Punto narrativo 1.

 

EXODO, Cap. 1 y 2

 

(Israel es esclavizado en Egipto)

Capítulo 1:

      Comienza el éxodo con una breve referencia a las doce tribus que fundaron los hijos de Israel, y que asentadas en Egipto iban creciendo y formando un gran pueblo. Al cabo murió José, como ya vimos en el último capítulo del Génesis y, pasado un tiempo, se estima que unos cuatrocientos años, el pueblo israelita se vio tiránicamente sometido. El Exodo lo resume con una frase muy breve: "... se alzó en Egipto un nuevo rey, que nada sabía de José ..." En esta forma tan sencilla queda expresado el gran cambio que supuso para Egipto la caída de los "Hycsos" y el restablecimiento de la dinastía XVIII de los Faraones, con el advenimiento del llamado imperio Medio (ver Génesis, capítulo 41). Parece probable que la opresión de Israel se inició con el reinado de Seti I y su hijo, el conocido Ramsés II que realizó las grandes obras de Pitón y Rameses. Precisamente en la región en que habitaban los israelitas.

....

6  Murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación;
7  pero los israelitas fueron fecundos y se multiplicaron; llegaron a ser muy numerosos y fuertes y llenaron el país.
8  Se alzó en Egipto un nuevo rey, que nada sabía de José;
9  y que dijo a su pueblo: «Mirad, los israelitas son un pueblo más númeroso y fuerte que nosotros.
10  Tomemos precauciones contra él para que no siga multiplicándose, no sea que en caso de guerra se una también él a nuestros enemigos para luchar contra nosotros y salir del país.»
11  Les impusieron pues, capataces para aplastarlos bajo el peso de duros trabajos; y así edificaron para Faraón las ciudades de depósito: Pitom y Ramsés.
12  Pero cuanto más les oprimían, tanto más crecían y se multiplicaban, de modo que los egipcios llegaron a temer a los israelitas.
13 Y redujeron a cruel servidumbre a los israelitas,
14  les amargaron la vida con rudos trabajos de arcilla y ladrillos, con toda suerte de labores del campo y toda clase de servidumbre que les imponían por crueldad.

....

      Pero los egipcios no se conformaron con esto, y procedieron a asesinar directamente a los neonatos. Para ello buscaron en primer lugar la colaboración de las parteras israelitas, a las que ordenaron matar a los varones en cuanto nacieran. Este primer intento fracasó por la fidelidad de estas parteras, a las que el Exodo califica de forma muy significativa como "temerosas de Dios".

....

17  Pero las parteras temían a Dios, y no hicieron lo que les había mandado el rey de Egipto, sino que dejaban con vida a los niños.
18  Llamó el rey de Egipto a las parteras y les dijo: «¿ Por qué habéis hecho esto y dejáis con vida a los niños?»
19  Respondieron las parteras a Faraón: «Es que las hebreas no son como las egipcias. Son más robustas, y antes que llegue la partera, ya han dado a luz.»
20  Y Dios favoreció a las parteras. El pueblo se multiplicó y se hizo muy poderoso.
21  Y por haber temido las parteras a Dios, les concedió numerosa prole.
22  Entonces Faraón dio a todo su pueblo esta orden: «Todo niño que nazca lo echaréis al Río; pero a las niñas las dejaréis con vida.»

      Así acaba este primer capítulo, con la criminal orden de exterminio que, en el segundo capítulo, dará ocasión a la bella historia de Moisés, el que años más tarde, por designio providencial de Dios, será el caudillo libertador, y el profeta del Señor para su pueblo escogido.

Capítulo 2:

      La persecución genocida del Faraón contra la descendencia de los israelitas fue implacable, y los varones recién nacidos eran asesinados en sus mismas casas por los soldados egipcios. Pero la Providencia permitió una excepción, en la persona de Moisés. La narración, que es muy conocida, es ciertamente bella; pero no nos engañemos, no es una leyenda, la narración del libro del Exodo es histórica y así será a lo largo de todo el relato del largo peregrinar del pueblo israelita por la península del Sinaí. Naturalmente que puede haber exageraciones de forma en la historia, pero en lo fundamental el hecho narrado es rigurosamente hisórico. Veamos pues como aparece la figura de Moisés.

1  Un hombre de la casa de Leví fue a tomar por mujer una hija de Leví.
2  Concibió la mujer y dio a luz un hijo; y viendo que era hermoso lo tuvo escondido durante tres meses.
3 Pero no pudiendo ocultarlo ya por más tiempo, tomó una cestilla de papiro, la calafateó con betún y pez, metió en ella al niño, y la puso entre los juncos, a la orilla del Río.
4  La hermana del niño se apostó a lo lejos para ver lo que le pasaba.
5  Bajó la hija de Faraón a bañarse en el Río y, mientras sus doncellas se paseaban por la orilla del Río, divisó la cestilla entre los juncos, y envió una criada suya para que la cogiera.
6  Al abrirla, vio que era un niño que lloraba. Se compadeció de él y exclamó: «Es uno de los niños hebreos.»
7  Entonces dijo la hermana a la hija de Faraón: «¿Quieres que yo vaya y llame una nodriza de entre las hebreas para que te críe este niño?»
8  «Vete», le contestó la hija de Faraón. Fue, pues, la joven y llamó a la madre del niño.
9  Y la hija de Faraón le dijo: «Toma este niño y críamelo que yo te pagaré.» Tomó la mujer al niño y lo crió.

10  El niño creció, y ella lo llevó entonces a la hija de Faraón, que lo tuvo por hijo, y le llamó Moisés, diciendo: «De las aguas lo he sacado.»

....

      La narración sigue, en el mismo capítulo, siendo Moisés ya adulto. Moisés vive en Egipto, probablemente en Heliópolis, rodeado de los lujos de la corte; se sabe israelita, pero su pueblo sufriente está confinado cerca del delta del Nilo, en la región de Gosén. El relato nos dice que Moisés va a ver a sus hermanos de sangre y se escandaliza del trato inhumano que reciben, y viendo a un egipcio que maltrataba a un israelita, lleno de ira le dio muerte y escondió el cadáver. Pero Moisés se ve obligado a huir porque los israelitas no le aceptan como uno de los suyos.

....

13 Salió al día siguiente y vio a dos hebreos que reñían. Y dijo al culpable: «¿Por qué pegas a tu compañero?»
14  El respondió: «¿Quién te ha puesto de jefe y juez sobre nosotros? ¿Acaso estás pensando en matarme como mataste al egipcio?» Moisés, lleno de temor, se dijo: «La cosa ciertamente se sabe.»
15  Supo Faraón lo sucedido y buscaba a Moisés para matarle; pero él huyó de la presencia de Faraón, y se fue a vivir al país de Madián. Se sentó junto a un pozo.

....

      Entretanto, las hijas de Ragüel, sacerdote de Madián, se acercaron al pozo a sacar agua para las ovejas de su padre, y fueron rechazadas por un grupo de pastores. Moisés hizo frente a estos pastores, y abrevó el rebaño de las muchachas. Estas, al volver con su padre le contaron cómo les había defendido Moisés, y Ragüel le mandó llamar, ofreciéndole acogida. Conviene advertir aquí que, por una razón desconocida, este Ragüel será denominado Jetró en el capítulo siguiente y sucesivos.

....

21  Aceptó Moisés morar con aquel hombre, que dio a Moisés su hija Seforá.
22  Esta dio a luz un hijo y llamóle Guersom, pues dijo: «Forastero soy en tierra extraña.»
23 Durante este largo período murió el rey de Egipto; los israelitas, gimiendo bajo la servidumbre, clamaron, y su clamor, que brotaba del fondo de su esclavitud, subió a Dios.

24  Oyó Dios sus gemidos, y acordóse Dios de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob.
25  Y miró Dios a los hijos de Israel y les reconoció.
 

      Con esta última frase quiere indicar el Exodo que la Misericordia de Dios se había apiadado de su pueblo. A partir de ahora, el Exodo narrará de qué manera promovió Dios la vocación de Moisés, como liberador de los israelitas esclavizados por Egipto, para llevarlos hasta la tierra que fue prometida a Abraham y sus descendientes.

 

 

Punto narrativo 2.

 

EXODO, Cap. 3 y 4

 

(Moisés en el Sinaí)

 

 

Capítulo 3:

      Este es el conocido pasaje de la zarza ardiendo en el Sinaí con el que Dios le muestra a Moisés lo que ha de hacer para liberar a Israel de la esclavitud en Egipto, y conducirlo a la tierra que Dios prometió a Abraham. Moisés, dice el Exodo, tiene ya una edad avanzada. La narración habla de ochenta años, pero ya conocemos el valor relativo de los números en la Biblia; al final de los cuarenta años de peregrinar de los israelitas, Moisés morirá a los ciento veinte años. Es fácil hacerse una composición de lo que significan estas cifras, Dios le llama a su vocación en la madurez de su vida, y tras una prolongada vida familiar en el país de Madián. Veamos como relata el Exodo esta vocación de Moisés.

