (según afirma san Marcos), era oriundo de Galilea. Se llamaba también Leví, aunque desde su vocación apostólica se le conoce con el nombre con el que le llamó Jesús. Mateo significa "dado por Dios". Su oficina, o mesa de recaudador, la tenía en Cafarnaum, lugar de paso en el camino de Damasco hacia el mar, y por tanto zona de mucho comercio. En la nota correspondiente al número 26 (Lc 3, 12) se da una breve aclaración sobre el trabajo de los Publicanos
SAN MARCOS: Su evangelio es el más breve, por lo mismo que se ha comentado antes. Su redacción es más parecida a lo que debió ser la enseñanza oral, y así debió ser el de san Mateo que se escribió en lengua aramea. Es breve, pero contiene algunos detalles exclusivos y llenos de matices que lo hacen especialmente útil en el compendio de los Evangelios Concordados. (ejemplos: Mc 7, 31-37; Mc 8, 22-26; Mc 14, 50-52)
De la vida de san Marcos, anterior a su vocación apostólica, se sabe poco. Algunos creen verle en la escena de Getsemaní, contada únicamente por san Marcos en que se menciona "un joven que seguía a Jesús envuelto en una sábana" y que al ser aprehendido, huyó soltando la sábana. Sin embargo no parece que se contara entre los discípulos del Señor. Sí parece, según refieren los Hechos de los Apóstoles, que su casa sirvió para reunión de los primeros cristianos y que fue colaborador de san Pedro, de quien recibió la instrucción. Se suele considerar el evangelio de san Marcos como escrito bajo la inspiración de san Pedro.
SAN LUCAS: Escribió un evangelio bastante posterior y dirigido al mundo gentil o pagano al que evangelizaba san Pablo, del que fue colaborador. En su introducción hace una dedicatoria a un tal Teófilo, al que también dedica su libro de los Hechos de los Apóstoles y se sabe que era médico de profesión.
Su evangelio, el más completo narrativamente hablando, contiene muchos datos de la infancia de Jesús (que además se complementan muy bien con la narración de san Mateo) que se cree oyó de viva voz de la Virgen María. El evangelista en su introducción afirma haber indagado entre los que conocieron a Jesús y redactar escrupulosamente los hechos (ver punto 2: Lc 1, 1-4)
Según el historiador Eusebio, san Lucas nació en Antioquía, metrópoli de Siria. No se sabe con certeza si era judío o gentil antes de abrazar el Cristianismo; de sus escritos parece deducirse que era griego de raza y de educación. En la epístola a los colosenses, san Pablo deja entrever que san Lucas era gentil de nacimiento, porque en ella, después de enumerar a sus discípulos circuncisos, pasa a los demás, entre los cuales nombra a Lucas (Colos. 10, 11-14). En este mismo pasaje le da san Pablo el título de médico: "salúdaos Lucas, médico carísimo". Se sabe que estuvo en Jerusalén, durante la prisión de su maestro. Allí se documentó para escribir su evangelio y seguramente fue allí donde la Virgen pudo explicarle los detalles específicos de la infancia de Jesús y los propios de la Anunciación, etc.
SAN JUAN: Era el apóstol más joven, el "Discípulo Amado" de Jesús sin duda porque conservaba su inocencia: Jesús ama la inocencia de espíritu y en san Juan se daba sin duda la pureza y la virginidad. Como sabemos, después del Calvario, recibió como madre a María Santísima "la recibió en su casa" (Jn 19, 27)
Después de Pentecostés, san Juan permaneció en Jerusalén durante bastante tiempo, probablemente todo el tiempo de vida mortal de la Santísima Virgen. Tardó pues más que los otros Apóstoles en iniciar su actividad por todo el mundo. Los Hechos de los Apóstoles hablan de la curación de un cojo en la "puerta hermosa" del Templo, realizada por san Pedro en compañía de san Juan. Después, la vida de éste queda fuera de la narración de los Hechos.
Tras el tránsito de Nuestra Señora (la llamada "Dormición"), dejó Juan la ciudad de Jerusalén y se estableció en Asia menor, de acuerdo con el reparto previsto por los Apóstoles, y fundando iglesias en las principales ciudades, fijó su residencia en Efeso.
