Nazaret
Nazaret, la población en la que transcurrió la mayor parte de la infancia de Jesús, era en el tiempo evangélico, una aldea muy pequeña. Nada tenía que ver, claro está, con esta gran urbe que conocemos hoy, repleta de hoteles y con el movimiento comercial propio de los lugares muy visitados. Se cree que vivirían allí tan sólo unas doce o quince familias, lo que permite hacerse una composición de lugar sobre la sencillez del entorno que rodeó a la Sagrada Familia.
Los peregrinos que visitan Nazaret veneran allí el lugar donde se supone estuvo la casa en la que María recibió la Anunciación, pero esta casa debió ser la de sus padres san Joaquín y santa Ana, ya que ella, desposada con san José por acuerdo familiar (como era costumbre), aún no había contraído nupcias. Después de la celebración de las Bodas, "san José la recibió en su casa" (Mt 1, 24), y esta casa de san José se venera en un lugar cercano, a no más de 50 ó 100 metros de la Anunciación.
En ambos lugares, ha sido posible su localización por los restos arqueológicos del culto de los primeros cristianos.
De la casa de Nazaret, donde vivía María cuando la anunciación del Angel, se venera la cueva o parte subterránea, muy habitual en las casas rurales del lugar. Sobre esta cueva se ha edificado recientemente un gran templo, de construcción moderna. La cueva queda situada en la cripta como se ve en la imagen.
Cripta de la Basílica Nazaret: La Basílica Nazaret en 1839
Respecto de la parte edificada, ésta se venera en Loreto. En efecto, dice una arraigada tradición, que la casa de Nazaret (la de la Anunciación) fue transportada desde Galilea a la población de Loreto, en Italia, por una acción milagrosa realizada por ángeles, que en 1291 efectuaron la traslación bajo la atenta mirada de la Virgen María. La autenticidad del hecho es discutida por algunos, porque piensan que Dios no hace milagros inútiles, es decir, aceptan que los milagros son posibles, pero necesitan que se vea claramente por qué nuestro Señor realiza tal acción. Respecto a esto hay que decir que, aunque es cierto que Dios no "suele" hacer milagros innecesarios, la realidad es que no somos nosotros quienes hemos de juzgar su oportunidad.
Esquema de la santa casa Interior en Loreto La traslación
De todas formas, para los reticentes, existe una versión menos extraordinaria del hecho, según la cual, las piedras habrían sido transportadas en naves, por los cruzados, al abandonar definitivamente Tierra Santa. Tal es la acción evocada por una Xilografía del siglo XVI que adjuntamos: Obsérvese la imagen de la Virgen con el Niño, contemplando el viaje desde una nube. Hoy se sabe que tales piedras son muy probablemente de Nazaret, y de la época, por lo que su autenticidad es perfectamente creíble.
Además de estas grutas correspondientes a la anunciación y al taller de san José, exista también un lugar visitado por los peregrinos, denominado "fuente de la Virgen". Se trata de un manantial que alimenta una fuente pública, que sin duda constituyó el suministro doméstico de Nazaret. La construcción de la fuente propiamente dicha es relativamente moderna, y por esto el agua mana de unos brocales bastante hondos bajo el nivel de la calle, pero podemos imaginar a la Virgen María yendo "a por agua" a este manantial. La imagen nos muestra una recreación de la escena, aunque el dibujo muestra la construcción actual. Esta construcción, como decimos, no existía en tiempo de Cristo.
Hay que hacer mención de un pasaje de uno de los Apócrifos de la infancia de Jesús (el "evangelio de pseudo-Mateo"), que sitúa la Anunciación junto a una fuente, es decir, en un lugar público. Este pasaje, como en general todos estos evangelios no canónicos, son de escasa credibilidad aunque no propiamente réprobos (hay otros de origen "gnóstico", que sí lo son); de hecho hay algunas tradiciones populares basadas en estos textos. Es por esta tradición no canónica por la que hay veneración por esta fuente. Nosotros podemos igualmente contemplar el lugar al que debió acudir frecuentemente la Sagrada Familia.
Otro lugar, citado en el evangelio de san Lucas, es el llamado monte de la precipitación. Jesús volvió a Nazaret después de la Pascua del primer año, y tras leer en la sinagoga el capítulo 61 de Isaías y demostrar que Él era el depositario de la profecía, intentan despeñarlo desde un monte que bordea el sur de la villa. Es una elevación a la que se asciende suavemente desde Nazaret, pero que se desploma sobre el valle que desciende en dirección al Tabor y al Lago Genesaret.
"... Se levantaron y lo expulsaron de la ciudad y lo llevaron hasta la cima del monte sobre la cual estaba edificada su ciudad, con intención de despeñarlo. Mas El, pasando por entre ellos, se marchó ..." (Lc 4, 29 - 30)