1  Moisés era pastor del rebaño de Jetró su suegro, sacerdote de Madián. Una vez llevó las ovejas más allá del desierto; y llegó hasta Horeb, la montaña de Dios.
2  El ángel de Yahveh se le apareció en forma de llama de fuego, en medio de una zarza. Vio que la zarza estaba ardiendo, pero que la zarza no se consumía.
3 Dijo, pues, Moisés: «Voy a acercarme para ver este extraño caso: por qué no se consume la zarza.»
4  Cuando vio Yahveh que Moisés se acercaba para mirar, le llamó de en medio de la zarza, diciendo: «¡Moisés, Moisés!» El respondió: «Heme aquí.»
5  Le dijo: «No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada.»
6  Y añadió: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.» Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios.
7  Dijo Yahveh: «Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores; pues ya conozco sus sufrimientos.
8  He bajado para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los perizitas, de los jivitas y de los jebuseos.
9  Así pues, el clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto además la opresión con que los egipcios los oprimen.
10  Ahora, pues, ve; yo te envío a Faraón, para que saques a mi pueblo, los israelitas, de Egipto.»

....

      Moisés se ve sorprendido por la llamada de Dios. Es fácil comprender que, en su larga estancia al servicio de su suegro Jetró, Moisés ha olvidado ya a su pueblo Israel; pero Dios no lo ha olvidado y le llama a la que ha de ser su vocación. El que ha de ser el guía y profeta de este pueblo que sufre, objeta su incapacidad.

....

11  Dijo Moisés a Dios: ¿Quién soy yo para ir a Faraón y sacar de Egipto a los israelitas?»
12  Respondió: «Yo estaré contigo y esta será para ti la señal de que yo te envío: Cuando hayas sacado al pueblo de Egipto daréis culto a Dios en este monte .»
13 Contestó Moisés a Dios: «Si voy a los israelitas y les digo: "El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros"; cuando me pregunten: "¿Cuál es su nombre?", ¿qué les responderé?»
14  Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: "Yo soy" me ha enviado a vosotros.»

....

      Aparece aquí el nombre de Dios en la Biblia por primera vez: "Yo soy". En lengua hebrea, que como otras lenguas semíticas omite las vocales, su escritura puede traducirse por "J.H.V.H." en nuestro alfabeto latino; y así es pronunciado, y escrito, como "Yahveh" o "Jehovah" según la procedencia de la traducción fonética. Veinte siglos más tarde, Jesús utilizará en arameo esta expresión "Yo soy", cuando se entregue a sus captores en el huerto de Getsemaní (Jn 18, 4 - 9)

....

15  Siguió Dios diciendo a Moisés: «Así dirás a los israelitas: Yahveh, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre, por él seré invocado de generación en generación.»
16  «Ve, y reúne a los ancianos de Israel, y diles: "Yahveh, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me dijo: Yo os he visitado y he visto lo que os han hecho en Egipto.
17  Y he decidido sacaros de la tribulación de Egipto al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, perizitas, jivitas y jebuseos, a una tierra que mana leche y miel."
18  Ellos escucharán tu voz, y tú irás con los ancianos de Israel donde el rey de Egipto; y le diréis: "Yahveh, el Dios de los hebreos, se nos ha aparecido. Permite, pues, que vayamos camino de tres días al desierto, para ofrecer sacrificios a Yahveh, nuestro Dios."
19  Ya sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino forzado por mano poderosa.
20  Pero yo extenderé mi mano y heriré a Egipto con toda suerte de prodigios que obraré en medio de ellos y después os dejará salir.»
21  «Yo haré que este pueblo halle gracia a los ojos de los egipcios, de modo que cuando partáis, no saldréis con las manos vacías,
22  sino que cada mujer pedirá a su vecina y a la que mora en su casa objetos de plata, objetos de oro y vestidos, que pondréis a vuestros hijos y a vuestras hijas, y así despojaréis a los egipcios.»

      Aquí termina este capítulo, aunque la narración sigue en el siguiente sin solución de continuidad. Hemos querido insertar íntegramente todo el texto porque su importancia realmente lo demanda.

Capítulo 4:

1  Respondió Moisés y dijo: «No van a creerme, ni escucharán mi voz; pues dirán: "No se te ha aparecido Yahveh."»
2  Díjole Yahveh: «¿Qué tienes en tu mano?» «Un cayado», respondió él.
3 Yahveh le dijo: «Echalo a tierra.» Lo echó a tierra y se convirtió en serpiente; y Moisés huyó de ella.
4  Dijo Yahveh a Moisés: «Extiende tu mano y agárrala por la cola.» Extendió la mano, la agarró, y volvió a ser cayado en su mano...
5  «Para que crean que se te ha aparecido Yahveh, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.»

....

      Dios le da otra prueba, haciendo que su mano aparezca leprosa y después súbitamente sana. Pero Moisés sigue objetando su incapacidad. Al parecer tenía algún defecto en el habla -probablemente la tartamudez- y así se entiende en el siguiente versículo:

....

10  Dijo Moisés a Yahveh: «¡Por favor, Señor! Yo no he sido nunca hombre de palabra fácil, ni aun después de haber hablado tú con tu siervo; sino que soy torpe de boca y de lengua.»
11  Le respondió Yahveh: «¿Quién ha dado al hombre la boca? ¿? Quién hace al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo, Yahveh?
12  Así pues, vete, que yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que debes decir.»

....

      Pero Moisés seguirá queriendo evitar su misión, de tal manera que, finalmente, Dios se enoja. Pese a todo le indica la solución, señalándole a su hermano Aarón, que tan importante será en el largo peregrinar por el desierto

....

13 El replicó: «Por favor, envía a quien quieras.»
14  Entonces se encendió la ira de Yahveh contra Moisés, y le dijo: «¿No tienes a tu hermano Aarón el levita? Sé que él habla bien; he aquí que justamente ahora sale a tu encuentro, y al verte se alegrará su corazón.
15  Tu le hablarás y pondrás las palabras en su boca; yo estaré en tu boca y en la suya, y os enseñaré lo que habéis de hacer.
16  El hablará por ti al pueblo, él será tu boca y tú serás su dios.
17  Toma también en tu mano este cayado, porque con él has de hacer las señales.»

....

      Moisés acepta finalmente la misión y vuelve a recoger a su familia. De camino a Egipto, Dios le dijo cómo debía dirigirse al Faraón para que deje partir a Israel.

....

18  Moisés volvió y regresó a casa de Jetró, su suegro, y le dijo: «Con tu permiso, me vuelvo a ver a mis hermanos de Egipto para saber si viven todavía.» Dijo Jetró a Moisés: «Vete en paz.»
19  Yahveh dijo a Moisés en Madián: «Anda, vuelve a Egipto ; pues han muerto todos los que buscaban tu muerte.»
20  Tomó, pues, Moisés a su mujer y a su hijo y, montándolos sobre un asno, volvió a la tierra de Egipto. Tomó también Moisés el cayado de Dios en su mano.
21  Y dijo Yahveh a Moisés: «Cuando vuelvas a Egipto, harás delante de Faraón todos los prodigios que yo he puesto en tu mano; yo, por mi parte, endureceré su corazón, y no dejará salir al pueblo.
22  Y dirás a Faraón: Así dice Yahveh: Israel es mi hijo, mi primogénito.
23 Yo te he dicho: "Deja ir a mi hijo para que me dé culto," pero como tú no quieres dejarle partir, mira que yo voy a matar a tu hijo, a tu primogénito.»

....

      También le insta a circuncidar a su hijo, en un extraño pasaje en el que se aparece de noche a Séfora, la mujer de Moisés, en el camino hacia Egipto. Entretanto Dios mueve a Aarón, hermano de Moisés, para que salga a su encuentro como le había dicho ya en la zarza ardiente. Tras el encuentro, se dirigen a los ancianos de Israel, y el pueblo cree en las palabras de Yahveh. A partir de este momento ambos irán junto a presentarse ante el Faraón, y se iniciará la fuerte diatriba que dará pie al conocido relato de las diez plagas.

....

27  Dijo Yahveh a Aarón: «Vete al desierto al encuentro de Moisés.» Partió, pues, y le encontró en el monte de Dios y le besó.
28  Moisés contó a Aaron todas las palabras que Yahveh le había encomendado y todas las señales que le había mandado hacer.
29  Fueron, pues, Moisés y Aarón y reunieron a todos los ancianos de los israelitas.
30  Aarón refirió todas las palabras que Yahveh había dicho a Moisés, el cual hizo las señales delante del pueblo.
31  El pueblo creyó, y al oír que Yahveh había visitado a los israelitas y había visto su aflicción, se postraron y adoraron.
 

 

 

Punto narrativo 3.

 

EXODO, Cap. 5 a 10

 

(Moisés ante el Faraón, las nueve primeras plagas)

 

Capítulo 5:

 

      Moisés se entrevista con el Faraón, según le había mandado el Señor, y le pide que permita a los israelitas salir al desierto a ofrecerle sacrificios. Pero el monarca no quiere oírles. Probablemente se Trataba de Amenhotep, conocido también como Amenofis III; él sufrió las diez plagas y de él huyeron los israelitas al desierto:

2 Pero el Faraón respondió: «¿Y quien es el Señor para que yo le obedezca dejando partir a Israel? Yo no conozco al Señor y no dejaré partir a Israel».