Al haber escrito san Juan su evangelio ya en su madurez y en una comunidad extranjera, además de la narración histórica, -con gran precisión de detalles por cierto-, tiene también una intención doctrinal muy concreta: resaltar con nitidez la divinidad de Jesucristo. Por esto en su texto la narración está plagada de fragmentos con las palabras de Jesús y existen muchos puntos de controversia con Escribas, Fariseos, etc., que San Juan transcribe literalmente. No es una opinión del evangelista, es su testimonio de lo que Jesús enseñó, pero como ya hemos comentado al principio de este capítulo "muchas otras cosas hizo Jesús que no están escritas en este libro ..." son palabras del propio san Juan, y naturalmente confirman que, aunque todo lo que narra es verdad, no excluye sino que complementa a los otros que escribieron la vida de Jesús.
Este evangelio es una verdadera maravilla, y es un regalo de la Providencia a los efectos de la redacción concordada de los cuatro. Gracias al evangelio de san Juan, la combinación con los sinópticos se complementa de forma mucho más equilibrada, y se le añaden detalles cronológicos inestimables, al tiempo que conocemos "más de cerca" las palabras de Jesús.
3.- LA VULGATA:
San Jerónimo, recibió del papa Dámaso I, del que era secretario y consejero, el encargo de traducir al latín los textos bíblicos, de los que se utilizaban las versiones en lengua griega de los Santos Padres de la Iglesia. Esta recopilación griega procedía de la denominada "septuaginta" realizada por los Judíos durante la helenización, y naturalmente afectaba sólo al Antiguo Testamento y más concretamente los textos de lo que denominaban la "Torah" (el Pentateuco). El Nuevo Testamento tenía como fuentes, las mucho más recientes versiones, copias de los originales que fueron escritos en lengua griega, como ya se ha dicho en el punto 2.
Precisamente para situarse mejor en el ambiente bíblico, y contemplar más de cerca los Lugares Santos, instaló su residencia en la misma cueva de Belén, en una de sus ramificaciones subterráneas. El texto de la Vulgata de san Jerónimo, fue declarada fidedigna por el concilio de Trento.
A la hora de estudiar las escrituras, es importante partir de la versión más fidedigna. El Nuevo Testamento ha sido traducido por muchos y "versionado" por diversos editores, a veces sin el rigor exigible. Sin embargo los que creemos en la Providencial tutela de Nuestro Señor sobre la Iglesia "Yo estaré con vosotros hasta el fin de los siglos" sabemos que ciñéndonos a los textos aprobados por la Santa Sede, estaremos en el más veraz de los caminos.
Apartarse de los trabajos de los santos Padres y los Doctores de la Iglesia es una forma muy segura de equivocarse. Por esto conviene vigilar que las ediciones que escogemos son realmente válidas. Creemos sinceramente que, aunque hay versiones traducidas directamente de la lengua griega, y ciertamente fidedignas, no deben olvidarse Vulgata y san Jerónimo. Conviene tener en cuenta, especialmente, la más reciente versión aprobada y revisada por el Papa Paulo VI.
4.- LA AUTENTICIDAD DE LOS LUGARES SANTOS:
Los denominados Lugares Santos de la tierra de Nuestro Señor Jesucristo, son conocidos y venerados desde muy antiguo, a pesar de los continuos ataques y destrucciones sufridos. Muchas veces se ha discutido sobre la posibilidad de que la localización se haya alterado con las persecuciones y el paso de los años, pero cada vez que esto se ha planteado, nuevas excavaciones o estudios arqueológicos han demostrado con creces que lo que desde antiguo se ha venerado, corresponde a la versión más fiable de dicha localización.
Esta localización se basa en el hallazgo de restos de culto de las primitivas comunidades cristianas. Casi todas las edificaciones, basílicas, iglesias, etc. han sido destruidas y reconstruidas sucesivamente varias veces, y estas demoliciones en aquella época se realizaban terraplenando con los materiales del derribo (no disponían de otros medios). Para localizar los restos primitivos casi siempre es necesario alcanzar capas más profundas en la excavación. El hallazgo de restos anteriores a la primera destrucción (año 70) suele ser ya una garantía. Hay lugares, no obstante en que además de restos del culto se han hallado posteriormente huellas mucho más evidentes, que no han hecho sino confirmar la creencia anterior y la tradición popular. Tal es el caso, por ejemplo, del Gólgota (aún en curso de nuevos descubrimientos) y de la casa de san Pedro en Cafarnaum. Algún caso puede ser dudoso o bien porque haya diversidad en la narración evangélica (iglesia de la Multiplicación) o porque existe otra tradición distinta y simultánea (iglesia de santa Ana). De estos casos se hablará cuando corresponda.
