TIERRA SANTA
2.- El Jordán y el Mar Muerto
Palestina es, en general, bastante pobre en recursos hidráulicos y tiene zonas desérticas, especialmente hacia el sur, en Judea. Sorprende al peregrino que aquella sea la tierra de promisión, que mana leche y miel. Sin embargo, Galilea es, en especial, bastante fértil y en sus montañas hay una vegetación, no especialmente tupida, pero realmente distinta del resto del país. Todo esto se debe, sobre todo, al río Jordán y al lago de Genesaret que hace de embalse natural.
El Jordán nace en el monte Hermón, de nevadas cumbres, en la actual frontera sirio-libanesa, y que tras atravesar el pequeño lago el Hule (actualmente seco), desciende hasta 210 m. bajo el nivel del mar, embalsando en el lago Genesaret. Allí se encuentra la zona más fértil de Palestina, la antigua región de los Filisteos, y que habrá de ser el escenario de la mayor parte de la predicación de Jesús. San José y la Sagrada Familia vivían algo alejados de esta región, pero probablemente tendrían parientes en ella.
Después descenderá hasta más de 400 m. bajo el nivel del Mediterráneo, en el mar Muerto. Este gran lago, sin desagüe, es un fenómeno único en el mundo, al menos con esta magnitud. Este embalse se produce porque en algún momento de la prehistoria, un cataclismo de origen geológico produjo la tremenda depresión, impidiendo que el Jordán llegara al mar desaguando por el golfo de Aqaba. Durante muchos milenios, el nivel del mar se ha mantenido por un raro equilibrio entre el agua que fluye del Jordán y la evaporación; en tanto que la salinidad del agua aumenta hasta la saturación. Por esto es un mar "muerto".
En la actualidad, debido al mayor consumo de agua de la vida moderna (y pese a una gran racionalización de los consumos agrícolas), el Mar Muerto tiende a bajar de nivel, al tiempo que se acumulan los residuos salinos en las orillas. Pero no sólo por esto este mar está muerto. Es llamado también "mar de asfalto", y son conocidos los barros bituminosos de sus playas. Al sur, existen yacimientos de alquitrán que son los causantes de estos lodos negros y en parte, también, del reflejo negruzco de las aguas. Este hundimiento del sur, se relaciona hoy, con un segundo cataclismo, más reciente, que aumentó la depresión en esta zona. Esto, y la localización posible de las ruinas de Sodoma, dentro de esta hundimiento, da una idea muy verosímil de lo que debió ocurrir. Recordemos que el Génesis habla de fuego y en este cataclismo volcánico, el alquitrán que aflora a la superficie debió ocasionar, sin duda, enormes incendios.
Esquema de la orografía
del valle del Jordán y el Mar Muerto
El escritor, de origen judío, Franz Werfel, en su novela histórica Escuchad la Voz sobre la vida del profeta Jeremías, describe poéticamente el aspecto de este mar, con este significativo texto:
"... el indefinible elemento de que se compone el Mar Muerto, llegaba pesadamente hasta allí, donde los rayos de un nuevo y joven sol pascual, envuelto en un atavío de vaporosas brumas, ofrecían una cambiante e iridiscente lucha polícroma .... las montañas que encierran como presa al Lago de Asfalto, al este y oeste, le daban reposo. Pero, ¿eran en realidad montañas, o nubes petrificadas? ¿No se trataría más bien del cristalizado vapor de los hirvientes arroyos que se vertían en la cuenca de Sodoma y Gomorra? ..."
3.- Judea, el desierto, Jericó
En la orilla del Jordán, cerca de su desembocadura en el Mar Muerto, se encuentra la ciudad de Jericó, muy nombrada en los evangelios, y lugar de paso para los grupos de peregrinos que iban a Jerusalén procedentes de Galilea. En esta zona se encuentra el vado que utilizaban para cruzar el Jordán, lugar en el que san Juan Bautista bautizaba. La Sagrada Familia debió utilizar esta ruta cuando, por Pascua, iban a Jerusalén. En la narración será comentada esta circunstancia.
Vista de Jericó desde el Monte de las Tentaciones
Jericó es un oasis dentro del desierto de Judea. Llama la atención el verdor de la ciudad y sus alrededores, en contraste con lo desértico del paisaje que bordea el Mar Muerto. Este desierto, que se extiende especialmente hacia el sur, llega hasta las poblaciones cercanas a Jerusalén ascendiendo entre ondulaciones y quebradas para salvar los casi mil metros de desnivel.