3 Ellos dijeron: «El Dios de los hebreos vino a nuestro encuentro, y ahora tenemos que realizar una marcha de tres días por el desierto, para ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios. De lo contrario él nos castigará con la peste o la espada».

4 El rey de Egipto les respondió: «¿Por qué ustedes, Moisés y Aarón, se empeñan en apartar al pueblo de sus tareas? Vuelvan al trabajo que les ha sido impuesto».

....

 

      Y efectivamente, no sólo les obliga a volver al trabajo, sino que además les sobrecarga con mucha dureza las condiciones del mismo:

 

....

9 Háganlos trabajar más duramente y que estén siempre ocupados; así no prestarán atención a esas patrañas».

10 En seguida salieron los capataces del pueblo, junto con los inspectores, y dijeron a la multitud: «Así habla el Faraón: «De ahora en adelante no les daré más paja.

11 Vayan ustedes mismos y tráiganla de donde puedan. Pero el rendimiento no deberá disminuir en lo más mínimo».

12 Entonces el pueblo se dispersó por todo el territorio de Egipto para recoger los rastrojos, y abastecerse así de paja.

13 Los capataces, por su parte, los apremiaban diciendo: «Terminen el trabajo que se les fijó para cada día, como lo hacían cuando les daban la paja».

14 Y los capataces del Faraón azotaron a los inspectores israelitas que ellos habían designado, diciendo: «¿Por qué ayer y hoy no completaron la cantidad establecida de ladrillos, como lo venían haciendo hasta ahora?».

....

 

      Estos inspectores comparecen ante el Faraón, para manifestar el mal trato recibido, pero el tirano se muestra implacable y hace que recaigan sus quejas sobre Moisés y Aarón. Moisés, apesadumbrado se dirige nuevamente el Señor:

 

....

22 Moisés se volvió al Señor, diciendo: «Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo? ¿Para esto me has enviado?

23 Desde que me presenté ante el Faraón para hablarle en tu nombre, él no ha cesado de maltratar a este pueblo, y tú no haces nada para librar a tu pueblo.

 

Capítulo 6:

 

1 El Señor le respondió: «¡Ahora verás lo que haré al Faraón! Tendrá que dejarlos partir por la fuerza, e incluso, se verá obligado a expulsarlos de su país».

 

      Se repite a continuación el relato de la zarza ardiendo. Es frecuente este tipo de repeticiones en la Biblia, recordemos el relato de la creación del hombre en el Génesis. Más adelante, en los libros de los Reyes y de las Crónicas, volverán a aparecer repeticiones de este tipo. Transcribimos parte de esta; veremos que nuevamente Moisés le expone a Yahveh sus objeciones a la misión que le encomienda, y vuelve a parecer el problema de la tartamudez.

 

2 Dios habló a Moisés y le dijo: «Yo soy el Señor.

3 Yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como el Dios Todopoderoso, pero no me di a conocer a ellos con mi nombre «el Señor».

4 También establecí mi alianza con ellos, para darles la tierra de Canaán, esa tierra donde ellos residieron como extranjeros.

5 Y cuando escuché los gemidos de los israelitas, esclavizados por los egipcios, me acordé de mi alianza.

6 Por eso, anuncia esto a los israelitas» Yo soy el Señor. Yo los libraré de los trabajos forzados que les imponen los egipcios, los salvaré de la esclavitud a que ellos los someten, y los rescataré con el poder de mi brazo, infligiendo severos y justos castigos.

....

11 «Preséntate al Faraón, el rey de Egipto, y dile que deje partir de su país a los israelitas».

12 Moisés se excusó ante el Señor, diciendo: «Si los israelitas no quisieron escucharme, ¿cómo me va a escuchar el Faraón, a mí que no tengo facilidad de palabra?».

13 Pero el Señor habló a Moisés y a Aarón, y les dio órdenes para los israelitas y para el Faraón, rey de Egipto, a fin de hacer salir de Egipto a los israelitas.

....

 

      La narración incluye en este punto el origen genealógico de Moisés y Aarón, remontándose para ello a los descendientes de cada uno de los hijos de Jacob (Israel). En ella se describe cómo ambos hermanos son descendientes de Leví, y esto tendrá su importancia ya que sus descendientes serán los que se ocuparán del culto a Yahveh, y de entre dichos levitas saldrán los destinados al sacerdocio en el Tabernáculo. Todo esto se verá tras la promulgación de la Ley.

 

....

14 Los jefes de las familias de Israel fueron los siguientes: Los hijos de Rubén, el primogénito de Israel, fueron Henoc, Palú, Jesrón y Carmí. Estos son los clanes de Rubén.

15 Los hijos de Simeón fueron Iemuel, Iamín, Ohad, Iaquín, Sójar y Saúl, el hijo de la cananea. Estos son los clanes de Simeón.

....

20 Amram se casó con Ioquébed, su tía, y de ella le nacieron Aarón y Moisés. Amram vivió ciento treinta y siete años.

....

26 Moisés y Aarón son los mismos que recibieron del Señor la orden de sacar de Egipto a los israelitas, distribuidos en grupos.

27 Ellos fueron los que hablaron al Faraón, el rey de Egipto, para hacer salir a los israelitas. Son los mismos Moisés y Aarón.

28 El día en que el Señor habló a Moisés en Egipto,

29 les dijo: «Yo soy el Señor. Repite al Faraón, el rey de Egipto, todo lo que yo te diga».

30 Pero Moisés puso al Señor este pretexto: «Yo tengo dificultad para hablar. ¿Cómo me va a escuchar el Faraón?

 

      Nuevamente pues, Moisés alega su dificultad de palabra. Dios no se enoja esta vez y vuelve a indicarle que deberá obrar siempre junto a su hermano Aarón, que será su Profeta. Como veremos, Moisés aparecerá como quien es más que un profeta, será denominado "hombre de Dios" en repetidas ocasiones. Es decir, ejercerá una función mesiánica, en tanto no se han cumplido todavía los tiempos previstos por Dios para la llegada de su divino Hijo, el Mesías verdadero.

 

Capítulo 7:

 

1 El Señor dijo a Moisés: «Yo hago de ti un dios para el Faraón, y Aarón, tu hermano, será tu profeta.

2 Tú le comunicarás todo lo que yo te mande, y él hablará al Faraón, para que deje salir de su país a los israelitas.

....

7 Cuando se entrevistaron con el Faraón, Moisés tenía ochenta años, y Aarón, ochenta y tres.

8 El Señor dijo a Moisés y a Aarón:

9 «Cuando el Faraón les pida que hagan un prodigio, tú le dirás a Aarón: «Toma tu cayado y arrójalo delante del Faraón; y el cayado se convertirá en una serpiente»

10 Moisés y Aarón se presentaron entonces ante el Faraón e hicieron todo lo que el Señor les había ordenado. Aarón arrojó su cayado delante del Faraón y de sus servidores, y el cayado se transformó en una serpiente».

11 El Faraón, a su vez, convocó a los sabios y hechiceros; y los magos de Egipto, valiéndose de sus artes secretas, hicieron otro tanto.

12 Cada uno arrojó su bastón, y estos se transformaron en serpientes; pero el de Aarón devoró a todos los demás.

13 A pesar de esto, el Faraón persistió en su obstinación y no los escuchó, como el Señor lo había predicho.

     

Capítulos 8 a 10:

 

      Al comprobar el pueblo que la intervención de Moisés y Aarón agravaba su suerte, murmuró. Entonces Moisés renovó su ruego a Yahveh. Para obligarle a permitir la salida de los hebreos, Dios, por medio de Moisés y Aarón, castigó a Egipto con diez terribles calamidades, llamadas por su gravedad las diez plagas de Egipto.

 

      1.a Todas las aguas de Egipto se convirtieron en sangre.

 

      2.a Toda la tierra se cubrió de ranas que penetraban en las casas.

 

      3.a Espesa nube de mosquitos cayó sobre hombres y ani­males.

 

      4.a Innumerable muchedumbre de tábanos cayó sobre la casa del Faraón y de sus servidores, como también sobre toda la tierra de Egipto.

 

      5.a Una peste mortífera mató todos los animales.

 

      6.a Todos los hombres fueron atacados de pústulas malignas y tumores.

 

      7.a El granizo devastó todas las cosechas y hasta las hierbas del campo.

 

      8.a La langosta devoró lo que el granizo había perdonado.

 

      9.a Espesas tinieblas envolvieron el país durante tres días.

 

    10.ª El ángel exterminador dio muerte a todos los primogénitos de los egipcios.