De todos modos la autenticidad absoluta de las "piedras" es de una relevancia menor, si se piensa en la verdadera autenticidad de los hechos que allí ocurrieron. No son cuestiones de arqueología clásica. Así, como veremos, la autenticidad del Gólgota hoy está fuera de toda duda, pero su ubicación dentro de la nave de la iglesia del Santo Sepulcro, aunque permite ser venerado por los fieles peregrinos, carece de la perspectiva exterior que tiene, por ejemplo, el lago de Genesaret. El peregrino "siente" la presencia de Jesús en aquellos lugares, con un sentimiento que está por encima del simple estudio de autenticidad arqueológica. Es este sentimiento el que esta obra pretende transmitir, aunque sólo sea imaginativamente, con los detalles, fotografías y anotaciones que se adjuntan al texto de los Evangelios Concordados.
5.- EL "TESTIMONIO FLAVIANO":
El historiador Flavio Josefo es una de las fuentes históricas complementarias que se manejan para situar los evangelios en el tiempo. Es un autor judío, cuya historia personal es muy chocante, ya que, antes de escribir sus "Antigüedades Judaicas" y su "Guerra de los Judíos", fue un militar que dirigió la defensa de Galilea durante la poderosa ofensiva de las tropas de Tito, que invadían desde Siria. Capturado por los Romanos fue obligado a narrar la guerra, lo que finalmente le convirtió en el historiador más fiable de los hechos acaecidos en tiempos de Jesús, y sobre todo de la destrucción de Jerusalén que profetiza Cristo ante la vista de la ciudad.
Por Flavio Josefo hemos sabido algunos elementos en la narración de la muerte de san Juan Bautista, se han comprobado algunos detalles evangélicos y desde luego el ambiente de expectación mesiánica que se vivía en aquellos días. Sin embargo, lo más notable del testimonio de este historiador, es que en sus "Antigüedades Judaicas" existe un texto sobre Jesús, que describe brevemente su vida, muerte y Resurrección. Algunos autores niegan la autenticidad de este fragmento (lo creen interpolado) porque no les parece posible que un judío se exprese así sobre el origen del Cristianismo, especialmente por la admiración que se desprende de él, pero no hay ninguna razón objetiva porque se contiene en todos los códices conocidos. Muchos historiadores lo consideran auténtico y a este respecto cabe citar al contemporáneo César Vidal, autor de una tesis doctoral que versa precisamente sobre el "Testimonio Flaviano"
Lo cierto es que, aunque no existiera tal fragmento, o fuera realmente apócrifo, todos los datos aportados por Flavio Josefo en su obra no hacen sino confirmar el contexto histórico de los evangelios.
6.- LAS REPRESENTACIONES ESPECTACULARES
(Pasiones representadas en teatro y películas de cine):
Es muy frecuente, en este tipo de representaciones obviar la situación real, en tiempo y espacio, mezclando indiscriminadamente hechos ocurridos en Judea con otros de la predicación por Galilea y la zona del lago. Esto hace que se sitúen algunos personajes (Maria Magdalena, por ejemplo) fuera de su entorno, y en situaciones o junto a personas que no corresponden. No tiene mucha importancia si no se tergiversan los evangelios, pero lo habitual es que se desfigure la realidad. En las películas de cine, por ejemplo, a veces se presenta a Jesús como un revolucionario, otras se desvía la historia con parámetros impropios de la época, y con intencionalidad política.
Una de las cosas más deleznables que se han escrito (y representado) sobre la vida de Cristo, pretenden relacionar de forma blasfema a Jesús con María Magdalena. No hace falta entrar en detalles para que se entienda lo que queremos decir. Sólo diremos que en la resurrección de Lázaro, san Juan dice textualmente: "Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro" (por este orden). Es obvio que esto descarta cualquier preferencia personal hacia ninguno de los tres.
LA PELICULA DE MEL GIBSON:
La película "La Pasión de Cristo" de Mel Gibson en cambio, es otra cosa. Ha sido estrenada mientras se estaba escribiendo esta obra y en cierto modo ha servido de estímulo para su culminación. No podemos realizar, para no alargar esta presentación, un comentario tal como merecería esta extraordinaria película. Es sin ninguna duda la mejor película que se ha hecho sobre la vida de Cristo, la única además, que inspira sentido sobrenatural en la figura de Jesús. Sentido que no se desvirtúa, ni siquiera con el atroz sufrimiento, que con toda su crudeza se manifiesta en la Pasión.