 

      Para apartarnos de las interpretaciones modernistas, conviene aquí un pequeño comentario. Como es sabido, hay muchos escrituristas que niegan la historicidad de este relato y, en el mejor de los casos se limitan a indicar que se trata de fenómenos naturales que el autor del Exodo hace pasar por hechos milagrosos. Debemos decir a esto que, naturales o no, el hecho es que se trata de plagas que Dios promueve en apoyo de su pueblo escogido, para liberarlo de la esclavitud. Sin embargo, si se examinan con conocimiento de causa, se aprecia enseguida que se trata de hechos realmente extraordinarios.

 

     Es de notar que las plagas, si exceptuamos la última (muerte de los primogénitos), responden a las calamidades que Egipto padece muy de ordinario. Lo milagroso de ellas fue el modo que tuvo Moisés de producirlas y su gravedad extraordinaria, por lo violentas; además de sobrevenir, en épocas del año no acostumbradas; y, más que todo, por iniciarse y terminar por mandato de Moisés. Por ejemplo: todos los años, entre agosto y septiembre, tiene el Nilo una fuerte crecida, y sus aguas son rojas como la sangre. Esta crecida la provocan los afluentes procedentes de las altas montañas de Abisinia, que arrastran gran cantidad de limo rojo originado por la disgregación de los macizos volcánicos que recorren. La primera plaga ocurrió en febrero, no en agosto; en ella murieron los peces del río, lo que no ocurre en la creciente roja de   agosto.

 

     De estas plagas, las tres primeras alcanzaron a todo el país; las restantes respetaron el territorio ocupado por los israelitas. Las dos primeras también las realizaron los magos; pero no la tercera. Con su impotencia, reconocieron el poder del Dios de los hebreos.

 

     Al iniciarse cada plaga, el Faraón suplicaba a Moisés que obtuviera de Dios su extinción, prometiendo permitir la salida; pero extinguida, anulaba la promesa. Así, vemos en el capítulo 10, cómo Faraón aparenta ceder ante la plaga de langostas, para luego desdecirse:

 

Capítulo 10:

....

17 Por eso, perdona una vez más mi pecado, y rueguen al Señor, su Dios, para que al menos aparte de mí esta plaga mortífera.»

18 Moisés se alejó de la presencia del Faraón y oró al Señor.

19 Entonces el Señor cambió la dirección del viento, que comenzó a soplar desde el oeste. Y lo hizo con tanta fuerza, que barrió con las langostas y las precipitó en el Mar Rojo. Así no quedó ni una sola langosta en el territorio de Egipto.

20 Pero el Señor endureció el corazón del Faraón, y él no dejó partir a los israelitas.

....

 

     Por último, la novena plaga: las tinieblas. Con esta plaga el Faraón rompe todo trato con Moisés, y parece que con esta decisión será imposible la salida del pueblo israelita.

 

21 El Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano hacia el cielo, para que Egipto se cubra de una oscuridad tan densa que se pueda palpar».

22 Moisés extendió su mano hacia el cielo, y una profundo oscuridad cubrió todo el territorio de Egipto durante tres días.

23 Todo ese tiempo estuvieron sin verse unos a otros y sin que nadie pudiera moverse de su sitio. Pero en las viviendas de los israelitas había luz.

24 Luego el Faraón llamó a Moisés y le dijo: «Vayan a rendir culto al Señor. Podrán acompañarlos sus familias, pero quedarán aquí sus ovejas y sus vacas».

25 Moisés replicó: «Entonces tú nos tendrás que dar las víctimas para los sacrificios y holocaustos que ofreceremos al Señor, nuestro Dios.

26 ¡No! También nuestro ganado vendrá con nosotros. Ni un solo animal quedará aquí, porque nosotros queremos tomar de lo nuestro para rendir culto al Señor, nuestro Dios. Por otra parte, hasta que no lleguemos al lugar señalado, no sabremos cómo rendirle culto».

27 El Señor endureció el corazón del Faraón, y él no quiso dejarlos partir.

28 El Faraón dijo a Moisés: «¡Fuera de aquí! Y no te atrevas a comparecer otra vez en mi presencia, porque apenas lo hagas, morirás».

29 Moisés respondió: «Tú mismo lo has dicho. No te volveré a ver».

 

     Después de esto, Dios dispondrá la última y definitiva plaga: La muerte de los primogénitos de los egipcios, dando lugar a la Pascua, el paso del Señor.

 

 

 

Punto narrativo 4.

 

EXODO, Cap. 11 a 13

 

(La "Pascua del Señor", última plaga, Israel sale de Egipto)

 

 

Capítulo 11:

      El anuncio de la décima plaga: Dios se muestra ahora realmente terrible con Egipto, y anuncia un plaga exterminadora. Al paso de un ángel enviado (aunque ahora lo anuncia diciendo: "... yo saldré a recorrer Egipto ...") morirán por la noche todos los primogénitos de Egipto. Llama la atención la dureza de la plaga, y es curioso que se incluyen también los animales en el castigo. A un lector piadoso le podrá tal vez escandalizar la cuantía del castigo, así como el uso de la palabra "exterminio". Como este lenguaje aparecerá a lo largo del Libro del Exodo y los siguientes del Pentateuco, así como en otros libros históricos conviene una breve aclaración.

 

      Aunque no se debe relativizar nunca la narración de las Sagradas Escrituras, debemos recordar lo que fue explicado en la Introducción a la lectura de la Biblia, especialmente en lo que se refiere a "géneros literarios" y lo que entendemos por "Midrash" entre los que aceptamos la inspiración divina de la Biblia. Volveremos sobre esta cuestión todas las veces que el relato lo requiera, pero diremos una vez más que, aceptando el texto tal como es, podemos pensar, sin ser relativistas, que las cifras no tienen siempre un valor absoluto y que, lo que hemos denominado "verdad esencial" se percibe perfectamente si se acepta con fe y humildad la narración literal.

 

      En todo caso, piénsese en la atroz esclavitud a la que estaba sometido el pueblo elegido de Dios, y la feroz tiranía del imperio de los Faraones.

 

1 El Señor dijo a Moisés: «Voy a enviar contra el Faraón y contra Egipto una sola calamidad más, y después él os dejará partir de aquí. Más aún, cuando os haga partir, os echará de aquí definitivamente.

2 Mientras tanto, ordena al pueblo que cada hombre pida a su vecino, y cada mujer a su vecina, objetos de plata y oro».

3 El Señor, por su parte, hizo que el pueblo se ganara el favor de los egipcios, y el mismo Moisés llegó a gozar de gran prestigio en Egipto, tanto entre los servidores del Faraón como entre el pueblo.

4 Moisés dijo: «Así habla el Señor: «Hacia la medianoche, yo saldré a recorrer Egipto,

5 y morirán todos tus hijos primogénitos, desde el primogénito del Faraón, el que debe sucederle en el trono, hasta el primogénito de la esclava que maneja la máquina de moler, y todos los primogénitos del ganado.

6 Entonces resonará en todo Egipto un alarido inmenso, como nunca lo hubo ni lo habrá jamás.

7 Pero contra los israelitas –ya sean hombres o animales– ni siquiera ladrará un perro, para que sepáis que el Señor hace una distinción entre Israel y Egipto».

8 Luego vendrán todos tus servidores a inclinarse ante mí, y me dirán: «¡Váyanse, tú y el pueblo que está bajo tus órdenes!». Después me iré». Y lleno de indignación, Moisés se alejó de la presencia del Faraón.

9 Luego el Señor dijo a Moisés: «El Faraón no os escuchará, para que se multipliquen mis prodigios en el país de Egipto.

10 Moisés y Aarón realizaron todos estos prodigios delante del Faraón; pero el Señor le había endurecido el corazón, y él no dejó partir de su país a los israelitas.

Capítulo 12:

      Dios propone a los israelitas lo que será en lo sucesivo la celebración pascual, y este capítulo del Exodo le dice Yahveh a Moisés cómo ha de ser la cena del "paso del Señor" o Pascua. Esta cena y el sacrificio del cordero va a tener un sentido profético que sólo a la venida del verdadero Cordero, sacrificado en la Cruz, y la institución de la verdadera Cena, la Eucarística, pudo ser entendido.

1 Luego el Señor dijo a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto:

2 Este mes será para vosotros el mes inicial, el primero de los meses del año.

3 Decid a toda la comunidad de Israel: El diez de este mes, consíganse cada uno un animal del ganado menor, uno para cada familia.

4 Si la familia es demasiado reducida para consumir un animal entero, se unirá con la del vecino que viva más cerca de su casa. En la elección del animal tengan en cuenta, además del número de comensales, lo que cada uno come habitualmente.

5 Elegid un animal sin ningún defecto, macho y de un año; podrá ser cordero o cabrito.

6 Deberéis guardarlo hasta el catorce de este mes, y a la hora del crepúsculo, lo inmolará toda la asamblea de la comunidad de Israel.

7 Después tomaréis un poco de su sangre, y marcaréis con ella los dos postes y el dintel de la puerta de las casas donde lo coman.