Después de esta película, todas las representaciones tanto pictóricas como cinematográficas, aparecen como difusas ante el tremendo realismo de las imágenes de esta Pasión de Mel Gibson. Pero para quien crea que se ha exagerado, nos permitimos recomendar la contemplación de la imagen de la Sábana Santa, y las señales de la flagelación que en ella se aprecian.
Dos o tres advertencias tan sólo queremos hacer. En primer lugar la película, aunque fiel al evangelio, sigue con bastante exactitud las revelaciones de la beata Ana Catalina Emmerich. No son infalibles, pero impresiona cómo una monja de clausura del siglo XVIII, da tantos detalles de la Pasión. El hecho es que algunas escenas de la película, que parecen inventadas, sólo se entienden si se ha leído el libro de la vidente. Por ejemplo aquella en que la Virgen, y la que aparece como María Magdalena, recogen la sangre después de la flagelación, con paños que les proporciona la mujer de Poncio Pilato. O la escena del prendimiento en que Jesús es arrojado por un puente, colgado por sus propias cadenas.
Otra cuestión está en el personaje femenino que acompaña a la Virgen. Parece, aunque no se dice, que se trata de María Magdalena (en el evangelio, en realidad, aparecen varias mujeres junto a la Cruz). Sin embargo, en un "flash back" con la misma actriz, se rememora la mujer adúltera a la que Jesús salva de ser lapidada en los atrios del templo. No hay que considerarlo un defecto, sino en todo caso una simplificación.
Por último, hay que reseñar que los diálogos en arameo y latín son espléndidos y ambientan extraordinariamente el realismo de la Pasión. Falta, no obstante la lengua griega. No es demasiado importante, pero no es creíble que los romanos "se rebajaran" a hablar arameo con los judíos. Ciertamente oír la lengua aramea, la que empleaba Jesús es muy emotivo. Expresiones como abba, adonai, kefas (por Pedro), etc. se entienden perfectamente. Un detalle, por cierto magnífico: Jesús le responde en latín a Poncio Pilato.
CAPITULO 2:
INTRODUCCION
1.- CONTEXTO HISTORICO:
Nuestro Señor Jesús, vino al mundo en un momento y lugar, de la historia de Israel, y dentro de lo que se llama tradicionalmente la Historia Sagrada, es decir: la historia de la Salvación.
Sabemos por la narración evangélica, en la que vamos a entrar a continuación, que el nacimiento de Jesús fue hacia el final del reinado de Herodes el Grande. De hecho sabemos que este reinado se produjo bajo el imperio y por imposición romana, en un período de cierto esplendor (Herodes hizo grandes construcciones), y en medio de movimientos de rebelión contra el imperio y con una fuerte expectación mesiánica, aunque evidentemente muy en la línea que podemos llamar "política" y que tanto difería de la del verdadero Mesías, como se ve en los evangelios.
Veamos pues como era la sociedad en el tiempo de Cristo y, aunque sea brevemente, la situación histórica en que se hallaba el pueblo de Dios, y la influencia de los pueblos paganos que lo habían dominado y, en el caso del Imperio Romano estaban imponiendo administración y costumbres. Para ello comenzaremos cronológicamente desde siglo y medio antes, desde las guerras de los Macabeos, porque sin duda marcan un hito en la disposición de los israelitas más fieles, a resistirse contra la paganización y a ser fieles a Yahvé. Utilizaremos un resumen del texto que sobre ello aparece en la Guía de Tierra Santa, citada en la bibliografía. Es recomendable no obstante, para quien no lo haya hecho, leer los libros históricos del Antiguo Testamento, y en todo caso, algún libro de Historia Sagrada, que los resuma.
PERIODO ASMONEO
AÑO 166 A.C.
Matatías se rebela contra la helenización impuesta por la monarquía seléucida. En efecto, tras el dominio de Palestina por los monarcas seléucidas, y los abusos, especialmente de Antíoco Epifanes IV, que profanó con ídolos griegos el Templo de Jerusalén (hizo levantar un altar a Zeus), se iniciaron las guerras de los Macabeos, capitaneados por Matatías y sus hijos.
AÑO 164
Tomada de nuevo Jerusalén, es purificado el Templo y se reanudan los sacrificios
AÑO 150
Un grupo de esenios se retira a Qumrán. Este grupo o secta, partidarios de un ascetismo extremo, viven en un poblado desértico, entre grutas naturales, junto al Mar Muerto. Esto tendrá gran importancia, muchos siglos más tarde porque ha permitido encontrar copias manuscritas de las Escrituras que han probado fidedignamente su autenticidad. Este grupo perduró hasta el siglo II, y por este motivo ha sido posible encontrar también un pequeño fragmento del evangelio de san Marcos (papiro 7Q5); es obvio resaltar la importancia de este descubrimiento.
restos arqueológicos de Qumrán
AÑO 142
Simón Macabeo, quinto hijo de Matatías, funda la dinastía asmonea, pero es víctima de las intrigas familiares.
AÑO 135
Le sucede su hijo Juan Hircano. Conquista Moab y Samaría, y destruye el templo samaritano del monte Garizín. (Los samaritanos estaban apartados de la verdadera Religión de los judíos, como se verá en los evangelios)
AÑO 104
Aristóbulo I, sucesor de Juan Hircano, es el primer asmoneo que toma el título de rey. Amplió la conquista hasta Galilea. Sus sucesores terminaron apoderándose de Palestina, Galaunítide y parte de Transjordania (la Jordania actual)
PERIODO ROMANO
AÑO 63
El período y reino asmoneo terminó prácticamente con la intervención romana en Judea, tras la lucha por la sucesión entre Aristóbulo II e Hircano II. El general Pompeyo entró en Jerusalén como árbitro y nombró a Hircano II.
AÑO 57
Una sublevación del hijo de Aristóbulo, provocó una nueva intervención romana. Los acontecimientos de Roma y la victoria de César contra Pompeyo en Egipto, hicieron cambiar las cosas en Judea, gracias a la ayuda prestada por Hircano, y su consejero el idumeo Antípater, a Julio César. En recompensa Hircano II es nombrado etnarca y Sumo Sacerdote y a Antípater le nombra procurador de Judea. Su hijo Herodes destacó especialmente al sofocar con gran crueldad la rebelión de Ezequías contra la ocupación romana.
AÑO 41
Herodes, que se ha ganado la confianza de Roma, es nombrado tetrarca por Antonio. No le fue fácil sin embargo hacerse con el poder total que tenía cuando nació Jesús. Los partos invadieron Palestina y tuvo que huir a Roma; fue el Senado romano que en al año 40 a.C. nombró rey de Judea a Herodes, y fue confirmado en el trono tras la imposición militar de Marco Antonio.
HERODES EL GRANDE
AÑO 37
Herodes se apodera de Jerusalén. Pero casado con Mariamne I nieta de Aristóbulo, se convierte en rey de Judea, Galilea, Perea, etc. es el primer monarca absoluto de todos los territorios de Palestina y funda la dinastía herodiana.
Su origen no Judío (era idumeo) y su indiferencia religiosa le atrajeron la antipatía de gran parte de sus súbditos, que le consideraban además rey ilegítimo. Esto le volvió desconfiado y cruel. En la nota correspondiente a la matanza de los santos Inocentes, se verá la opinión del historiador Flavio Josefo sobre esta crueldad.
Fue no obstante un político hábil y un constructor infatigable. Reconstruyó y embelleció Samaría, edificó Jericó y Cesarea marítima, dotándolas de palacios, teatros, templos, hipódromo y otros lujos. Construyó para sí mismo un magnífico palacio en Jerusalén e inexpugnables fortalezas a lo largo del desierto de Judea (Maqueronte, Masada, Herodión, y otros).
Su obra más sobresaliente, no obstante, fue la reconstrucción del Templo de Jerusalén. Esta obra, que duró todo su reinado, no fue concluida totalmente hasta algunos años después. Este templo, que superaba en tamaño al suntuoso de Salomón, ocupaba como éste la gran explanada en la que hoy están las mezquitas. Probablemente el Santo de los Santos estaba aproximadamente en el lugar ocupado por la mezquita de la Roca, en tanto que la que se denomina de Al - Aksa se sitúa donde estaba el pórtico Real. En la base de esta explanada se conservan todavía dos o tres hileras de sillares de piedra, sobre las que rezan y lloran los judíos creyentes, especialmente la víspera del Sábado. Es el llamado "muro de los lamentos"
Murió el año 4 a.C. y fue enterrado en Herodión. Esta fecha no debe sorprender porque Jesús nació en realidad el 6 a.C. como se verá en el capítulo siguiente. A su muerte el reino se dividió, siendo Arquelao su heredero en Judea, Idumea y Samaria; Herodes Antipas tetrarca de Galilea y Perea, y Filipo heredó Galaunítide, Traconítide y toda la zona nordeste, hacia Siria.