8 Y esa misma noche comeréis la carne asada al fuego, con panes sin levadura y verduras amargas.

9 No la comeréis cruda ni hervida, sino asada al fuego; comeréis también la cabeza, las patas y las entrañas.

10 No dejaréis nada para la mañana siguiente, y lo que sobre, lo quemaréis al amanecer.

11 Deberéis comerlo así: ceñidos con un cinturón, calzados con sandalias y con el bastón en la mano. Y lo comeréis rápidamente: es la Pascua del Señor.

12 Esa noche yo pasaré por el país de Egipto para exterminar a todos sus primogénitos, tanto hombres como animales, y daré un justo escarmiento a los dioses de Egipto. Yo soy el Señor.

13 La sangre les servirá de señal para indicar las casas donde estéis. Al verla, yo pasaré de largo, y así os libaréis del golpe del Exterminador, cuando yo castigue al país de Egipto.

14 Este será para vosotros un día memorable y deberéis solemnizarlo con una fiesta en honor del Señor. Lo celebraréis a lo largo de las generaciones como una institución perpetua.

....

 

      A media noche un ángel hirió de muerte a todos los primogénitos de Egipto, tanto de les hombres como de las bestias; sin más excepción que los residentes en las casas cuyas puertas estaban marcadas con la sangre del cordero. El Faraón y todos los egipcios, sobrecogidos de terror, se levantaron a toda prisa, y resonó en Egipto un gran clamor, pues no había casa donde no hubiera un muerto. El rey llamó inmediatamente a Moisés y le mandó que saliera al instante con todos los de su nación, permitiéndoles llevar sus bueyes y ovejas   según se lo habían pedido.

 

....

37 Los israelitas partieron de Rameses en dirección a Sucot. Eran unos seiscientos mil hombres de a pie, sin contar sus familias.

38 Con ellos iba también una multitud heterogénea, y una gran cantidad de ganado mayor y menor.

39 Como la pasta que habían traído de Egipto no había fermentado, hicieron con ella galletas ácimas. Al ser expulsados de Egipto no pudieron demorarse ni preparar provisiones para el camino.

40 Los israelitas estuvieron en Egipto cuatrocientos treinta años.

41 Y el día en que se cumplían esos cuatrocientos treinta años, todos los ejércitos de Israel salieron de Egipto.

42 El Señor veló durante aquella noche, para hacerlos salir de Egipto. Por eso, todos los israelitas deberán velar esa misma noche en honor del Señor, a lo largo de las generaciones.

....

 

      Sigue la narración del Exodo, con nuevas prescripciones para la celebración pascual, que a partir de ahora va a ser la fiesta principal de los judíos. Extractamos un pequeño resumen, con el versículo que indica cómo al cordero pascual no se le quebrará ningún hueso. San Juan evangelista citará esta prescripción aplicándola Jesucristo, el verdadero Cordero Pascual, cuando muerto en la cruz no le quebraron las piernas como a los demás crucificados: "... Estas cosas sucedieron para que se cumpliera la Escritura: No le quebraréis ningún hueso ..." (Jn 19, 36)

 

....

43 El Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Estas son las disposiciones relativas a la Pascua. No deberá comerla ningún extranjero.

44 En cambio, podrá hacerlo todo esclavo adquirido con dinero, con tal que antes lo hayas circuncidado.

45 Tampoco la comerán el huésped ni el mercenario.

46 Todos la comerán en una misma casa. No saques fuera de la casa ningún pedazo de carne y no quebraréis ningún hueso de la víctima.

47 Toda la comunidad de Israel celebrará la Pascua.

....

 

Capítulo 13:

      Sigue el Exodo exhortando a la celebración de la Pascua y prescribiendo la consagración de los primogénitos, los siete días de los ácimos, y la tradición que deberán transmitir a sus hijos.

 

1 El Señor habló a Moisés en estos términos:

2 Conságrame a todos los primogénitos. Porque las primicias del seno materno entre los israelitas, sean hombres o animales, me pertenecen.

3 Moisés dijo al pueblo: Guarden el recuerdo de este día en que ustedes salieron de Egipto, ese lugar de esclavitud, porque el Señor los sacó de allí con el poder de su mano. Este día, no comerán pan fermentado.

....

7 Durante los siete días, el pan fermentado y la levadura no se verán en todo tu territorio.

8 Y ese día darás a tu hijo la siguiente explicación: «Esto es así, a causa de lo que el Señor hizo por mí cuando salí de Egipto».

9 Este rito será como un signo en tu mano y como un memorial ante tus ojos, para que la ley del Señor esté siempre en tus labios por que el Señor te sacó de Egipto con mano poderosa.

10 Observa cada año esta prescripción, a su debido tiempo.

....

 

      Los primogénitos consagrados podían ser rescatados mediante una ofrenda. Recordemos el episodio de la Presentación de Jesús en el Templo, que san Lucas describe en Lc 2, 22 - 23. Los progenitores lo explicarán a sus hijos.

 

12 consagrarás al Señor todos los primogénitos; y el primogénito de tus animales, si es macho, también pertenecerá al Señor.

13 Al primogénito del asno, en cambio, lo rescatarás con un cordero; y si no lo rescatas, deberás desnucarlo. También rescatarás a tu hijo primogénito.

14 Y cuando, el día de mañana, tu hijo te pregunte qué significa esto, tú le responderás: «Con el poder de su mano, el Señor nos sacó de Egipto, donde fuimos esclavos.

15 Como el Faraón se había obstinado en no dejarnos partir, el Señor hizo morir a todos los primogénitos machos de mi ganado, y rescató a mi hijo primogénito».

16 Esto será como un signo en tu mano y como una marca sobre tu frente, porque el Señor nos hizo salir de Egipto con el poder de su mano.

....

 

      Finalmente este capítulo relata la marcha hacia el Mar Rojo. Dios dirige a su pueblo escogido mediante una columna de humo de día y de fuego por la noche, y mediante esto los israelitas van a seguir una ruta aparentemente errática por la península del Sinaí.

 

      La columna le guió hacia el sur, en dirección al Mar Rojo, donde Dios tiene reservada una gran manifestación de su poder. El Exodo explica cómo traían consigo los restos de José, que deberán ser enterrados en la tierra de Canaán cuando tomen posesión de ella. Los israelitas no lo saben, pero antes deberán recibir las tablas de la Ley, purificarse peregrinando cuarenta años por el desierto, y finalmente serán en su mayoría los descendientes de estos peregrinos los que se establecerán, con gran esfuerzo y sufrimiento, en la tierra prometida.

 

 

Punto narrativo 5.

 

EXODO, Cap. 14 y 15

 

(El paso del Mar Rojo)

 

Capítulo 14:

      Comienza este capítulo señalando el itinerario que llevó a los israelitas hasta la orilla del Mar Rojo. Queda claro que Dios tiene sus planes para hacer desistir a los egipcios de tomarse la venganza en el desierto, y así, en lugar de rodear el mar por el norte, por el istmo de Suez, les dirige hacia el Sur de forma que no pueden ir al desierto del Sinaí sin cruzar el Mar Rojo, lo que evidentemente no podrán realizar sin poseer embarcaciones.

 

      Los israelitas que partieron de Egipto se elevaban a más de dos millones, contando las mujeres y los niños. Con sus rebaños llevaban gran cantidad de riquezas. 

 

1 El Señor habló a Moisés en estos términos:

2 «Ordena a los israelitas que vuelvan atrás y acampen delante de Pihajirot, entre Migdol y el mar, frente a Baal Sefón. Acampad a orillas del mar, frente al lugar indicado.

3 Así el Faraón creerá que vagáis sin rumbo por el país y que el desierto os cierra el paso.

4 Yo, por mi parte, endureceré su corazón para que salga a perseguirlos, y me cubriré de gloria a expensas de él y de todo su ejército. Así los egipcios sabrán que yo soy el Señor». Los israelitas cumplieron esta orden.

....

9 Los egipcios los persiguieron con los caballos y los carros de guerra del Faraón, los conductores de los carros y todo su ejército; y los alcanzaron cuando estaban acampados junto al mar, cerca de Pihajirot, frente a Baal Sefón.

10 Cuando el Faraón ya estaba cerca, los israelitas levantaron los ojos y, al ver que los egipcios avanzaban detrás de ellos, se llenaron de pánico e invocaron a gritos al Señor.

11 Y dijeron a Moisés: «¿No había tumbas en Egipto para que nos trajeras a morir en el desierto? ¿Qué favor nos has hecho sacándonos de allí?

12 Ya te lo decíamos cuando estábamos en Egipto: "¡Déjanos tranquilos! Queremos servir a los egipcios, porque más vale estar al servicio de ellos que morir en el desierto"».

13 Moisés respondió al pueblo: «¡No temáis! Manteneos firmes, porque hoy mismo vais a ver lo que hará el Señor para salvaros. A esos egipcios que estáis viendo hoy, nunca más los volveréis a ver.