Este reparto de los Reinos, al iniciar Jesús su vida pública experimentó pocos cambios. Tan sólo en Judea hubo variaciones, Arquelao fue destituido por Roma al poco tiempo (parece que por mala administración), y sustituido por un procurador romano, Coponio, al que sucedieron otros. En tiempos de la predicación de Jesús el Procurador era Poncio Pilato, como es sabido. Filipo y Antipas estaban todavía en el poder cuando san Juan Bautista le recriminó a éste último que viviera amancebado con la mujer de su hermano.
2.- LOCALIZACIÓN INICIAL:
Hay que tener en cuenta, para estudiar correctamente la cronología poscristiana, que el monje Dionisio el Exiguo, autor del vigente calendario de la Era cristiana en el siglo VI, erró en el cálculo al asignar el año 754 de Roma el nacimiento de Cristo. Sabemos que Herodes murió en el 750 de Roma (F. Josefo, Ant. Jud. 17,8,1) es decir cuatro años antes de la Era cristiana calculada. Por tanto debemos situar el nacimiento antes del año -4, en tiempo de Herodes, y si añadimos además los dos años aproximados del cálculo evangélico para la matanza de los Inocentes (Mt. 2, 16), lo podemos fijar aproximadamente en -6.
La cronología puede establecerse como sigue:
Año: -6 ...................................... Nacimiento de Cristo
'' -4 ...................................... Muerte de Herodes el Grande
'' 14 ..................................... Muerte de Augusto
'' 27 ..................................... Bautismo de Jesús
'' 30 ..................................... Muerte y Resurrección de Jesús
Años 50 a 60 ó 65 .................. Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas)
Año 70 ..................................... Tito destruye Jerusalén
'' 90 a 100 ........................... Evangelio de san Juan
Obsérvese que sólo el evangelio de san Juan se redacta después de la destrucción de Jerusalén. Véase la nota del nº 232 (Jn 11, 45-53). Esto tiene mucha importancia porque las profecías de Jesucristo sobre dicha destrucción se describen especialmente en los sinópticos. En cambio, el comentario de san Juan, de la nota del punto 232, se comprende perfectamente desde el punto de vista del evangelista que conocía la profecía y ha sido testigo de su cumplimiento.
Una cuestión importante, respecto a la cronología, y que ha sido discutida por algunos, se refiere al censo de Quirino que refiere san Lucas y que ocasionó el traslado de María y José a Belén. Hay autores que, aún aceptando la cronología de san Lucas, creen sin embargo erróneo el dato del gobernador Quirino. Es importante no obstante, en el texto, la frase: "... este empadronamiento primero, tuvo lugar siendo Cirino gobernador de Siria ...", es conveniente notar que se trata de un "primer censo".
Werner Keller, autor de "Y la Biblia tenía razón" explica la cuestión de la siguiente manera: "...El gobernador Cirino es el senador P. Sulpicius Quirinius, según es conocido en los documentos romanos. El emperador Augusto apreciaba las cualidades extraordinarias de este advenedizo como militar y como administrador...
... Quirinio llegó a Siria en calidad de legado el año 6 después de J. C. Junto con él mandó Roma a Coponio en calidad de primer procurador de Judea. Entre los años 6 y 7 después de J. C. hicieron un censo, pero no puede tratarse del censo mencionado por san Lucas, porque entonces Jesús tenía ya más de diez años...
... ¿Es que san Lucas, el médico, se había equivocado?
Durante mucho tiempo así lo pareció. Sólo cuando en Antioquía fue hallado el fragmento de una inscripción romana se llegó, con sorpresa, a comprobar que Quirinio había estado otra vez, como legado del emperador Augusto, en Siria y precisamente en tiempos del procónsul Saturnino.
Entoces le correspondió una misión puramente militar. Dirigía la campaña contra los homonadenses, tribu establecida en la cordillera del Tauro, en el Asia Menor. Quirinio tenía su residencia habitual, así como su cuartel general, en Siria, entre los años 10 y 7 antes de Cristo... "
Es decir, en las fechas en que iba a nacer Jesús
3.- AMBIENTE SOCIAL EN TIEMPOS DE JESUCRISTO:
PALESTINA A ORILLAS DEL MARE NOSTRUM (W.Keller)
"Grecia comunicó su sello característico a la vida del Imperio Romano; la cultura romana era, en realidad, cultura griega, y griego era el lenguaje que unía a todos los pueblos dominados del Oriente."