14 El Señor combatirá por vosotros, sin que tengáis que preocuparos por nada».

 

 

      El ejército del Faraón les alcanzó cerca del Mar Rojo. En este momento la columna de nube que precedía a los israelitas pasó a interponerse entre ellos y sus perseguidores, haciéndose luminosa para los hebreos y tenebrosa para los egipcios. Por orden del Señor, tendió Moisés la mano hacia el mar y las aguas se abrieron. Dios hizo soplar toda la noche un violentísimo viento solano, que secó y endureció la parte del álveo del mar abandonado por las aguas; y por este camino extraordinario y milagroso se lanzaron los israelitas marchando a pie enjuto, con el agua a ambos lados que les servía de muralla, según dice literalmente el Exodo.

....

19 El Angel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de delante hacia atrás,

20 interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros.

21 Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron,

22 y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla a derecha e izquierda.

....

      Los egipcios, en su furor persecutorio, penetraron incautamente por aquella senda no abierta para ellos. Cuando ya habían entrado todos, mandó Dios a Moisés que volviera a extender su mano sobre el mar. En aquel momento las aguas  separadas se juntaren, tragándose  todo el  ejército  del Faraón (*). No se salvó ni un solo hombre para llevar a Egipto la noticia de la terrible catástrofe. Así fue cómo salvó Dios a Israel de la tiranía egipcia; y su pueblo escogido vio en tales acontecimientos la acción poderosa de Yahveh, con lo cual se afianzó en el temor de Dios; y su confianza en El y en su Caudillo se hicieron, a lo menos por aquel momento, inquebrantables.

....

23 Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar.

26 El Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros».

27 Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar.

28 Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó.

29 Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.

30 Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar,

31 y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor.

....

 

(*) ¿Pereció el Faraón en este desastre? La Sagrada Escritura no lo afirma de forma terminante. Los egiptólogos lo dudan porque la momia de Amenofis III se ha encontrado en la tumba que él había labrado para sí cerca de Tebas y es improbable que fuera personalmente a perseguir a los israelitas. No obstante, tampoco es argumento definitivo, porque bien pudo ser arrojado a la playa por las olas, reconocido y sepultado. Respecto a a la historicidad del hecho, las inscripciones egipcias nada dicen de las diez plagas, de la huida de los hebreos ni de la destrucción del ejército, pero esto no es nada extraño, dado que nunca  consignan sus derrotas. Recordemos lo dicho respecto a la "verdad esencial" de la narración bíblica: Algo ciertamente extraordinario debió suceder, y si queremos acercarnos a esta verdad, debemos admitir la literalidad del texto.

Capítulo 15:

      Ya salvos en la orilla opuesta, compuso Moisés un canto de acción de gracias, que todo e]  pueblo entonó. Y que vamos a transcribir en extracto. Este episodio del paso del Mar Rojo tendrá repercusión a lo largo de toda la historia de Israel y será nombrado en muchas ocasiones, junto a la Pascua o Paso del Señor en el que Dios los sacó de Egipto.

 

1 Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor: «Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria: él hundió en el mar los caballos y los carros.

2 El Señor es mi fuerza y mi protección, él me salvó. El es mi Dios y yo lo glorifico, es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza.

3 El Señor es un guerrero, su nombre es «Señor».

4 El arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército, lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo.

5 El abismo los cubrió, cayeron como una piedra en lo profundo del mar

6 Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza, tu mano, Señor, aniquila al enemigo.

....

11 ¿Quién, como tú, es admirable entre los santos, terrible por tus hazañas, autor de maravillas?

12 Extendiste tu mano y los tragó la tierra.

13 Guías con tu fidelidad al pueblo que has rescatado y lo conduces con tu poder hacia tu santa morada.

....

17 Tú lo llevas y lo plantas en la montaña de tu herencia, en el lugar que preparaste para tu morada, en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos.

18 ¡El Señor reina eternamente!».

19 Cuando la caballería del Faraón, con sus carros y sus guerreros, entró en medio del mar, el Señor hizo que las aguas se volvieran contra ellos; los israelitas, en cambio, cruzaron el mar como si fuera tierra firme.

20 Entonces Miriam, la profetisa, que era hermana de Aarón, tomó en sus manos un tamboril, y todas las mujeres iban detrás de ella, con tamboriles y formando coros de baile.

21 Y Miriam repetía: «Canten al Señor, que se ha cubierto de gloria: él hundió en el mar los caballos y los carros».

 

      Tras el cántico, este capítulo 15 del Exodo relata la marcha de Israel, adentrándose en el desierto.

 

Las aguas de Mará

22 Moisés hizo partir a los israelitas del Mar Rojo. Ellos se dirigieron hacia el desierto de Sur, y después de caminar tres días por ese desierto sin encontrar agua,

23 llegaron a Mará, pero no pudieron beber el agua porque era amarga. De allí procede el nombre de Mará –que significa «Amarga»– dado a ese lugar.

24 Y el pueblo se puso a protestar contra Moisés, diciendo: «¿Qué vamos a beber ahora?».

25 Moisés invocó al Señor, y el Señor le indicó un árbol. Moisés arrojó un trozo de él en el agua, y esta se volvió dulce. Allí el Señor les impuso una legislación y un derecho, y allí los puso a prueba.

26 Luego les dijo: «Si escuchas realmente lo voz del Señor, tu Dios, y practicas lo que es recto a sus ojos, si prestas atención a sus mandamientos y observas todos sus preceptos, no te infligiré ninguna de las enfermedades que envié contra Egipto, porque yo, el Señor, soy el que te da la salud».

27 Después llegaron a Elim, un lugar donde había doce fuentes y setenta palmeras, y allí establecieron su campamento, a orilla de las aguas.

      Mara significa amargura. Esta Mara se identifica con una fuente arenosa cuya agua es aún hoy tan amarga, que los camellos la beben sólo cuando tienen mucha sed. Algunos comentaristas, que no pueden aceptar la intervención extraordinaria de Dios, buscan explicaciones puramente naturales en estos fenómenos que se describen en el libro del Exodo; en este caso buscan un "efecto" biológico en la depuración de las aguas del oasis. Esto ya lo hemos visto con ocasión de las plagas en Egipto.

 

 

 

Punto narrativo 6.

 

EXODO, Cap. 16 a 18

 

(Hacia el Sinaí. El maná. Brota agua de la roca)

 

Capítulo 16:

 

      La caravana avanza con lentitud hacia el sur de la península del Sinaí. Después de Mará llegaron a Elim, donde había 12 fuentes y 70 palmeras, y allí acamparon cerca de las aguas. Partieron de Elim, y toda la congregación de los hijos de Israel llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y el Sinaí, el día 15 del segundo mes después de la salida de Egipto.

 

1 Luego partieron de Elim, y el día quince del segundo mes después de su salida de Egipto, toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y el Sinaí.

2 En el desierto, los israelitas comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón.

3 «Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque vosotros nos habéis traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea».

....

 

      Todas las provisiones se habían consumido y los israelitas murmuraron contra Moisés. Dios fue benévolo, en esta ocasión, ante sus protestas, y condescendió con un fenómeno extraordinario para asegurar su pervivencia:

....

11 Y el Señor dijo a Moisés:

12 «Yo escuché las protestas de los israelitas. Por eso, háblales en estos términos: «A la hora del crepúsculo comeréis carne, y por la mañana os hartaréis de pan. Así sabréis que yo, el Señor, soy vuestro Dios».

13 Efectivamente, aquella misma tarde se levantó una bandada de codornices que cubrieron el campamento; y a la mañana siguiente había una capa de rocío alrededor de él.

14 Cuando esta se disipó, apareció sobre la superficie del desierto una cosa tenue y granulada, fina como la escarcha sobre la tierra.

15 Al verla, los israelitas se preguntaron unos a otros: ¿Qué es esto?». Porque no sabían lo que era. Entonces Moisés les explicó: «Este es el pan que el Señor os ha dado como alimento.

16 El señor les manda que cada uno recoja lo que necesita para comer, según la cantidad de miembros que tenga cada familia, a razón de unos cuatro litros por persona; y que cada uno junte para todos los que viven en su carpa».

17 Así lo hicieron los israelitas, y mientras unos juntaron mucho, otros juntaron poco.

18 Pero cuando lo midieron, ni los que habían recogido poco tenían menos. Cada uno tenía lo necesario para su sustento.

19 Además, Moisés les advirtió: «Que nadie reserve nada para el día siguiente».

20 Algunos no le hicieron caso y reservaron una parte; pero esta se llenó de gusanos y produjo un olor nauseabundo. Moisés se irritó contra ellos,

21 y a partir de entonces, lo recogían todas las mañanas, cada uno de acuerdo con sus necesidades; y cuando el sol empezaba a calentar, se derretía.

....

 

      Se ha escrito mucho sobre estos fenómenos que algunos consideran naturales; pero para los que vemos una acción de la Providencia en todos los hechos narrados, sobrenaturales o no, esta consideración carece de importancia. La verdad esencial, en este relato del Exodo, se centra en la continua acción de Dios sobre su pueblo escogido al que quiere instruir y purificar. Este pueblo que, con el paso de los siglos, será la cuna de Cristo nuestro Salvador.