"El que viajaba a través de Palestina por aquella época de transición podía imaginarse fácilmente que estaba en Grecia. En el este del país del Jordán había ciudades completamente griegas. Las diez ciudades de los evangelios (la Decápolis) se asemejaban totalmente al modelo de Atenas; tenían sus templos dedicados a Júpiter y a Artemisa, su anfiteatro, su foro circundado de columnas, su estadio, su gimnasio y sus baños. Griegas, tanto por sus construcciones como por el modo de vivir de sus habitantes, eran Cesarea, la capital de Pilato al sur del Carmelo, junto al Mediterraneo; Séforis, Tiberíades, etc... Unicamente las pequeñas ciudades, tanto de Galilea como de Judea conservaron, en lo que a la construcción se refiere, su carácter típicamente judaico."
"La manera de vestir de los griegos y muchas costumbres de la vida helénica hacía tiempo que, en la época de Jesús, habían hecho aparición en las poblaciones judías"
De hecho, esta paganización helénica es lo que, como sabemos, dio lugar a la reacción macabaica. No obstante, no sólo las costumbres paganas influyeron en la vida del pueblo israelí, muchas costumbres eran perfectamente asumibles
"Así, los habitantes de Galilea y de Judea llevaban vestiduras iguales a las que podían verse en Alejandría, Roma o Atenas. Consistían en una túnica y en un manto, zapatos o sandalias, sombrero o capucha para cubrir la cabeza. En cuanto a mobiliario existía la cama, y la costumbre griega de comer echado estaba muy generalizada" (san Juan, última cena: recumbens).
También es interesante, para comprender mejor en qué entorno se movía Nuestro Señor, estudiar la cuestión de las lenguas utilizadas. Hemos visto ya la importante influencia helénica que desde los seléucidas (Antíoco Epifanes IV) sufría el pueblo de Israel, así que la lengua griega era la lengua culta, de uso más universal. Los judíos no usaban apenas la lengua hebrea desde la helenización, y aunque los letrados conocían los textos bíblicos en hebreo, eran más comunes las traducciones a la lengua griega. Sin embargo entre ellos así como los galileos, se entendían en arameo, que era una lengua de origen sirio (Jesús sin duda hablaba arameo con los suyos). Ello no obstante las personas instruidas conocían el griego, lengua con la que podían entenderse con los habitantes de la Transjordania, con las ciudades del norte, Tiro, Sidón, Damasco, etc.; pero también se podían entender con los odiados opresores romanos, ya que éstos, en Oriente, utilizaban habitualmente el griego con sus súbditos.
Es interesante observar que en los evangelios (en especial san Juan) es frecuente que para denominar lugares, se utilice la lengua griega, junto con la denominación local. Por ejemplo, el enlosado de Pilato (lugar correspondiente a su palacio en la Torre Antonia y que los judíos no querían pisar por ser romano) se llama LITOSTROTOS (denominación griega) y también GABBATA (denominación hebrea). Otro hecho muy llamativo, que comentaremos en su momento, es el pasaje descrito por san Mateo y san Marcos "Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado !!" que Jesús pronuncia en hebreo, y que no entienden los que le rodean por no estar habituados a usar dicha lengua.
Cabe suponer que con romanos considerados "amigos" como el caso del centurión de Cafarnaum, los galileos del lugar se entenderían igualmente en griego, y lo mismo debió ocurrir con el centurión Cornelio de los Hechos, que parece ser un personaje distinto, por estar ubicado en distinta ciudad.
Mapas de Palestina en tiempo de Cristo
LA CIUDAD DE JERUSALEN EN TIEMPO DE CRISTO
La actual situación del templo del Santo Sepulcro, que contiene en su interior también la roca del Calvario, puede resultar desconcertante si no se conoce la evolución histórica de Jerusalén. Aparentemente céntrico con la ciudad actual, estaba no obstante fuera de la muralla cuando Cristo fue crucificado. El trazado de la muralla hacía un escalón en esta parte (ver figuras) que puede parecer "forzado" , ya que la actual muralla norte (la célebre puerta de Damasco) queda bastante lejos de la que se supone venía de la torre Antonia. Esto se debe a que, de hecho, el actual trazado de la muralla es aproximadamente igual al que realizó Herodes Agripa y que fue destruido por Tito en el año 70. La Jerusalén de Cristo se parecía más a la antigua del rey David, situada sobre la falda del monte Sión, hacia la colina llamada Ofel, junto al barrio de Siloé (ver figuras). Fue Salomón, con la construcción del Templo, el que aprovechó la explanada situada hacia el norte, y que después, sucesivos reyes (particularmente Ezequías) consolidaron y fortificaron.