 

      Para los que no quieren creer. Es decir, los que no es que no crean que el Maná fuera milagroso, sino que no quieren creer siquiera en esta posibilidad, se les ha buscado una explicación natural que, no obstante, sí puede resultar aceptable con ciertas reservas. Se trata de que crece allí el arbusto tamaris-mannífera, que rezuma una especie de goma melífera, cuyo aspecto recuerda el del maná. Tanto es así que los beduinos lo llaman maná celestial, por alusión al milagroso alimento que recibieron los hebreos. Pero este maná natural no puede identificarse por completo con el que describe el Exodo, como caído del cielo, por dos motivos fundamentales: En primer lugar sólo se produce en escasa cantidad en los meses de Junio y julio, en los años lluviosos y en segundo porque carece de elementos nitrogenados y no puede bastar como alimento. También se diferencia porque se conserva largo tiempo. Es decir, milagroso o no, hay que admitir una intervención extraordinaria de Dios.

 

      Respecto a las codornices, hay que advertir que el vuelo de estas aves es muy corto; se fatigan pronto, y en este estado se dejan cazar. Lo extraordinario del hecho está en que Dios las envió en el momento oportuno y en gran cantidad, habiéndolas anunciado de antemano.

 

      De todos modos, hay que tener en cuenta que durante los cuarenta años de peregrinación, los israelitas se consolidaron en cierto modo como una comunidad nómada y organizaron su propia intendencia. Esto se deduce de los pasajes en los que el Exodo hace mención de rebaños de animales que viajaban con ellos. Claro está que para ello se debieron detener de forma estable en lugares donde abundara el agua, y donde los animales pudieran ser alimentados (como veremos en el próximo capítulo) ¿Qué sentido tenía entonces el maná? Pues seguramente, además de manifestarse la Providencia de Dios sobre su pueblo, fue un socorro inmediato del Altísimo, precisamente cuando a las primeras semanas de su estancia en el desierto, más necesario fue este alimento. Dice la Biblia que Dios siguió enviando el maná celestial mientras duró su estancia en el Sinaí, y no hay ningún motivo para ponerlo en duda. Seguramente pudo ser un complemento de su propia alimentación, que la Providencia dispuso tal como hemos contempldo.

 

      En todo caso recordemos lo que venimos afirmando a lo largo de todos los capítulos: Para no errar, y a la vez llegar a una lectura contemplativa esencialmente veraz, hay que aceptar con humildad la narración literal.

 

22 Como la ración de alimento que recogieron el sexto día de la semana resultó ser el doble de la habitual –dos medidas de cuatro litros por persona– todos los jefes de la comunidad fueron a informar a Moisés.

23 El les dijo: «El Señor dice lo siguiente: Mañana es sábado, día de descanso consagrado al Señor. Cocinen al horno o hagan hervir la cantidad que ustedes quieran, y el resto guárdenlo para mañana».

24 Ellos lo guardaron para el día siguiente, como Moisés les había ordenado; pero esta vez no dio mal olor ni se llenó de gusanos.

25 Entonces Moisés les dijo: «Hoy tendrán esto para comer, porque este es un día de descanso en honor del Señor, y en el campo no encontrarán nada.

....

 

31 La casa de Israel llamó «maná» a ese alimento. Era blanco como la semilla de cilantro y tenía un gusto semejante al de las tortas amasadas con miel.

 

      La tradición del descanso sabático, cuyo origen se remonta a la propia narración del Génesis -el Creador descansó el séptimo día- se había debilitado indudablemente. Dios quiso habituar a su pueblo a observarlo antes de establecerlo como mandamiento formal. Pronto quedará inscrito en las tablas de la Ley.

 

      A continuación aparecen unos versículos que sorprenden: Moisés ordena, por encargo de Dios, que se guarde una cantidad de maná en el Arca del Testimonio (o de la Alianza). Se trata de una transposición cronológica, puesto que no existía aún el Arca. Esta inclusión del maná se realizó tras la construcción del Tabernáculo, y esto lo veremos en breve.

 

32 Después Moisés dijo: «El Señor ordena lo siguiente: Llenad de maná un recipiente de unos cuatro litros, y conservadlo para que vuestros descendientes vean el alimento que os di de comer cuando os hice salir de Egipto».

33 Y Moisés dijo a Aarón: «Toma un recipiente, coloca en él unos cuatro litros de maná y deposítalo delante del Señor, a fin de conservarlo para las generaciones futuras».

34 Aarón puso en el recipiente la cantidad de maná que el Señor había ordenado a Moisés, y lo depositó delante del Arca del Testimonio, a fin de que se conservara.

35 Los israelitas comieron el maná durante cuarenta años, hasta que llegaron a una región habitada. Así se alimentaron hasta su llegada a los límites de Canaán.

 

Capítulo 17:

      La península del Sinaí es una región montañosa, mayormente al Sur, donde se yergue un macizo de 2.602 metros de elevación. De este macizo derivan dos cordilleras que bordean ios golfos de Suez y de Akaba. Entre estas dos cordilleras se extiende una vasta meseta calcárea, inclinada hacia ei Mediterráneo: es el desierto de Farán, que en algunas de sus regiones recibe nombres distintos, como desierto del Sur, de Sin... En esta altiplanicie en su parte norte apenas se recoge lluvia; por eso, la vegetación es rarísima; es el auténtico desierto. En las cordilleras litorales del Este y del Oeste, abunda más el agua y el suelo produce hierba que pastan muchos rebaños. En el macizo granítico del Sur, abundan las nieves en invierno, y su deshielo mantiene exuberante vegetación tropical. Tal es el país en que vivieron los hebreos cuarenta años.

      Salieron los Israelitas del desierto de Sin, y, siguiendo las jornadas que Yavé les ordenaba, acamparon en Rafidim, donde no hallaron agua que beber. Entonces arremetieron de nuevo contra Moisés: "¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?" Dios salió en auxilio de Moisés, y condescendiente con los israelitas hizo un milagro por mano de Moisés, su Profeta, para que brotara agua de una roca.

....

5 El Señor respondió a Moisés: «Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve,

6 porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo». Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel.

7 Aquel lugar recibió el nombre de Masá –que significa «Provocación»– y de Meribá –que significa «Querella»– a causa de la acusación de los israelitas, y porque ellos provocaron al Señor, diciendo: «¿El Señor está realmente entre nosotros, o no?».

....

 

      Este capítulo 17 del Exodo, relata a continuación el primero de los muchos enfrentamientos armados que tuvieron los israelitas en su largo peregrinar hacia la tierra prometida. En esta ocasión son atacados por los amalecitas, un pueblo del que se tienen pocas referencias. Algunos comentaristas creen que se trataba de una gente de origen no semita, que no descendía de Abraham, pero no hay certeza de ello (*). Durante la batalla Moisés oraba con los brazos en alto, en tanto que Josué (que ejercía de caudillo, y más tarde sería su sucesor) dirigía a los israelitas en la lucha.

 

8 Después vinieron los amalecitas y atacaron a Israel en Refidim.

9 Moisés dijo a Josué: «Elige a algunos de nuestros hombres y ve mañana a combatir contra Amalec. Yo estaré de pie sobre la cima del monte, teniendo en mi mano el bastón de Dios».

10 Josué hizo lo que le había dicho Moisés, y fue a combatir contra los amalecitas. Entretanto, Moisés, Aarón y Jur habían subido a la cima del monte.

11 Y mientras Moisés tenía los brazos levantados, vencía Israel; pero cuando los dejaba caer, prevalecía Amalec.

12 Como Moisés tenía los brazos muy cansados, ellos tomaron una piedra y la pusieron donde él estaba. Moisés se sentó sobre la piedra, mientras Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así sus brazos se mantuvieron firmes hasta la puesta del sol.

13 De esa manera, Josué derrotó a Amalec y a sus tropas al filo de la espada.

....

 

(*) Según estos comentaristas, los amalecitas, lo mismo que los cainitas, no descendían de Noé, sino de antepasados a quienes no alcanzó el diluvio

 

Capítulo 18:

 

      Los israelitas han llegado cerca del monte Sinaí, donde Moisés había visto la zarza ardiente cuando le habló Dios. Cerca de allí moraba su suegro Jetró. Supo Jetró, sacerdote de Madián y suegro de Moisés, las maravillas obradas por Dios en favor de su yerno y de Israel, por lo que se apresuró a visitarle acompañado de Séfora, su hija, esposa de Moisés y los hijos de ésta, Gersón y Eliecer. Moisés salió al encuentro de su suegro y,, después de haberse prosternado, le besó. Le introdujo en su tienda y le refirió cuánto había hecho Yahvéh en favor de Israel, las contrariedades que en el camino había tenido, y cómo Yahvéh le habría librado de ellas.

 

....

9 Jetró manifestó su alegría por todo el bien que el Señor había dispensado a Israel, librándolo del poder de Egipto.

10 y exclamó: «Bendito sea el Señor que los libró de las manos de los egipcios y de las manos del Faraón.

11 Ahora sé que el Señor es más grande que todos los dioses, porque él salvó a su pueblo del poder de los egipcios, a causa de la arrogancia con que estos lo trataron».

12 Luego Jetró ofreció un holocausto y sacrificios a Dios, y Aarón y todos los ancianos de Israel fueron a participar de la comida con el suegro de Moisés, en la presencia de Dios.

....

      Jetró bendijo a Yavé, más grande que todos los dioses, y le ofreció un holocausto y sacrificios. Al día siguiente sentóse Moisés para juzgar al pueblo, y el pueblo estuvo delante de él desde la mañana hasta la tarde; viendo lo cual Jetró, le aconsejó que eligiera hombres íntegros, temerosos de Dios y exentos de avaricia, y los constituyese jueces; y que reservara para sí solamente las cuestiones de orden religioso. Moisés agradeció estos consejos y, despidiéndose afectuosamente, se volvieron cada uno a su ministerio.

....

24 Moisés siguió el consejo de su suegro y puso en práctica todo lo que él le había indicado.

25 Entre todos los israelitas, eligió a algunas personas capaces, y las puso como jefes del pueblo: jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez personas,

26 que administraban justicia al pueblo permanentemente. Ellos presentaban a Moisés los asuntos más difíciles, y juzgaban por sí mismos las cuestiones de menor importancia.

27 Luego Moisés despidió a su suegro, y este regresó a su país.

....

 

 

 

Punto narrativo 7.

 

EXODO, Cap. 19 y 20

 

(Llegan al Sinaí. La "Teofanía". Los diez Mandamientos)

 

Capítulo 19:

 

1 El primer día del tercer mes, después de su salida de Egipto, los israelitas llegaron al desierto del Sinaí.

2 Habían partido de Refidim, y cuando llegaron al desierto de el Sinaí, establecieron allí su campamento. Israel acampó frente a la montaña.

 

      El macizo montañoso del Sinaí contiene varias elevaciones, separadas por valles. Generalmente se cree que una de ellas, el pico denominado Jebel Musa (monte de Moisés) fue el escenario de esta manifestación de Dios que se describe en el libro del Exodo. En efecto, la tradición lo señala, especialmente porque al pie de este monte existe una gran planicie, que concuerda con la descripción del pueblo apostado, viendo las manifestaciones extraordinarias del pode de Dios. Por este motivo, existe en dicho lugar, desde el siglo VI de nuestra era, un monasterio bajo la advocación de Santa Catalina.

 

3 Moisés subió a encontrarse con Dios. El Señor lo llamó desde la montaña y le dijo: «Habla en estos términos a la casa de Jacob y anuncia este mensaje a los israelitas:

4 «habéis visto cómo traté a Egipto, y cómo os conduje sobre alas de águila y os traje hasta mí.

....

9 El Señor dijo a Moisés: «Yo vendré a encontrarme contigo en medio de una densa nube, para que el pueblo pueda escuchar cuando yo te hable. Así tendrá en ti una confianza a toda prueba». Y Moisés comunicó al Señor las palabras del pueblo.

10 Luego añadió: «Ve adónde está el pueblo y ordénales que se purifiquen hoy y mañana. Que laven su ropa

11 y estén preparados para pasado mañana. Porque al tercer día el Señor descenderá sobre la montaña del Sinaí, a la vista de todo el pueblo».

....

14 Moisés bajó de la montaña y ordenó al pueblo que se sometiera a las purificaciones rituales. Todos lavaron su ropa,

15 y luego les dijo: «Estén preparados para pasado mañana. Mientras tanto, absteneos de aproximaros a vuestras mujeres».

16 Al amanecer del tercer día, hubo truenos y relámpagos, una densa nube cubrió la montaña y se oyó un fuerte sonido de trompeta. Todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció de temor.

17 Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y todos se detuvieron al pie de la montaña.

18 La montaña del Sinaí estaba cubierta de humo, porque el Señor había bajado a ella en el fuego. El humo se elevaba como el de un horno, y toda la montaña temblaba violentamente.

19 El sonido de la trompeta se hacía cada vez más fuerte. Moisés hablaba, y el Señor le respondía con el fragor del trueno.

20 El Señor bajó a la montaña del Sinaí, a la cumbre de la montaña, y ordenó a Moisés que subiera a la cumbre. Moisés subió,

21 y el Señor le dijo: «Baja y ordena al pueblo que no traspase los límites para ver al Señor, porque muchos de ellos perderían la vida.

22 Incluso los sacerdotes que se acerquen al Señor deberán purificarse, para que el Señor no les quite la vida».

23 Moisés le respondió: «El pueblo no se atreverá a subir a la montaña del Sinaí, porque tú se lo prohibiste cuando mandaste poner un límite alrededor de la montaña declarada sagrada».

 

      Se llama Teofanía toda esta manifestación del poder de Dios  en lo alto de la montaña, como vemos se describe como un fenómeno extraordinario en el que el fuego, el humo y los temblores de tierra incitan a pensar en la apariencia de los volcanes. No es este el caso del Jebel Musa que no consta geológicamente que haya sido tal. Es preciso creer efectivamente en una manifestación real y visible del poder de Dios. No podemos saber con precisión cuanto tiempo doraron estas manifestaciones, aunque el relato da a entender que fue muy prolongado, el hecho es que a los israelitas les infundió el temor reverencial que Dios quiso que sintieran.

 

Capítulo 20:

 

      Moisés ha subido al monte, y se pone ante el Señor, que le envuelve en la nube, entre tremendas manifestaciones como de tormenta y fuego, y recibe los Diez Mandamientos:

 

1 Entonces Dios pronunció estas palabras:

2 Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar en esclavitud.

3 No tendrás otros dioses delante de mí.

4 No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas.

5 No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto, porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen;

6 y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos.

7 No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano.

8 Acuérdate del día sábado para santificarlo.

9 Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas;

10 pero el séptimo es día de descanso en honor del Señor, tu Dios. En él no harán ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que reside en tus ciudades.

11 Porque en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, pero el séptimo día descansó. Por eso el Señor bendijo el día sábado y lo declaró santo.

12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da.

13 No matarás.

14 No cometerás adulterio.

15 No robarás.

16 No darás falso testimonio contra tu prójimo.

17 No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni ninguna otra cosa que le pertenezca.

 

      El pueblo, sobrecogido de temor, acepta la mediación de Moisés. El propio Moisés se lo explica así: "... No temáis, porque Dios ha venido a poneros a prueba para infundiros su temor. Así vosotros no pecaréis ...". Es digno de ser tenido en cuenta, cómo el santo temor de Dios es útil al hombre para evitar el pecado. Aún hoy, que tras la Redención el amor de Cristo ha sido infundido en su cuerpo místico, la Iglesia y sus miembros fieles, este santo temor debe ser conservado con reverencia, como último recurso para la salvación del alma.

 

18 Al percibir los truenos, los relámpagos y el sonido de la trompeta, y al ver la montaña humeante, todo el pueblo se estremeció de temor y se mantuvo alejado.

19 Entonces dijeron a Moisés: «Háblanos tú y oiremos, pero que no nos hable Dios, porque moriremos».

20 Moisés respondió al pueblo: «No temáis, porque Dios ha venido a poneros a prueba para infundiros su temor. Así vosotros no pecaréis».

21 Y mientras el pueblo se mantenía a distancia, Moisés se acercó a la nube oscura donde estaba Dios.

 

      Moisés se quedó en el monte, oyendo a Dios, y recibiendo la Ley. Este hecho duró, a decir del libro del Exodo, cuarenta días, y esto ocasionó, como veremos, la impaciencia y la infidelidad de Israel. A partir de este, los capítulos siguientes nos irán completando propiamente la Ley, y nosotros los iremos transcribiendo en forma sinóptica para no ser exhaustivos.

 

      Es notable la perfección que esta Ley representó, con respecto a los códigos de la época; ya iremos incidiendo el ello. Lo que conviene apuntar es el hecho de que, dentro de un cierto desorden narrativo (no es un relato sistemático de un código de leyes) hay un orden de prioridades, que se aprecia también en el Decálogo. Primero los deberes para con Dios, y luego los deberes de los hombres para sus hermanos. El Decálogo resume la Ley, pero luego su desarrollo completo vendrá en los siguientes capítulos del Exodo y proseguirá para completarse en el Levítico. Dios siguió inspirando a Moisés a lo largo de todo el tiempo, incluso después del Sinaí.

 

 

VOLVER

 

 

*  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *

 

Regla general para leer las Sagradas Escrituras:

 

      Ya hemos manifestado, en el texto introductorio, nuestra sujeción fiel al Magisterio de la Iglesia: "... Los católicos vemos al papa como sucesor del Pedro del evangelio, al que Cristo otorga poder de enseñar y perdonar los pecados ..." Por esto vamos a completar esta afirmación con las "reglas para sentir con la Iglesia" de San Ignacio de Loyola, que en el punto 365 del libro de los Ejercicios, escribe lo siguiente:

 

      "... Debemos siempre tener, para en todo acertar, que lo blanco que yo veo, creer que es negro, si la Iglesia hierárquica assí lo determina ..."

*  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *  *