Jerusalén en tiempo de Cristo Jerusalén en el año 66 d.C.
Las calles descienden hacia Siloé.
(En primer término el arroyo Tiropeón)
Herodes El Grande, reconstruyó todo esto y amplió la fortificación con la mencionada torre Antonia en el ángulo nororiental, pero es evidente que la parte de la ciudad situada al lado de la explanada del Templo era sólo la parte "alta" de Jerusalén, cuyo núcleo urbano principal seguía siendo la falda del monte Sión. El Calvario estaba fuera de la ciudad, en una zona que poco a poco se fué poblando, al igual que la situada al norte, donde se sitúa la piscina probática. Años después de Cristo, sin duda al amparo de lo que fue la obra más importante de Herodes Agripa, la ciudad creció aproximadamente en lo que es hoy el llamado Jerusalén antiguo, aunque con el tiempo lo que ha quedado fuera ha sido precisamente la primitiva ciudad de David, eliminada por la muralla sur, que arranca de la explanda del Templo (hoy de las mezquitas) hacia el oeste.
Planos superpuestos de Jerusalén Jerusalén actual
4.- LOS VIAJES A JERUSALEN:
Referencias al recorrido en los mapas:
El recorrido de Jesús con los discípulos, aparece en unos mapas que periódicamente se adjuntan a las NOTAS del texto. Son recorridos establecidos de acuerdo con la concordancia de los evangelios, y realizados en base a lo que podemos conocer a través de ellos. Naturalmente en los evangelios no está "toda" la vida pública de Cristo, y por tanto lo que sabemos de ella, como ya hemos dicho, es lo que Dios ha querido que podamos conocer. Salta a la vista que de los tres años de predicación de Jesús, la narración de los dos primeros es bastante limitada, según se desprende del "espacio narrativo" entre la Pascua del primer año y la del segundo.
Queremos decir que al realizar los mapas, se puede afirmar que es cierto lo que se ve, pero no está todo lo que Jesús hizo. No importa. Es perfectamente correcto trazar dichos mapas si ello nos ayuda a contemplar la vida de Jesucristo, y los lugares por los que sabemos con certeza que estuvo. Naturalmente, el peregrino de Tierra Santa lo entenderá muy bien, porque lo ha visto; pero quien no haya estado nunca podrá verlo perfectamente con los ojos de la imaginación, y a la vista de mapas y fotografías.
Los viajes a Jerusalén que salen reflejados en los evangelios y que pueden verse en los esquemas adjuntos, suelen coincidir con la Pascua. Es el evangelista san Juan el que los menciona, y que al concordar su evangelio con los sinópticos ha permitido situarlos con bastante aproximación. Así el primer año Jesús expulsa a los mercaderes, habla con Nicodemo y realiza un corto periplo por la Judea. El segundo año al acudir al Templo, cura a un paralítico en la piscina Probática, y es al tercer año cuando instituye la Eucaristía y es crucificado. Este último viaje a Jerusalén es narrado de forma más detallada, no sólo por la trascendencia de su finalidad, ya que se consuma la Redención, sino también porque se inicia cinco meses antes de la Pascua, con ocasión de la fiesta llamada de los Tabernáculos (en el mes de septiembre).
Estos cinco meses desde la Fiesta de los Tabernáculos hasta la Pascua, son narrados con mucho detalle por los cuatro evangelistas y constituyen el núcleo principal de la evangelización en Judea. Muchas de las enseñanzas de Jesús, ya conocidas por la predicación en Galilea, vuelven a aparecer. Es esto particularmente notable en san Lucas, pero no solamente en él.
Naturalmente, además de los viajes en los tres años de la vida pública, veremos con ocasión de la infancia de Jesús, no sólo los desplazamientos de la Visitación, Nacimiento y huída a Egipto, sino además también, uno de los que la Sagrada Familia debió realizar con ocasión de la Pascua. En efecto, el niño Jesús, con doce años, se pierde en Jerusalén y es encontrado en el Templo. Esto lo narra san Lucas, pero dice también en el mismo texto, que la Sagrada Familia iba a Jerusalén todos los años por Pascua.